Sabino Medina


El mundo prodigioso cañero, auge y desgracia

Desde los Balcones 28/08/2014 a las 06:30    
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La clave económico política, que no lo fue tanto para Aarón Saénz y si para Miguel Alemán Valdez, pudiera radicar en la Caña, en el germen de aquel inmenso monopolio de la tierra, poco más de 300 mil hectáreas, devenidas de propiedad latifundaria a ejidales paulatinamente, para luego vertiginosamente sembrarlas de caña, desde donde las más poderosas oligarquías agrario pecuarias se asentaron en la política nacional y luego se aposentaron en la contrarrevolución, fenecidos los sexenios de los generales Lázaro Cárdenas del Río y Manuel Ávila Camacho.
Hoy, en vísperas del segundo Informe de Gobierno de Enrique Peña Nieto, surge la noticia de que a la azúcar que se exporta de México a EU, se le impondrá un arancel de 2.99 al 17 % que, según estimaciones, representa un tributo de cerca de 22 mil millones de pesos, algo así como 2 mil millones de dólares.
¿A qué azúcar se le impondrá uno y otro arancel? A la procedente de ingenios azucareros subsidiados por el Estado, por ser propiedad del Estado o manejados por éste.
Nomás nos falta que al petróleo le pongan aranceles, el producido por Pemex, pero no el petróleo privado que materialmente no lo hay, pero en cuya capitalización industrial y financiera ellos, las refinerías texanas, son las “ganonas”.
Este es un ejemplo de la diferencia que hay entre la renta de la tierra y los beneficios económico, financiero y de política interna, por someternos a los esquemas de la renta mundial de la tierra en todas sus producciones extractivas o no.
¡La caña de azúcar! Embrujo popular que se canta a lo largo de todo el Sotavento y el norte Veracruzano. ¡Mágico y hermoso mundo agrario, distinto al de las tristes y magras tierras de temporal del centro y el norte del país, principales expulsoras de mano de obra a esa misma gran nación!
El mundo agrario y toda la sociedad mexicana segmentada por la renta relativa y absoluta de la tierra. El panismo no ha sabido nunca de qué se trata la renta, por eso tira palos de ciego al ejido y pretende ver el fracaso político de la Reforma Agraria en lo ejidal, principalmente en la “La Laguna” y en Yucatán.
Otras historias en la misma realidad. En una fue el algodón, la Anderson Clayton de por medio; en otra, el henequén, substituido por las fibras petroquímicas; ahora la Caña y con ella su producto: el azúcar, que sufre las consecuencias de la producción industrial de los edulcorantes.
Nunca hemos estudiado críticamente la renta de la tierra en México, o lo hemos hecho de manera abstracta y doctrinaria, y no cargando el acento en las áreas concretas de los cultivos distintos, su valor y su renta.
La Caña de azúcar es un ejemplo que ni mandado hacer, un caso extremo de como la cuota media de beneficio entre productor y productos, entre país y país, se distribuye en proporción inversa a la extensión dedicada a este cultivo, aunque su masa de renta y de beneficio sea mayor, como el caso emblemático de Veracruz, pero tras éste todos los estados productores, Oaxaca y Jalisco entre otros.
La caña, el azúcar, productos muy parecidos económicamente al petróleo y a la petroquímica, como productos del capital invertido en la tierra, con sus extremas y específicas diferencias de todo tipo, es el producto que ilusiona a los políticos de la contrarrevolución económica en México y lo mismo sucede en todos los países productores.
Brasil es el máximo productor; pero ¿qué formas sociales o privadas de la tierra adopta y luego la refinación de la caña, los ingenios que es donde se produce el mayor plusvalor, todo la plusvalía que el capital se apropia, no en la siembra, ni en el corte, como tampoco en el acarreo y cosecha, aunque todos estos procesos se realicen con capital fijo y circulante coexistiendo de manera entreverada hasta en el ámbito comercial donde los productores directos de abastecen de víveres?
Complejo mundo cañero donde sus genuinos dirigentes campesinos fueron y son parte del folclor local en cada región. El hombre social del mundo cañero cautivo de la fascinación enajenada de las mercancías que produce y así las diviniza: la “Caña Brava, La Caña Dulce” es una de esas trovas, sones, que el niño escucha apenas empieza a “gatear”. En materia de la renta de la tierra, con la que, los mexicanos parecemos juguetear como niños sin música propia y nos unimos a las tierras de Jazz y a la esclavitud extinta, no salarial mínima retribuida en pesos, con su valor marginal internacional que impide toda capitalización.
El Estado de Morelos siempre fue un gran productor de Caña desde la Colonia y a lo largo del México Independiente, por el mercado inmediato comercial y minero, que corre por todo El Valle de México, en los principales centros mineros con los que se intercambió el producto y el valor de las rentas mineras con las agrarias del peonaje; 22 mil almas tuvo El Marquesado del Valle de Oaxaca, propiedad de Hernán Cortes, una de las primeras encomiendas feudales políticas de aquellos lejanos ayeres.
No hemos entrado en tema. Ya lo haremos en Zacatepec, Motzorongo, El Modelo, El Potrero, los de Cosamaloapan y Tres Valles, etc.

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