Crónicas de Vargas

Las risas congeladas, por lo menos hasta febrero...

Actualizada 21/09/2014 a las 09:09    
La ciudad amaneció con un cielo voluble, fresco y airoso cuando las primeras luces; empezaba a quemar hacia la media mañana. Tanto, que se metió al Teatro de la Ciudad donde, tan cercanos los tiempos del relevo, los asistentes aprovecharon el cambio de presidente del capítulo Querétaro de la Federación Nacional de Abogados al Servicio de México para darse las manos, abrazarse con euforia y mostrar sonrientes sus caras, las que esperan mantener con una risa congelada, por lo menos hasta febrero del año que viene, cuando estallen los nervios de alegría o de enojo, de los que esperan estar entre los iluminados que los de abajo han de encaramar en el santuario del poder, el día de las votaciones.


El edil de la capital, Roberto Loyola Vera, dijo que hoy vivimos en un estado legal y democrático, al tomar la palabra como presidente saliente de la Fenasem


 La ceremonia del relevo era la ocasión inmejorable para desde ahora empedrar con ilusiones el camino hacia tiempos mejores. Por eso es que, metidos en sus mejores vestidos, habiéndose untado los perfumes que tenían guardados, y luciendo sus mejores alhajas, imitaciones o reales, falsificadas o de fantasía, como las que venden en los mercados domingueros, los que fueron ni repararon en que varias veces durante la ceremonia, la conductora del acto hizo que se pusieran en pie sin dejar de aplaudir, y luego, sin solicitarles volverse a sentar, decidiera continuar presentando a los que presidían el relevo. No les interesaba dónde estaba ella. Tampoco la veían, como si estuviera casi en la penumbra de las bambalinas, en uno de los laterales del escenario. Tan poca luz para leer, que a uno de los invitados lo presentó sin nombre y sin apellidos. ¿Será que no lo conoce?
Aunque lo conociera. Uno a veces tiene goteras en la memoria. Le sucede a cualquiera. Le sucedió al presidente nacional de la Federación. “Benito”, le dijo al presidente del Congreso del Estado cuando saludaba la presencia de los principales personajes. Pero algo se movió rápido dentro de su cráneo y entonces corrigió y lo llamó como se llama: Braulio. Para que le perdonaran su repentina e involuntaria amnesia, a la asistencia le dijo que él era uno de los que sin ser nativos “nos colamos” a Querétaro. Dijo que le gusta mucho la ciudad. El perdón vino enseguida.
Dicen que los vicios se pegan más pronto que las virtudes. Así que a Don Arturo le cayeron los últimos sedimentos de la memoria descosida de su antecesor. Ni cuenta se dio. De pronto decía una cosa por otra hasta que no pocos le vieron un aura de sabiduría, y en medio de ese estado de gracia empezó a innovar palabras: “Anfitrionería”, dijo para referirse a la hospitalidad; “Tonátiuh”, dijo al dirigirse al presidente del PRI, que se llama Tonatiuh. Y con su birrete de literato, le dio un pincelazo a la gramática y a la nueva edición del diccionario le agregó la palabra “aperturó”.
Pero la gente no había ido a escuchar lecciones de literatura. Y muchos no fueron tampoco a escuchar discursos. De modo que mientras los oradores disertaban, ellos se mandaban mensajes por teléfono celular, o miraban hacia arriba para escudriñar qué tan bien ha sido remozado el cielo del Teatro construido en 1946, o miraban en torno suyo, o estaban como estatuas, inmóviles; unos hasta parecían figuras de mármol, y unas a punto estaban de parecerse a las diosas griegas.
Así que cuando la ceremonia terminó, una hora después de haber comenzado, mientras las notas del “Bolero de Rabel” se esparcían en el espacio donde hace años se escuchaban las voces de los actores y aun las de los vendedores de refrescos, palomitas y chocolates, y hasta los regaños de los gendarmes porque estaba prohibido fumar sentado, amparado en la penumbra que se hacía cuando proyectaban la película, los invitados al relevo se levantaron de las butacas y con las puntas de los dedos se alzaron los pantalones, con las palmas de sus manos se arreglaron los vestidos y se alisaron las cabelleras. Luego sacaron sus teléfonos celulares y comenzaron a autoretratarse. Se saludaron entonces los que no se habían saludado, se volvieron a saludar los que ya lo habían hecho pero tenían que volver a hacerlo mientras llegaba la oportunidad de saludar al presidente municipal. Después fueron saliendo lentos, despoblando el otrora cine popular, hasta que en la escalinata de acceso al lugar no estaban sino sólo algunos que pensaron que por ahí pasarían los festejados, que ya habían salido por la puerta que da a otra calle, hasta que alguien les hizo ver que sus necesidades de saludar al que querían saludar las deben de retener hasta el día en que venga otro relevo, en ese o en cualquier otro lugar.

Comenta el contenido
Tu opinión nos interesa Tu opinión nos interesa

Rellena el siguiente formulario para comentar este contenido.





(*) Campo obligatorio


Twitter
Envía tu mensaje

Todos los derechos reservados. MEDIOS AQRÓPOLIS S.A. DE C.V. es la propietaria y/o licenciataria de los materiales publicados en este sitio.

De no existir previa autorización por escrito, queda expresamente prohibida la publicación, retransmisión, edición y cualquier otro uso de los contenidos, particularmente en algún otro sitio de internet o medio impreso, el uso de los contenidos de este sitio es solamente personal, quedando estrictamente prohibido un uso diferente a este.