“ME BASTA MIRARTE PARA SABER QUE CON VOS ME VOY A EMPAPAR EL ALMA”

Cortazar, el cronopio que se fue

Inquieto y curioso, uno de los escritores más queridos de la literatura latinoamericana pervive a 32 años de su deceso

Actualizada 12/02/2016 a las 12:44    
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“Nací en Bruselas en agosto de 1914. Signo astrológico: Virgo, por consiguiente, asténico con tendencias intelectuales. Mi planeta es Mercurio y mi color el gris (aunque en realidad me gusta el verde). Mi nacimiento fue un producto del turismo y la diplomacia”. Así se autodescribió Julio Cortázar en una carta enviada desde París en 1963: gozoso, morboso, emocionante, prohibido.
Recordar al argentino que se hizo querer de todos, autor de “Historias de Cronopios y de Famas”, a exactamente 32 años de su muerte, que se cumple hoy y se expresan en cientos de homenajes por el mundo, es ver dibujado en la sombra su rostro melancólico y barbado.
Julio Cortázar “tenía los ojos muy separados, como los de un novillo, y tan oblicuos y diáfanos que habrían podido ser los del diablo si no hubieran estado sometidos al dominio del corazón”, supo decir el Nobel colombiano Gabriel García Márquez.
Se refería así al que podríamos considerar sin exagerar el último autor querido por la gente, en un mundo donde no son reconocibles los escritores, donde como bien diría años más tarde el mexicano Juan Villoro, “para fama, la de Lady Gaga, la de Shakira”.
Los ojos en el sur
No obstante, Cortázar, los libros de Cortázar y el propio Julio con su afición al boxeo, al jazz y con su firme adhesión a las causas latinoamericanistas, constituyen aún en nuestros días un GPS existencial para millares de lectores virginales, de pronto bendecidos por la luz que emana de un universo muy cerrado e identificable y por lo mismo abierto al infinito, al precipicio de la palabra.
Es verdad que el lector cortazariano evoluciona conforme va cumpliendo años hacia un territorio donde se valoran mucho más sus cuentos magistrales (“Casa Tomada”, “Continuidad de los Parques”, “Axolotl” y tantos otros) que sus novelas, incluida “Rayuela”.
Pero no es menos cierto que son sus novelas, sobre todo Rayuela, responden todavía con eficacia al deseo legítimo de cualquier adolescente de encontrar una brújula que en la literatura le permita construir su imaginario ontológico y hasta su moral incipiente, su propio sentido de la vida.
El mundo tricolor
Este autor universal es muy querido en México, donde a principios en 1993 se instituyó la Cátedra Cortázar impulsada por la Universidad de Guadalajara y con dinero de sus amigos Carlos Fuentes y Gabriel García Márquez.
Puso en los libros el horror de las vidas cotidianas, la frescura de los hablantes sudamericanos y, sobre todo, le quitó solemnidad a una literatura que compensaba con ligereza lingüística el enorme peso de historias demoledoras.
No tuvo hijos, pero tuvo gatos. Tuvo una hermana biológica y muchos hermanos de la vida, como el líder guerrillero argentino Ernesto “Che” Guevara, al que le dedicó el conocido poema “Yo tuve un hermano”, donde supo decir aquello tan entrañable de “no nos vimos nunca, pero no importaba”.
No ganó el Premio Nobel, pero se hizo de la inmortalidad y es dueño de esa emoción casi íntima que muchos lectores del mundo compartirán cuando recuerden que hoy, Julio, el querido Julio, cumpliría su primer centenario.
Estaba acompañado por Aurora Bernárdez cuando su vida se apagó a los 69 años. Fue enterrado junto a Carol Dunlop en el cementerio de Montparnasse. Hoy, todos los caminos conducen a Cortázar y en algún patio infantil un niño jugará rayuela para recordarlo y con ello hacernos recordar por qué queremos tanto, tanto a Julio.

1951
Su primer intento como cuentista, y el primero en llevar su nombre, “Bestiario” está integrado por una totalidad de ocho relatos, donde Julio Cortázar habla de hechos cotidianos que se vuelven pesadillas y que cambian la percepción del mundo bajo el horror, el misterio y la convulsión oníria.

1962

“Historias de Cronopios y de Famas”, es considerada una obra surrealista que destaca principalmente por el hecho de que ha sido escrita completamente en fragmentos y cuentos cortos oníricos, los cuales despiertan la imaginación del lector. Le valió a Cortázar el mote de “El Gran Cronopio”.

1963
La contranovela, como se le conoce, relata a través de un monólogo interior la historia del traductor argentino exiliado Horacio Oliveira y su tormentosa relación con La Maga, todas las vicisitudes de la pareja y la lucha con sí mismo. Es considerada la obra máxima del autor.
 

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