Autorretrato de un genio

REDACCIÓN Actualizada 18/03/2016 a las 12:43    
.  Foto: Especial

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El artista español Santiago Carbonell (1960) es un trotamundos. Ha vivido en su país, Ecuador y Estados Unidos.
De padre catalán y madre ecuatoriana, Santiago atravesó el Mar Atlántico rumbo a España a la tierna edad de un año y medio “en un barco cargado de plátanos y café”.
Como “hijo de mi abuelo zapatero y de una cajita de acuarelas” es como se autodefine el artista nacido en 1960 al advertir que se imagina “haber surgido de un giro misterioso, como de un extraño amorío”.
Su primer dibujo lo hizo los 8 años de edad, el primer día de vuelta de la escuela, después de las vacaciones de Navidad, pasados los Reyes Magos. Esto es, el 7 de enero de 1968: un toro negro de grandes testículos. Fue censurado por su maestra de primaria.
Demasiado distraído y curioso como para perder el tiempo aprendiendo las tablas de multiplicar, el pintor solo llegó hasta la del cinco: “mi número de la suerte”, cuenta Carbonell, quien encontró en la lectura una de sus grandes pasiones.
En realidad siempre quiso ser rotulista para darle orgullo a su padre. Imaginaba que, cuando su progenitor pasera por la calle y leyera “a cien metros de distancia ‘Bar Manolo, comidas y tapas’”, exclamaría por lo bajo “eso… lo dibujó mi hijo”.
Copiaba regularmente portadas de discos, principalmente los de bandas rock progresivo de la época, como Yes o King Crimson eran mis favoritos.
Su primer cuadro se vendió a la edad de 17 años en 20 dólares. Al respecto, cuenta a sus alumnos que “la forma fácil de llevar una vida miserable, atormentada, pero divertida, es elegir como profesión la de artista, y la peor y mejor de todas, la de poeta”.
La obra de Carbonell ha sido exhibida en Quito, Buenos Aires, Bruselas, Nueva York, Houston, no obstante, prefiere residir en México a partir de 1986, ya que el país “tiene forma de anzuelo y me prendí en él”.
Dice que siempre tener lista una maleta con equipaje ligero y un pasaporte europeo “que no me dice nada”.
Los mapas figuran entre sus objetos predilectos, “sobre todo aquellos en los que se ven mares, ríos, montañas y los perfiles ardorosos de las costas. Aborrezco los mapas de colorcitos”. REDACCIÓN

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