AYUDA DE MEMORIA

Ángeles y demonios

PRIMER TIEMPO: El querubín gastalón. En medio de la rebatinga parlamentaria dentro del PRI, un gobernador azul se salió con la suya: Rafael Moreno Valle, que sacó sus encantos y la chequera para proyectar su imagen a propósito de su primer informe de gobierno en Puebla, con cañonazos de cientos de miles de pesos en medios del Distrito Federal, que escondió su manipulación de las listas a puestos de elección popular, de todos los partidos. Moreno Valle salió más astuto que bonito. Sedujo al líder del PRI en el estado y le puso un freno a su antecesor, Mario Marín, al impedir que quien fuera su delfín Javier López Zavala llegara a la primera posición en la lista para el Senado. Ahí quedó la ex alcalde de Puebla, Blanca Alcalá, que debió haber sido realmente la que le disputara a Moreno Valle la gubernatura, pero fue desplazada por Marín. Contribuyó, al caerse la coalición con Nueva Alianza –el actual gobernador del PAN es uno de los grandes proyectos de la maestra Elba Esther Gordillo para 2018-, que entrara en las listas Fernando Morales, hijo del ex gobernador priísta Melquíades Morales, a quien Marín responsabiliza de los escándalos de su protección a presuntos pedófilos que le marcaron la frente para siempre. Moreno Valle controla al dirigente de Nueva Alianza en el estado, pero también al del Movimiento Ciudadano, que está entregado a Andrés Manuel López Obrador, al que llegó por la vía de Luis Maldonado, que fue dirigente de ese partido cuando se llamaba Convergencia, y que previamente había colaborado con Esteban Moctezuma, cuando era funcionario en el gobierno de Ernesto Zedillo, uno de los cuatro amores platónicos de Gordillo. Dentro del PAN coqueteó con josefina Vázquez Mota y con Ernesto Cordero, para sacar a sus candidatos al Congreso y al Senado. Moreno Valle quiere garantizar que el Congreso local poblano esté bajo su control, y que su bancada en San Lázaro sea multicolor. Este joven pinta bien para la tenebra, aunque le faltan unos cuatro años más para ver si su trabajo de hoy le da el aire para llegar a una candidatura presidencial en seis años, sin que el huracán termine envolviéndolo.

SEGUNDO TIEMPO: Cómo de que no hay feudos. Ayotzinapa todavía no revela su dimensión real ni permite saber en este momento hasta dónde impactará al gobernador de Guerrero Ángel Eladio Aguirre, cuyos policías ministeriales mataron a dos estudiantes normalistas en diciembre. Sí se sabe, y lo ha dejado trascender el propio gobernador, que un viejo antecesor suyo, Rubén Figueroa, tuvo las manos metidas en ese episodio para cobrar la vieja factura de Aguas Blancas, cuando el ex gobernador fue destituido por una matanza de campesinos y Aguirre, que entró como interino, no se prestó a ser su pelele. Desde entonces, la venganza tomó cuerpo. Ayotzinapa fue el penúltimo ejercicio de fuerza para demostrar que Figueroa es uno de los poderes reales en el estado. El último fue esta semana cuando colocó a un incondicional de él, René Juárez, también ex gobernador, en el primer sitio de la lista para el Senado. Los grupos locales –que es un eufemismo de cacicazgos- en Guerrero se quedaron con las posiciones parlamentarias en toda esta red de lealtades, amistades y complicidades que se han visto en los últimos días en la definición de las candidaturas a puestos de elección popular que en la superficie no muestran todas sus ramificaciones. Aguirre, amigo del pre candidato presidencial del PRI, Enrique Peña Nieto y apoyado totalmente por el jefe de gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard, derrotó en la elección a Manuel Añorve, apalancado por Manlio Fabio Beltrones y por Figueroa y Juárez, quien fue uno de los apoyos financieros del empresario Carlos Ahumada, cuando este fondeaba las campañas políticas del PRD, partido al cual pertenece hoy Aguirre. Guerrero es un microcosmos de la política mexicana, desdibujada, llena de rencores y deslealtades, que sólo se entiende como un laberinto surrealista donde la máxima debe ser que lo que se ve no es, y lo que no se ve, es violento y pletórico de traiciones.

TERCER TIEMPO: Un dedazo con metodología demoscópica. ¿Cómo se hace estallar un conflicto en el PRI? Miguel Ángel Osorio Chong, secretario de Organización, tiene la receta. La aplicó en la búsqueda del candidato a gobernador en Morelos, donde recurrió a la encuesta para definir quién era el mejor posicionado, pero con dados cargados para que saliera a quien deseaba. Para eso, borró de la medición a Jorge Morales Barud, el más popular de los priístas en el estado, e hizo a un lado al ex alcalde de Cuernavaca, Manuel Martínez Garrigós –a quien ayudó el ex gobernador de Oaxaca, Ulises Ruiz, para ganar la presidencia municipal- que le restregó sus encuestas que lo colocaban como puntero. Inconmovible, Osorio Chong mató al primero por exclusión y al segundo lo ignoró, mientras ungió a Amado Orihuela, el presidente del PRI estatal que por alguna razón huele a gas. Con tanta manipulación en el proceso, hubo inconformes. No Morales Barud, que tiene más fogueo, sino Martínez Garrigós, que se declaró en rebeldía cívico-política, y que como respuesta los porros orihuelistas apalearon a sus seguidores, en una gresca en Morelos cortesía de Osorio Chong, antecedente de una contienda donde con lo mal que pinta el PAN y los conflictos del PRI, igual hasta el PRD y Graco Ramírez, aspirante sempiterno a la gubernatura, logran finalmente su cometido.
rrivapalacio@ejecentral.com
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