Muere el sonero Luis Ángel Silva

"Melón", como era conocido, hizo un balance de su vida y aseguró que siempre había hecho lo que había querido

AGENCIAS Actualizada 09/02/2016 a las 20:15    
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Tras más de seis décadas de trayectoria, el sonero mexicano Luis Ángel Silva, más conocido como “Melón”, murió hoy a los 85 años. Las primeras informaciones señalan que de un paro cardiaco.

Al lado de Carlos Daniel Navarro fundó Lobo y Melón, a finales de los años 50, época en la que impusieron su particular estilo que fusionó con gran éxito el bebop del jazz con el son cubano.

A lo largo de su trayectoria alternó con músicos de gran renombre que, alguna vez reconoció, eran sus ídolos. En esa lista figuraban lo mismo Tito Puente, que Machito, Mongo, Johnny Pacheco, El Gran Combo o La Sonora Ponceña.

Genio y figura, Luis Ángel Silva nació en la Ciudad de México, en el barrio de Santa María la Ribera y desde joven mostró su gusto por la música cubana de los años 40.

Hace unos años, en el marco de un homenaje que le ofreció el Instituto de Cultura de Morelos, Melón hizo un balance de su vida y aseguró que siempre había hecho lo que había querido, y que a esas alturas se sentía satisfecho e incluso orgulloso de lo que había cosechado en su larga siembra musical.

“Llega en un momento en el que tengo sentimientos encontrados porque a veces siento que ya me olvidaron. Así que este homenaje resulta muy refrescante”, comentó en aquella ocasión en declaraciones a la ahora Secretaría de Cultura federal.

Recordó entonces que tenía cinco años cuando fue impactado por el son cubano, su admiración por Daniel Santos, de quien años después se convertiría en amigo, y la influencia que en él ejercieron otros músicos como Benny Moré o Miguel Valdés.

Su primer grupo, el trío Guerra de la Oreja, con los hermanos Bonilla; y en poco tiempos la fama al lado de Lobo (Carlos Daniel Navarro). Allí surgieron memorables temas como “Amalia Batista”, “Niebla del riachuelo” y “Cosas del alma”.

Sobre su encumbramiento, consideró en aquella charla que no cualquiera podía despuntar en el género, que se necesitaban dos cosas: amor por esa música y aprender mucho del son cubano, dos cosas que en él no se ponían en duda.

El mexicano, añade el texto, se volvió solista en 1971 cuando su grupo se disolvió. Una vez radicando en el vecino país del norte, estuvo 26 semanas consecutivas en primer lugar en el “hit parade” de Nueva York, y alcanzó el tercer lugar en todo el año en ventas dentro de la salsa y el sexto en popularidad entre toda la música popular de Estados Unidos en 1978.

Su talento le valió ser distinguido en diversas ocasiones, por ejemplo, en 1994, se le rindió tributo en Santiago de Cuba; en 1999 el Palacio de Bellas Artes le abrió sus puertas para festejar sus 50 años de sonero y en 2007 TV UNAM realizó un documental sobre su vida.

Para él, el mayor logro era seguir cantando y que la gente se lo permitiera, pero la muerte ya no lo dejó.

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