Alejandro E. Obregón Álvarez

La utopía maderista

ARCHIVO HISTÓRICO DEL ESTADO Actualizada 21/09/2014 a las 07:21    
La utopía maderista

 
Si Madero hubiese tenido esa ‘alta visión’ de la que habla Soto y Gama (visión de un estadista avezado) no habría pospuesto sus principios, hubiese cumplido los viejos anhelos de las clases proletarias y campesinas, largamente acallados por Porfirio Díaz a favor de la industrialización y de otros intereses económicos que sólo favorecieron la ‘pax porfiriana’, basada en el ejercicio dictatorial y la alianza con la alta burguesía y los intereses extranjeros


ZAPATISMO Y REYISMO EN CONTRA DE MADERO

Además de levantamientos en varios estados de la federación, el fracaso en las negociaciones con Emiliano Zapata, hizo que Madero declarara: “…no siendo ya posible llegar a una solución pacífica, el gobierno a mi cargo ha decidido no volver a entrar en arreglos con bandidos…pues la política de transacciones no será aplicada en los casos de abierta rebelión o bandidaje…esto se reprimirá con inmediata energía”. Periódicos como “El Imparcial” comentaron que esta energía de Madero debió mostrarse desde el inicio de su gestión.
Otro foco aún vivo en el norte del país, era el que alentaba Bernardo Reyes, quien apoyado en el Plan de San Luis avalado por los maderistas en 1910, desconoció la elección de Francisco Ignacio Madero y el 16 de noviembre de 1911, utilizando las principales ideas (principios y tendencias políticas) del Plan de San Luis, expresó que el gobierno maderista era bastardo; desconocíó a todas las autoridades que no lo secundaran y se autonombraba como presidente provisional y, con los líderes que aceptaran su plan, se nombraría un presidente interino para formar un Congreso que convocara a nuevas elecciones.
A su vez, Emiliano Zapata expidió el “Plan de Ayala”, firmado en la villa de dicho nombre, el 28 de noviembre de 1911 y de la misma manera, retomaba el Plan de San Luis, ya que Madero había “ultrajado la fe y las libertades del pueblo; que no había llevado a feliz término la revolución que tan gloriosamente inició con el apoyo de Dios y del pueblo…pues había dejado en pie los elementos del gobierno dictatorial; que había eludido el cumplimiento de sus promesas, encarcelando, persiguiendo o matando a los revolucionarios que lo ayudaron a ocupar la
Presidencia…”.
Antonio Díaz Soto y Gama (en el libro “La Revolución Agraria del Sur y Emiliano Zapata su Caudillo”), señala las posibles fallas de Madero al comenzar a ejercer el poder, otorgado por una elección, limpia, popular, democrática: “Colocado el señor Madero bajo el acoso de la reacción que por un lado le atribuía secretas inteligencias con Zapata, y por otro le exigía el inmediato extermino de éste, ¿fue él bastante débil para ceder a esa presión y dejarse llevar al extremo de hacer alarde de dictatorial energía contra su amigo de ayer, imponiéndole la torpe e inaudita exigencia de una rendición incondicional? O bien, falló a Madero, hijo de familia acomodada e influido por corrientes individualistas y burguesas, la visión necesaria para percibir la alta idealidad que constituía la esencia y la razón de ser del movimiento suriano? O de otro modo: si nos colocamos en la peor de las hipótesis, ¿sufrió Madero, como tantos otros gobernantes, el vértigo de las alturas, y una vez llegado al poder se cegó y se engrió en forma tal que hizo tabla rasa de sus compromisos y todo lo sacrificó al ansia de hacer sentir el peso de sumisiones incondicionales? O, por último, ¿creyó que el mayor de sus deberes era lograr la paz inmediata, aunque fuera a costa de los principios proclamados durante la lucha?”
En cualquiera de estas cuatro hipótesis pensadas y escritas por el potosino Soto y Gama, lo que prevaleció, según apuntamos en el artículo pasado, fue la buena fe y la ingenuidad de un político en ciernes, que falló al no “desmantelar” el aparato militar y burocrático incrustado en todos los ámbitos de la vida nacional. Si Madero hubiese tenido esa “alta visión” de la que habla Soto y Gama (visión de un estadista avezado) no habría pospuesto sus principios, hubiese cumplido los viejos anhelos de las clases proletarias y campesinas, largamente acallados por Porfirio Díaz a favor de la industrialización y de otros intereses económicos que sólo favorecieron la “pax porfiriana”, basada en el ejercicio dictatorial y la alianza con la alta burguesía y los intereses extranjeros.
La opinión pública, a través de la prensa, daba cuenta de cada detalle criticable en la figura y actuación de Francisco I. Madero: desde su baja estatura y su pública profesión del “espiritismo”, hasta el agotamiento de las arcas públicas; las agresivas interpelaciones del Congreso que mandó comparecer a varios de los ministros del gabinete maderista; el escándalo por la supuesta “violación” de la soberanía del estado de Oaxaca y los fusilamientos en el norte del país de enemigos del régimen; los propios maderistas criticaron la iniciativa para establecer el “servicio militar obligatorio”, así como una propuesta para reformar la ley de imprenta, a fin de que no se extralimitara en sus derechos a informar…
Alentaba esta polémica en la opinión pública, la directa injerencia de Gustavo A. Madero, hermano del presidente, a través del periódico “Nueva Era”, que supuestamente recibía subsidios del gobierno. Se había apedreado el edificio de un periódico de oposición y se había prohibido la puesta en escena de la zarzuela “Ojo Parado” (en alusión a la prótesis ocular, de vidrio, que usaba Gustavo A. Madero) lo cual alentó todavía más la idea de que Madero atentaba contra la expresión de las ideas. Sumado a lo anterior, se impidió que el poeta argentino Manuel Ugarte impartiera algunas conferencias en las que proponía la unión “indolatina”, es decir, la oposición a los Estados Unidos de Norteamérica por parte de los países latinoamericanos.
En el fondo, Madero comentó con sus allegados que esta pugna entre periódicos adictos a su gobierno y la prensa libre, impidió la entrada de inversiones extranjeras, que hubieran apoyado el crecimiento industrial y el desarrollo agropecuario de México.
Veremos en el próximo artículo, la expansión del zapatismo y, al contrario, el agotamiento de la oposición representada por Bernardo Reyes.

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