concierto en el que abordó sus más grandes éxitos

Seduce a queretanos

El brasileño romántico por excelencia arrancó gritos y suspiros en el Auditorio Josefa Ortiz de Domínguez; una suntuosa orquesta lució espléndida en la noche del martes

28/08/2014 a las 06:00    
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.  MARTHA FLORES

. MARTHA FLORES


La misma calidad humana de siempre y el talento artístico transparente y todavía exuberante, de un Roberto Carlos que alcanza ya los 73 años, se dejó sentir con un repertorio que comprendió y enlistó un clásico tras otro; su protagonista, sonrisa en boca, agradeció suspirando y entonando cada tema saturado de inspiración.
Una suntuoso orquesta, que aunque tardó un poco en corregir una inducción en el audio, lució esplendida, apuntalando la presencia, actitud, talento y voz de uno de los grandes de la música popular por excelencia; la voz de Roberto Carlos, apacible y elocuente, nacía de sus cuerdas vocales ligera y pulcra, aunque suave y sin mucho ímpetu, lo que no evitó que lo impregnara todo de un buqué brasileiro, aletargado, casi soñoliento, extrasensorial para más señas, totalmente óptimo para las confidencias emocionales y las descargas anónimas de endorfinas que manaban de un cantante de inmaculado blanco, que sólo se permitió una camisa azul claro en su atuendo.
Despilfarre de sensibilidad y elocuencia, al que se sumaron en todo momento, sexteto de metales, percusiones, batería, tres guitarras -incluyendo bajo-, teclados, tres coros y piano, con su respectivo director; durante la presentación se lograron alcanzar, comandados por Roberto Carlos, cúspides de romanticismo remarcables, como cuando “Detalles”, o la clásica “Cama y mesa”. Los seguidores queretanos no perdieron tiempo para involucrarse y participar cantando todas y cada una de las piezas mágicas del brasileño.
Ocasionalmente y ante la emoción, desde la grada se podían escuchar sendos y sonoros gritos por parte del público, mismos que iban desde el reconocimiento al artista, hasta las declaraciones de amor o las propuestas indecorosas; a lo que Roberto Carlos asentía con una sonrisa noble y proseguía con su show, el cual por cierto, albergó un sofisticado juego de luces, que repartidas en lo alto del escenario y en cuatro rieles, y distribuidas a lo largo del escenario, hacían lucir aún más íntimo el espectáculo del brasileño.
Contundente el concierto de un hombre, que se debe a sus canciones y a su manera tan poética y envolvente de interpretarlas, durante un par de horas, la sencillez y el enormemente peculiar talento de Roberto Carlos, llevaron a los presentes a una reconfortante cita con los recuerdos; la cual perdurará sin dudas en las mentes y los corazones de los que acudieron a ella. Difícil saber si la leyenda de Brasil vuelva a encaramarse en otra gira por el continente, lo que hizo doblemente valiosa e irrepetible su presentación en Querétaro.

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