Raymundo Riva Palacio

Los presidentes

AYUDA DE MEMORIA 30/08/2014 a las 06:40    
RAYMUNDO RIVA PALACIO

RAYMUNDO RIVA PALACIO


PRIMER TIEMPO: ¡Ouch! Pero las encuestas no me duelen. No se alebresten ni pierdan la esperanza. El presidente Enrique Peña Nieto no se mueve por encuestas, así que el hecho que los mexicanos piensen cada vez más mal de él, no lo intimida. Con otras palabras, pero el mismo sentido, el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, se refirió de su jefe durante la plenaria de senadores priistas en Veracruz. Las palabras del secretario son el primer reconocimiento oficial que los números sobre la aprobación y desaprobación presidencial no le favorecen a Peña Nieto, y es la repuesta colectiva a una serie de encuestas donde lo ubican en el peor nivel que han tenido los mandatarios mexicanos en más de 30 años, salvo el período del llamado error de diciembre en 1994-1995. La última encuesta vino de Estados Unidos esta semana, salida de la máquina de estudios de opinión del Pew Research Center, que reportó que el internacionalmente aclamado presidente mexicano, internamente ha visto caer su imagen, donde el componente central de su agenda política, la reforma económica, es “decididamente impopular”. Los números del Pew se ven contundentes. Su nivel de desaprobación en el manejo de la economía cayó de 46% en 2013 a 60% en 2014, lo que significa un cambio negativo para Peña Nieto de 14%. La institución estadounidense registró un nivel de aprobación para el Presidente de 46%, pero resaltó que la desaprobación se elevó nueve puntos durante un año, para ubicarse en 47%. Si se ven fríamente los números, a Peña Nieto le va bastante mal. Si se analizan en su contexto, no le ha ido nada mal toda vez que ya pasó la primera parte más difícil de su gobierno: sacar las reformas económicas, algunas como la fiscal y la energética, muy controvertidas y desgastantes. Asustarse de que tenga 46% de aprobación y no 60%, como les gusta a los presidentes mexicanos, es un poco simplista. Los estándares internacionales lo tendrían en la parte alta, donde, por ejemplo, el presidente Barack Obama está en 38% o el francés François Hollande en 15. Pero como los mexicanos vemos las cosas diferente y ensimismados, eso no importa. Tampoco que perdamos de vista los factores objetivos. El más importante, en este contexto, es que Peña Nieto sacó adelante sus reformas con el Senado y el Congreso, pero la percepción de que no tiene influencia en las cámaras subió 12%. La realidad no corresponde con la percepción, pero Peña Nieto tiene que trabajar para cambiar la percepción y los números en las encuestas, porque si no lo atiende, lo que hoy es meramente una idea, puede convertirse en realidad.

SEGUNDO TIEMPO: Señor Presidente, no se nos olvida la mecha corta. Cómo criticó a su antecesor Vicente Fox por declarar sobre su gobierno, y cómo decía que era demasiado arrebatado y se negaba a madurar políticamente tras ser Presidente. Cómo tiene la lengua larga Felipe Calderón, sin cola corta, pues aquello que criticaba ahora lo está utilizando como un método para permanecer activo en la política mexicana. Todo esto viene porque el lunes pasado apareció una larga entrevista en El Universal, donde a manera de justificación de las reformas que él no pudo hacer –y que elogió del presidente Enrique Peña Nieto-, dijo que había sido por culpa del PRI y del PRD que a cambio del apoyo pedían demasiado, como incremento en las participaciones a los municipios. Calderón sugirió sabotajes a sus iniciativas, sin dejar de resaltar que él había querido trabajar con el Congreso y el Senado. En esta ocasión, a diferente de anteriores veces donde por las negociaciones de las reformas no le respondieron desde el gobierno y el PRI, se le echaron encima. El primero fue Manlio Fabio Beltrones, coordinador del PRI en el Congreso, que lo vivió y padeció cuando fue el jefe tricolor en el Senado. Beltrones siempre ha recordado la manera rijosa de Calderón en su trato con los legisladores, y cómo acordaban métodos y mecanismos, que el mismo Presidente hacía explotar con sus declaraciones beligerantes. El segundo fue el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, quien dijo sin tapujos que lo que le había faltado a Calderón había sido oficio para sacar adelante las reformas. Las declaraciones de Osorio Chong y Beltrones se complementan. Por rijoso, se destruyeron los acuerdos. Por pendenciero, se frenaron sus iniciativas. Del PRD ni hablar. Un mes antes de las elecciones intermedias, contra el consejo del entonces procurador Eduardo Medina Mora, ordenó el llamado Michoacanazo donde se detuvo a casi una treintena de funcionarios del gobierno perredista de Leonel Godoy y presidentes municipales del PRD y el PRI. Un mes antes de la elección. Se lo dijeron y no hizo caso. El Michoacanazo se fue desmoronando gradualmente, pero la relación de Calderón con la oposición sólo continuó su degradación. Calderón siempre ha sido un político de mecha corta, y cuando alguien temperamental y volátil es Presidente, las cosas, casi por definición, salen mal o incompletas.

TERCER TIEMPO: En un mes, murió y resucitó tres veces. Hace tres domingos apareció en una misteriosa página de Facebook una pequeña información que registraba que el ex presidente Carlos Salinas había muerto en un hospital de Dublín –donde vivió largo tiempo en el autoexilio durante el gobierno de Ernesto Zedillo-, víctima de un enfisema pulmonar. Salinas, que no fuma, estaba vivito y coleando. Tres días antes de que muriera, acompañó a su hijo a un teatro en la colonia Condesa para ver la obra donde actúa su nuera, Ludwika Paleta, tras lo cual se fueron a cenar con vino. Al día siguiente se levantó a correr, como siempre, seis kilómetros, comió con un gobernador y el sábado, voló a Londres. Cuatro días después, a manera de respuesta oficial, su hija Cecilia escribió en Facebook sobre los malquerientes de su padre. El rumor se disolvió, hasta hace dos jueves, cuando volvió a resurgir. Una vez más, con Salinas en el extranjero, se logró contener lo que ya no parecía producto del imaginario colectivo. Pero la semana pasada, Salinas volvió a morir. Un par de empresarios importantes juraban el martes antepasado que “de primera mano” sabían que esa mañana, a las siete horas, el ex presidente había fallecido. Esperaban el anuncio oficial que nunca salió. La familia de Salinas ni siquiera se tomó la molestia de volver a desmentirlo. El ex presidente se encontraba todavía fuera de México y a punto de regresar. Cómo recordaron algunos de sus cercanos en aquellos tiempos de enfrentamiento con Zedillo y su equipo, la desinformación y los ataques que le lanzaban cada vez que regresaba a México a retomar contacto. Cada vez que sentían que recuperaba el poder. Cómo coinciden aquél y estos momentos. Cómo olvidar las palabras del propio Salinas que dice que son demasiadas coincidencias para ser coincidente.
rrivapalacio@ejecentral.con.mx
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