Sabino Medina

Sonora y Baja California, dos desastres juntos

Desde los Balcones Actualizada 20/09/2014 a las 09:41    
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Sonora y Baja California, dos desastres juntos

"¿Cómo se concesionaron las minas de Cobre y ahora las del oro, tan cotizado últimamente? Don Jorge Larrea Ortega, que se movió cercano al Alemanista Bruno Pagliai y otros capitostes de aquella época, incursionó en la actividad aprovechando una crisis de coyuntura de la minería nacional”

Todavía no cicatriza la herida abierta por el tiradero contaminante de la Mina Buenavista, y ya el huracán Odile saca a flote otras contradicciones; querámoslo o no de nuestra forma de desarrollo económico de invernadero en que hemos caído en uno y otros Estado, cuando sin siquiera poder conocer la productividad concentrada que se da en los invernaderos de todo tipo.
Las dos Californias nuestras, la del norte y la del sur, con capitales cada una en Mexicali y La Paz, respectivamente, poseen hasta cierto punto dos formas de desarrollismo distintas, desarrollos capitalistas distintos, con inversiones fijas diferentes y capitales de crédito y circulantes acordes a los recursos de cada entidad.
Baja California Norte, por ejemplo, el Valle de Mexicali, se pobló de ejidos, con gente llegada hasta ellos de toda la República, especialmente de Michoacán, Jalisco, Zacatecas, y del resto del país; lo mismo acontece en Tijuana, con una fisonomía distintas, de todo tipo teniendo como frontera San Diego y los importantes centros agrícolas del Gran Estado, primera economía de EU.
El Valle de Mexicali fue algodonero en sus inicios, luego se tornó producto de hortalizas y de otros cultivos con alta rentabilidad; en Tijuana lo que ha predominado es el juego y la especulación inmobiliaria, entre otras muchas actividades con grandes dosis de parasitismo social.
Baja California Sur, fue y es el paraíso del que se enamorara el enorme periodista chilango Fernando Jordán y desde donde escribiera su gran testimonio más vivo ahora que nunca.
Ambas entidades que conforman la península, tienen grandes recursos, pero capitalizados a la manera de cuando todo el capital sobrante nace del trabajo, pero se exporta como capital que demanda a su vez, la valorización de más capital sin que nunca acabe por aterrizar en fuerzas productivas que constituyan un potencial distinto a la naturaleza.
Por las adunas de Mexicali y Tijuana se fuga un torrente de riqueza en mil formas, fundamentalmente el contrabando de productos agrícolas y mineros. ¿De qué manera se practica este contrabando? Sub facturando el valor de lo exportado y esto es decir poco o nada; un ejemplo minúsculo: los transportes cargados con brócoli o cualquier otro producto parecido en la aduana mexicana manifiestan un valor de 3 mil dólares, en la aduana norteamericana, ahí mismo pasando en puente, se factura en el duplicado de factura que se lleva exprofeso, a 6 mil dólares.
Mexicali y Tijuana, lo mismo que otras ciudades fronterizas tienen un intercambio de productos de gran volumen; antes las importaciones inundaban el centro y el norte del país; hoy con el TLC las importaciones pasan como Juan por su casa, sin dejar compensación alguna por la disparidad de los salarios de uno y otro lado, el costo de los energéticos, la tierra misma y por abajo y encima de todo la abismal disparidad cambiaria entre países.
Sonora, tremenda región, entidad entrañable para propios extraños, tiene puntos de salida más que un cerco viejo, sus aduanas: Nogales, San Luis Río Colorado, Agua Prieta, Puerto Peñasco, Naco, Tecate, Sonoyta y el ferrocarril del Sudpacífico, clave histórica de la minería y el desarrollo capitalista alcanzado por la Sonora actual.
Guaymas, puerto, es otro punto de fuga económico, con su conexión ferrocarrilera y clave también en la exportación de metales, primero el cobre, del que Sonora es el principal productor nacional, sumado ahora el oro, la plata y uno y mil minerales clave en la industrialización, entre ellas la petrolera, industrialización a la que, según parece, hemos renunciado frente a las condiciones de nuestra potencia mundial imposible de no tomar en cuenta.
¿Cómo se concesionaron las minas de Cobre y ahora las del oro, tan cotizado últimamente? Don Jorge Larrea Ortega, que se movió cercano al Alemanista Bruno Pagliai y otros capitostes de aquella época, incursionó en la actividad aprovechando una crisis de coyuntura de la minería nacional: compró Cananea que por entonces tuvo un “valor” de 650 millones de pesos en 450 millones; hoy Cananea se cotiza en cientos de miles de millones de dólares, pero vale más en la bolsa de valores, aunada a los otros valores de minas similares y tan ricas en oro, molibdeno, plata y otros productos del trabajo minero acasillado de por vida.
¿Era previsible el riesgo de contaminación que hoy se reciente en Sonora? Tan previsible y posible de realizar como la inmensa riqueza de que ahí mana de la fuerza minera de los trabajadores que han perdido todas las huelgas en las Juntas Federales de Conciliación y Arbitraje, durante los dos gobiernos panistas y todos los sexenios que les precedieron.
Por Nogales se exportan reses por cientos de miles de cabeza de ganado y en los estómagos de esos animales, otras mercancías, de aquí para allá y a la inversa.
Sonora exporta lo conocido y acaso documentado, alrededor de 6 mil millones de dólares, se dice que incluyendo la exportación de minerales, cuyo valor sólo del oro alcanza los 600 millones de dólares y todos eso va a un solo bolsillo, ¿podemos combatir los monopolios y es cierto como enseñan en el ITAM, que la concurrencia y la competitividad puede llevarnos a una economía capitalista plena al estilo Canadá, o siquiera Brasil, por decir algo?
Cananea, que se privatizara con dinero público que acaso nunca se pagó, procedente de la NAFINSA, hoy sería el emporio que nunca tuvieron en sus manos los Krupp de Alemania y los Antenor Patiño, que construyeran el Hotel María Isabel en la capital de México, en tanto que Krupp, con el hierro alemán se repuso de dos guerras y Alemania es la tercera potencia que hoy ronda sobre toda Europa y tiene apetito por Ucrania, nada menos.
Complicada cuestión las desgracias catástrofes y sin remedio que se miran en las Bajas Californias y en Sonora, la que Luis Donaldo Colosio no vio en sus aspiraciones presidenciales y sí Ramón Danzós Palomino, que tampoco alcanzó a llegar a Palacio Nacional, donde hace casi un siglo cayera abatido por la metralla del general Bernardo Reyes, ex gobernador de Nuevo León y padre de don Alfonso Reyes, uno de nuestros más grandes intelectuales, reconocido mundialmente.

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