Inocencio Reyes Ruiz

Competencia desleal

Kafkarna Actualizada 26/08/2014 a las 07:37    
Inocencio Reyes Ruiz

Inocencio Reyes Ruiz




La propia existencia ya basta como expiación.
Imre Kertész


Borges decía de Santayana: “Santayana cree que no hay Dios y que la Virgen es la madre de Dios”.
Algo por el estilo ocurría con un personaje del barrio de Santa Rosa de Viterbo. Era el panadero: creía en la Virgen de San Juan de los Lagos pero no confiaba mucho en Jesucristo.
En el barrio todos éramos católicos y algunos pocos, los menos, eran verdaderos cristianos. El panadero del barrio no era católico ni cristiano, si por cristiano designamos a quien sigue las enseñanzas de Jesucristo. Era descreído y albergaba muchas dudas sobre los Evangelios, pues su oficio se veía afectado por los milagros del Mesías, a los que juzgaba como competencia desleal, para él y para otros, pues hacía mancuerna con el cantinero que también era víctima de las injusticias económicas de los milagros.
No recuerdo el nombre del panadero. Digamos que se llamaba don Remigio. Mi maestro de literatura recuerda: Don Remigio hacía pan/pan de dulce, pan de sal/rosquitas para los niños/que lo veían hacer pan.
Recordé al panadero del barrio releyendo el cuento “Los cinco panes” del escritor checo Karel Capek, que inventó el vocablo “robot” en la novela R. U. R., de donde se han derivado la robótica que hoy se estudia en las universidades y la robotización humana triscada a medio camino entre los celulares y la celulitis.
Don Remigio empezaba a trabajar en su panadería cuando la gente roncaba. Antes de las seis de la mañana abría las puertas del paraíso: bolillo crujiente, semas, conchas, rosquillas de canela, ombligos, volcanes, campechanas y otras muchas delicias que aún llevo en la memoria del gusto.
El panadero descreyó de Jesucristo desde que se enteró del milagro de la multiplicación de los panes. Y bien pudo suscribir las palabras del personaje de Karel Capek:
“Lo que yo digo: puede curar y resucitar a los muertos si le parece, pero aquello de los cinco panes, no debió hacerlo. No. Como panadero, le digo a usted que fue una gran injusticia con respecto a nuestro gremio (…) La harina no le cuesta nada, no tiene que acarrear leña de Dios sabe dónde, ningunos gastos, ningún trabajo (…) Le digo a usted que esto es una competencia turbia, y debía impedirse de alguna manera. Si quiere hacer de panadero ¡que pague impuestos como nosotros!”.





“Usted me conoce, vecino, soy un hombre comedido y no busco pelea con nadie, pero si Él viene a Jerusalén, seré el primero en salir a la calle y gritar ¡Crucifícale! ¡Crucifícale!”.
Así era don Remigio: un hombre comedido que no se metía en problemas con nadie. Hablaba con parsimonia, excepto cuando se trataba de defender el muy noble oficio de hacer pan. Decía que en la primera fila de los que exigieron la crucifixión de Cristo estaban los panaderos.

Comenta el contenido
Tu opinión nos interesa Tu opinión nos interesa

Rellena el siguiente formulario para comentar este contenido.





(*) Campo obligatorio


Twitter
Envía tu mensaje

Todos los derechos reservados. MEDIOS AQRÓPOLIS S.A. DE C.V. es la propietaria y/o licenciataria de los materiales publicados en este sitio.

De no existir previa autorización por escrito, queda expresamente prohibida la publicación, retransmisión, edición y cualquier otro uso de los contenidos, particularmente en algún otro sitio de internet o medio impreso, el uso de los contenidos de este sitio es solamente personal, quedando estrictamente prohibido un uso diferente a este.