Luis Núnez Salinas

El mito de la fortuna de la Iglesia

LA APUESTA DE ECALA 19/09/2014 a las 06:22    
Luis Núñez Salinas

Luis Núñez Salinas


Hoy en día, amable lector, quiero de manera muy respetuosa, hacerle la siguiente pregunta: ¿Usted ha abandonado sus prácticas católicas por creer que la Iglesia es supermillonaria?
Si su respuesta es NO, gracias por participar y nos vemos la próxima semana; si su respuesta es SÍ, continúe.
La primera orden religiosa que llegó a la Nueva España fue la de los franciscanos, doce primero con Hernán Cortés, y después en 1523 doscientos frailes más, quienes por orden del Arzobispo primado de España, Alfonso de Fonseca, fueron repartidos para la Evangelización del Nuevo Mundo.
Pedro de Gante llevó a los franciscanos con un pensamiento rígido: evangelizar y ayudar, fundando hospitales, escuelas y centros de ayuda.
Una vez llevado a cabo un análisis de la situación que guardaban las nuevas tierras, los franciscanos llevaron este informe y trajeron en 1524 a otros 150 franciscanos, pero ya con un programa exacto de qué era lo que se necesitaba, tanto para la defensa de los indígenas que estaban siendo violentados por los soldados conquistadores (incluyendo a Cortés), y las regiones de mayor dificultad y acceso, por las costumbres de su gente: Michoacán y Puebla.
Los dominicos, de la Orden de Santo Domingo, llegaron en 1526 dirigidos por Francisco de Vitoria, quien llevó al Rey uno de los informes mayormente documentados de la realidad que vivían los indígenas, sus condiciones sociales y culturales, que permitirían llevar a cabo un plan de Evangelización, siendo entregado este informe en 1542, en el documento “Brevísima Relación de la Destrucción de las Indias” (que de breve no tiene nada).
Los dominicos fundan las misiones de Chiapas y Oaxaca.
La orden de los agustinos llegan en 1536 a la Nueva España, siendo el fraile de mayor importancia Francisco de la Cruz y Agustín de la Coruña, quienes se dedicaron en los territorios de la Huasteca Potosina, Querétaro, Michoacán y Guerrero entre otros.
Las grandes órdenes religiosas, Franciscanos, Dominicos y Agustinos fueron denominadas así por su vasto trabajo, y la reunión de múltiples DONACIONES, que permitieron que civiles nacidos en España y que llegaron a estos territorios con riquezas para invertir les otorgaran terrenos, dineros y animales para que sostuvieran sus órdenes.
Las órdenes religiosas, como los Mercedarios, Carmelitas, Juaninos, Hipólitos y de mujeres como las Clarisas, son conocidas como órdenes minoritarias, que realizaron un trabajo igual o mayor en conjunto, que las grandes órdenes, pero que sus bienes inmobiliarios eran de menor tamaño, y su alcance reducido.
También existieron órdenes terciarias, que de igual manera ayudaron a la Evangelización, pero quedaron reducidas a una sola ciudad, o a un solo templo, dentro de la Nueva España, un ejemplo de estas órdenes son Las Capuchinas en Querétaro.
Como podemos brevemente observar, las órdenes religiosas en la Nueva España, contaban con el apoyo de los benefactores, gente adinerada que no sólo donaba en monedas de oro, sino que regalaban los terrenos, los materiales y la mano de obra para que se construyeran grandes conjuntos arquitectónicos, mismos que eran de tal majestuosidad por la “moda” del estilo de aquél entonces, y que permeaba a toda España y Nueva España.
Un caso claro de esto es el estilo Barroco en el conjunto conventual de los Agustinos en Querétaro, obra de gran simbolismo y que hoy ocupa el Museo de Arte, y que el templo Anexo es lo que conocemos como el Templo de San Agustín.
Seguro a primera vista, amable lector, podemos sacar la conclusión de que “los agustinos eran millonarios, por haber construido semejantes conjuntos arquitectónicos”, y luego escuchamos “¡La Iglesia rica y oligarca de la Nueva España!”.
Mire amigo lector, que hasta en libros serios de Historia de México lo he leído.
Lo más alejado de la realidad es pensar que las órdenes religiosas durante la Nueva España estaban llenas de monedas de oro, que eran dueños totales de los predios y haciendas, que vivían en la opulencia y la ociosidad, cuando la realidad era otra.
Debemos de ir conociendo, si Usted así me lo permite, que la Nueva España no giraba alrededor de la Iglesia Católica, que así nos lo han querido “vender” tanto la historia oficial como las excelentes aportaciones de historiadores mexicanos.
Pero aunque se enojen muchos, la vida en la Nueva España era totalmente civil y militarizada, cierto, la religión católica era la única en estos territorios, pero no era la vida central de la “otra España”.
El Virreinato de Nueva España fue fundado el 8 de marzo de 1535 en la ciudad de México, una vez apaciguados los disturbios bélicos, estuvo repartido por capitanías y reinos, por citar un ejemplo, El Marquesado del Valle de Oaxaca, que pertenecía a Hernán Cortés; Nueva Galicia, Nuevo Reino de León, Nuevo México, Nueva Extremadura… etc.
Su conformación fue a la usanza de la nobleza española: Marquesados para los marqueses (aquellos que cuidaban las “marcas” hasta donde llegaba el territorio); Condes para quienes eran cercanos al Virrey y se le daba a su cuidado provincias o territorios grandes; Duques a los militares que se incorporaban a la nobleza; Señoríos y títulos de Caballeros. Historia Antigua de España, Antonio Domínguez, p. 132.
No existe documento alguno, (al menos hasta ahora) en donde el poder civil del Virreinato de la Nueva España esté contemplado otorgarle a la Iglesia Católica, a algún Obispo o Sacerdote, alguno de estos títulos, que les harían de su total propiedad, cualquier bien inmueble que ellos trabajaran; por ello, la Iglesia Católica en la Nueva España sólo administraba el bien raíz, más no pertenecían en su totalidad, debido a que en las donaciones estaba restringida la venta de la propiedad, sólo el usufructo de la misma se consideraba beneficio a la Orden religiosa.
Se preguntar, amigo lector, ¿Qué hacían entonces las órdenes religiosas?
...administrar todos los sacramentos, absolver toda excomunión, sacar y matrimoniar todas causas matrimoniales, y en donde no hubiese obispos confirmar y conferir las órdenes menores, reconciliar iglesias, consagrarlas y proveerlas de ministros, consagrar altares y códices y conceder indulgencias como los obispos y ordenar de primera tonsura y de órdenes menores, sin que ningún clérigo ni secular, obispo, ni arzobispo, ni patriarca, ni persona constituida en alguna dignidad pudiera contradecir ni estorbar estas facultades, so pena de excomunión mayor la sentencia y de maldición eterna... México a través de los siglos, Vicente Riva Palacio, p. 277.
Estas órdenes religiosas se distribuyeron por las diferentes regiones de la Nueva España y paulatinamente fueron estableciendo diversas instituciones como monasterios, iglesias, escuelas y hospitales, cajas de comunidad, hermandades y cofradías. Charles Gibson. “Los aztecas bajo el dominio español” 1519-1810, p. 129-130.
¿Tuvo la Iglesia Católica en la Nueva España la gran riqueza que nos han querido vender en la historia? ¡No!
Quienes en la Nueva España tuvieron la riqueza y el poder fueron los militares y los civiles, dueños de minas y haciendas, que bajo la explotación laboral de miles de indígenas, recaudaron fondos inimaginables, y que muchos de estos fondos dan la majestuosidad de la España, y el México de la ciudad de los palacios que conocemos hoy día.
Entre 1855 y 1863 las que conocemos como Leyes de Reforma, y bajo la Ley de Nacionalización y desamortización de los bienes de la Iglesia, fueron incautados y nacionalizados, cientos de bienes raíz de las órdenes religiosas, incluyendo la expulsión de religiosos y religiosas de sus conventos, adquiriendo con esto el Estado el patrimonio total, incluyendo los anexos, talleres y Templos.
La revista estadounidense Fortune, especializada en temas económicos, desmintió el mito de las “grandes riquezas” del Vaticano, y aseguró que si la Santa Sede fuera una corporación, ni siquiera se acercaría a las 500 más adineradas de su famosa lista Fortune 500.
En su artículo titulado “This pope means business” (“Este Papa va en serio”), Fortune indicó que “a menudo se asume que el Vaticano posee una gran riqueza, pero si fuera una compañía, sus ingresos no la acercarían a formar parte de Fortune 500”.
La lista de Fortune 500 está encabezada este año por la multinacional Walmart, que registró 476,294 millones de dólares de ingresos, y con la gigante de la tecnología Apple en el 5 lugar, con 179,919 en ingresos. ACI Prensa, 13 sep 2014.
Sirva esta pequeña narrativa para que, amigo lector, el pensar que la Iglesia Católica vive en la opulencia y la riqueza, que se desbordan las monedas de oro en la millonarias cuentas, es sólo un mito que se ha trabajado para alejar su corazón de lo verdaderamente importante:
¡Cristo Vivo y Rey!, que nos acompaña todos los días.
Dato: Todo el mobiliario del Vaticano, la ropa, los accesorios y la Plaza de San Pedro misma, en Roma, es propiedad del gobierno de Italia.
Luego entonces, amigo lector, no nos quejemos del México que estamos viviendo, porque en ello nos quede claro: ¡Tenemos el País que queremos! Esa es mi apuesta, ¿y la de Usted?…
correo:luisnusa@outlook.com
Twitter: @LuisNSDG

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