Andrés Garrido del Toral

QUERETALIA 31/08/2014 a las 06:20    

Ma. Del Socorro Ontiveros Cabrera


Queretana de nacimiento, vio la luz primera en San Sebastián Bernal, municipio Ezequiel Montes, lugar mágico sin necesidad de decreto, sitio emblemático donde la majestuosa peña irradia vigor a los pobladores y al espacio. Sus padres, los señores Eugenio Ontiveros Montes y Evangelina Cabrera Hernández, quienes procrearon además a Eugenio, Guillermo y Guadalupe, siendo Ma. del Socorro la segunda en cronología fraterna.
Ahí, vivió sus primeros años, los que considera más felices de su vida, según lo narra con expresiones de nostalgia, por haber estado junto a sus abuelitos Carmelita e Ignacio Cabrera.
Por visión de familia ésta se trasladó a la ciudad de Querétaro, ubicando su hogar en la Calle 15 de Mayo, prácticamente en el corazón de nuestra histórica ciudad capital.
Dice ella: “Mis primeras letras las aprendí en el parvulario de la maestra Mariquita Romero, a través del silabario de San Miguel, escribiendo en la pizarra con el pizarrín, antecedentes del pizarrón y el gis respectivamente; asimismo, se utilizaba el ábaco, una herramienta práctica que nos permitía el aprendizaje de las matemáticas con aquellas inolvidables bolitas de colores que se movían de un lado a otro y nos llamaban mucho la atención. Además, aprendí la doctrina en el catecismo del Padre Ripalda”.
Estudió la primaria, secundaria y dos años de comercio en el Colegio 5 de Mayo; en este lapso de tiempo, participó en la ACJM, organismo rector de la juventud católica en las calles de Ocampo; a los 7 años de edad, como jugando, inició un pequeñito negocio vendiendo dulces a los trabajadores de mi padre, que era lapidario, es decir, labraba piedras preciosas, y el ópalo, piedra semipreciosa que distingue a Querétaro y que se da en las diversas minas de nuestro estado, especialmente en “La Carbonera”, ubicada en el rancho de La Trinidad.
Más tarde, cursó cinco años de corte y confección con la maestra Ernestina, cocina con la maestra Pepita y repostería con su tía Josefina Ontiveros; además de acudir al Instituto Queretano a impartir doctrina a los niños de escasos recursos.




La vida da muchas vueltas, y en ese ir y venir, el 12 de abril de 1962, en forma aventurada, inició su negocio propio: “Centro de Belleza Coco”, tras haber tomado un curso de alto peinado, corte y maquillaje con los madrileños Juan e Isaac Blanco y en la Ciudad de México, con Juanita Valencia y Beto Betanzos. En el inicio de su actividad nunca cobró ningún dinero, hasta que un día su padre repeló, ya que había que comprar materiales y él no los iba a proporcionar. La preocupación se apoderó de Coco, pues todavía era estudiante y no sabía cómo generar dinero para adquirir los productos; un día que platicaba con Mau Urquiza, -y vaya que ella sí sabe cobrar en su profesión-, le comentó y le dijo: “no te preocupes, yo te voy ayudar a cobrar”.
Así que me aconsejó que cobrara, ¡Imaginen en aquellos tiempos!, 1 peso por peinado, 1.50 por manicure y 3 pesos por permanentes fríos, que estaban en boga y todo esto dejaba buenas ganancias; claro que el negocio se vino abajo, ya que como no cobrábamos como se debía, era necesario que iniciara el trabajo desde las 5:00 de la mañana, pues además en esa época se acostumbraba poner tubos con cerveza, y meterlos al secador, lo que llevaba su buen tiempo; y ya sabrán que al cobrar, muchas personas no querían pagar. En esa época en Querétaro sólo existían cuatro salones de belleza y, claro, por la poca competencia, su trabajo lleno de creatividad había pasado de voz en voz, y vino en aumento su clientela, y así ha cumplido 52 años en este ramo, al que ha descuidado por dedicarse a servir a Querétaro como directora general del Patronato de las Fiestas.
En octubre de 1962, el día 28, conoció a quien después fue su esposo, Manuel Jiménez Benoit. El 17 de junio de 1967 unieron sus vidas en el Templo de La Congregación.
Después de casi tres años se anunció el nacimiento de su primera hija, Cynthia, y dos años más tarde llegó Fedra; pasaron 10 años cuando se anunció Thania, los mejores regalos que le haya dado Dios.
Estudió la preparatoria en el Tec de Monterrey; dio clases de belleza y artes manuales en el DIF Estatal. Durante 30 años tomó clases de pintura con el maestro José Ayech Caballero en la Casa de Ecala, y a la postre tuvo la oportunidad de montar más de 40 exposiciones colectivas y cuatro individuales; colaboró como consejera en la Cámara de Comercio y fue la primera mujer en ese cargo.
Fue también fundadora del Grupo de los Cinco del Equinoccio de Primavera en Bernal, fundadora del Grupo Bernal Pueblo Mágico; asimismo, participó como conchera hace 25 años en la mesa de danza del general Manuel Rodríguez González; cursó en la UAQ un semestre con el tema de embutidos y deshidratados.




Consejera del Patronato de las Fiestas de Navidad hace 12 años, columnista a partir del día 27 de abril de 1973, motivo por el cual, la presidencia municipal, a cuyo frente está el Lic. Roberto Loyola Vera, le otorgó un reconocimiento el pasado 13 de mayo, por su trayectoria periodística de cronista de sociales y gráfica a lo largo de 40 años.
También fue columnista fundadora de la Revista Pasiones, ya desaparecida, de la Revista Mujer.
De tanto andar, comenta la señora Coco: “soy amante de la fotografía, querida de la bohemia y hace seis años toco el saxofón gracias a la paciencia de mi maestro Raúl Sánchez, tenacidad y disciplina que me he impuesto, porque confieso que de música sólo sabía las notas básicas del solfeo”.
Se confiesa verdaderamente nacionalista porque ama todo lo que huele a México, a nuestras raíces, tradiciones y gastronomía. Le gusta ser diferente, necia, tenaz en todo lo que emprende, amiga de todos y agradecida con Dios, por el regalo del don de la vida. Lo mismo se le ve de pipa y guante que vestida de conchera para agradecer al Padre Sol y a la Madre Tierra. Sigue temblando cuando tiene que enfrentarse a un público que la quiere y cuando escribe sus “Brujerías” cada domingo.
Termino esta crónica robándole a Miguel Bosé algunos versos de una coplilla que dice:
Por ponerte algún ejemplo te diré
que aunque tengas manos frías te amaré
con tu mala ortografía
y tu no saber perder
con defectos y manías te admiraré…

El Querétaro Insurgente
Mariano Cuevas sostiene crudamente en defensa del insurgente queretano Manuel María Iturriaga que:
“La junta conspiratoria fue denunciada por mucha gente y la razón es que se llevó con poca discreción, habiendo mediado, como mediaron en el asunto, varias mujeres de notoria locuacidad. El doctor Mora (José María Luis Mora), con su habitual prejuicio y falta de pruebas, afirma que quien delató fue el doctor Iturriaga que, enfermo de gravedad, comisionó a su confesor para hacer la supuesta denuncia. Todo esto está muy mal inventado. Iturriaga no tenía que hacer materia de confesión lo que él conocía sobre la independencia; segundo, era lo bastante sensato para no utilizar en ese caso, precisamente al confesor; tercero, a éste hay que suponerle la rudimentaria prudencia para no aceptar la comisión, y cuarto, caso de que se viese en el escrúpulo de delatar, se habría callado por sigilo sacramental el nombre del delatante y, por consiguiente, éste nunca pudo saberse. Quede, pues, relegada y condenada al catálogo de mentiras la supuesta delación de Iturriaga”. (Cuevas, 1986: 405-407)
Cuevas aduce que eran muchos los agentes del Gobierno español encargados de espiar y comunicar lo que sucedía en Querétaro.




La Casa De Los Perros:
¡Ahora resulta que los restos de Epigmenio González que depositamos en septiembre de 1989 en el Panteón de los Queretanos Ilustres no son los de tan insigne héroe!. Me sale mi amigo Mario Arturo Ramos con el cuento de que los restos mortuorios de don Epigmenio siguen en la capilla de San Juan de Dios en el Panteón de Belén, en Guadalajara. ¡Ah caón! ¿Entonces mi viaje acompañando al gobernador Palacios Alcocer y al alcalde Braulio Guerra Malo a la capital tapatía y al viejo panteón de Belén fue inútil? ¿La certificación del gobernador Cosío Vidaurri y del alcalde tapatío fue falsa al igual que la custodia que el honorable Ejército nacional hizo de los restos, junto con el traslado con honores por vía terrestre hasta llegar a Querétaro? ¿El tequila que compramos en Arandas ese día también fue falso y en realidad consumí Tonaya u otra porquería? Prometo lavar mi honra y la de mis maestros y jefes con una investigación profunda. ¡Somos nada!, diría el Armero mayor. ¡Uta madre!, diría Hiram Rubio. ¡Qué país!, diría Cheque Martínez Ángeles. Les vendo un marranote.

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