Sabino Medina

Se le queman los condoches parlamentarios al PRI

Desde los balcones 27/08/2014 a las 06:25    
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Sabino Medina



“De que la perra es brava, hasta a los legisladores muerde”. Refrán
César Camacho Quiroz, Presidente del CEN del PRI, le da por hablar de corrido y argumentar como experimentado juez de letras de cualquier pueblo del Valle de México.
La última puntada de política teórico práctica es la que propone reducir a 300 la Cámara de Diputados y la parte correspondiente a la de Senadores.
Se le mira enterado de la doctrina de Estado, lo mismo que pareció en un principio, otro ex gobernador del estado de México, don Emilio Chuayffet Chemor, cuando propuso, sin más ni más, hacer exámenes a los maestros de todo el país, en vez de examinar la realidad nacional, de la que son parte esos “profetas”, como cariñosamente les denominaba mi amigo, también profesor y economista, Óscar González López.
¿Qué no le pareció suficiente que votaran por la reforma constitucional reciente y las nueve leyes energéticas (once), mismas cuya consecuencia será desencadenar la especulación accionaria y crediticia dentro y en la periferia del imperialismo norteamericano, cabeza mundial de la crisis, aunque esté reventando visiblemente mayormente en Europa?
Pero don César Camacho Quiroz se aventó como el “Borras” de la TV y dijo, palabras más, palabras menos, “el PRI propone la reducción de los diputados plurinominales y también la de los Senadores”.
¿Sabe don César, el mexiquense ex gobernador, que representa una Cámara y Otra? Toda proporción guardada, la de los diputados es el Constituyente de la Sociedad Civil, abstracto e ilusorio, desde luego, que eso se trata en el Estado político.
Me estoy metiendo en las patas de los caballos, porque don César Camacho bien podría ser el maestro de Teoría del Estado que no tuve, aunque al lado del salón en que cursé tal asignatura daba cátedra don Mario de la Cueva.
Cada país, dentro su conformación histórica, tiene sus particularismos; abreviemos exposiciones farragosas que no vienen al caso; en el nuestro, la Cámara de Senadores fue un apéndice feudal, de los grandes propietarios de la tierra, aunque este desempeño más bien lo tuvieron los diputados, después del México Independiente.
Aquel país de mediados de 1800 y 1824 nunca sobrepasó los 7 millones de habitantes. ¿Qué sociedad civil querría y podía tornarse política entonces? ¿Qué corporaciones y qué clase hubo entonces? La Iglesia era y fue la mayor corporación y la gran detentadora de la tierra y de la riqueza inmobiliaria, los jesuitas por delante; de ahí que esto diera lugar a la reforma de Juárez y a la pérdida de más de la mitad del territorio nacional.
¿Por qué se propone reducir el número de legisladores de ambas cámaras del Congreso de la Unión? ¿Que por qué gastan mucho dinero? Frente a lo que viene, el presupuesto del legislativo es una miseria, ¿o no será que ambas atribuciones las asumirán, de cierta manera, los que los nuevos titulares, de los nuevos órganos independientes, que van a regular las contrataciones del petróleo, el gas y la electricidad y lo que sobre de los dineros de la renta del petróleo, no las ganancias, eso es otra cosa; como tampoco habrá dividendos del capital accionario y crediticio que contraiga nuestro país?
No tengo ninguna devoción por “nuestros representantes legislativos” a quienes el César del Río Lerma les amenaza con sacarlos de sus curules; es más, hasta creo que algo del oportunismo político rampante se aminorará y podría subir de calidad la práctica social democrática en que estamos
hundidos.
Pero solamente agregaré una cuestión más. Pudiera ser que el tiro le salga por la culata al priismo y al gobierno del Presidente Peña Nieto; ¿por qué? Porque la polarización social que se ve venir, con consulta y sin consulta energética, puede incendiar la pradera, ya de por sí inhóspita, mexicana.
¿No es mejor tener a esa bola de oportunistas haciéndole al cuento de que legislan, cuando todo se reduce a levantar el dedo y a chiflarse y empujarse unos a otros? Así sesionaba el Senado Romano, después de que los “padres conscriptos” regresaban de su chorcha política diaria en las termas.
Porque los Senadores Romanos asesinaron a Julio César y, entre nosotros, esos mismos Senadores le hicieron el juego a Victoriano Huerta, lo mismo que unos cuantos diputados, no así don Serapio Rendón, ni Adolfo C. Gurrión, ni el Senador Field Jurado y menos don Belisario Domínguez, al que le aplicaron sus compañeros la ley del hielo, dando pábulo a su posterior asesinato.
Si quiere el Presidente del PRI meterse en camisa de once varas, que lo haga, que proponga; que al fin y al cabo la fogata social está como para tostar condoches.

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