Rafael Cardona

Reflexiones sobre el vandalismo

EL CRISTALAZO SEMANAL Actualizada 21/09/2014 a las 07:24    
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RAFAEL CARDONA

RAFAEL CARDONA

Reflexiones sobre el vandalismo

 
Hoy México tiene estabilidad financiera, tranquilidad cambiaria, tiene estabilidad democrática, alternancia en el ejercicio del poder y, sin embargo, en este pequeño microcosmos de Los Cabos, surge lo peor de México, lo peor, absolutamente lo no visto con tanta virulencia y con tanta violencia, en el ejercicio de un vandalismo incontrolable

Hace 29 años, la más grande tragedia sísmica en la historia de México nos dejó para siempre una huella, y esa huella contrasta mucho con los hechos vandálicos, selváticos, salvajes, registrados ahora en un municipio de una zona poco poblada de la República Mexicana, en el estado de Baja California Sur, donde se tiene quizá la menor densidad de población del país.
En San José del Cabo viven alrededor de 150 mil personas en la cabecera municipal, y en la zona golpeada por “Odile” fueron afectadas unas 10, 12 mil personas
Entonces, ¿cómo vivimos el año 85, hace 29 años? ¿Cómo estamos contrastando la reacción ante la desgracia?
Vimos, hace décadas, un fenómeno no único en nuestra historia, pero sí muy notable por sus características masivas: la actitud de la gente, en auxilio de la gente: la solidaridad.
Hoy –como cabeceó Crónica-, Los Cabos es tierra de nadie, porque no hay quién ponga el orden. ??
En aquel tiempo, la Ciudad de México fue tierra de todos.
Todos, de una manera o de otra, fueron en auxilio de sus semejantes, y si no había suficientes ambulancias alguien prestaba su camioneta, en su coche llevaba un herido; ayudaba a conseguir agua o la distribuía, formaba clubes de despensa, de atención, de cobertores, cobijas, de todo. ??
-¿Por qué surgió la solidaridad? Bueno, surgió seguramente por la buena entraña de algunas personas, muchas personas, pero también surgió por la acción del gobierno.
Mucha gente dice la inacción del gobierno, yo digo la acción del gobierno porque el gobierno tuvo la oportunidad, la posibilidad de consultar el manual, el “librito”, como dicen, y decir frente a una de estas eventualidades, y para evitar saqueos, pillajes, salvajismo y todo lo demás, estado de sitio, toque de queda y aquí no se mueve nadie y a quien se mueve, le puede ir muy mal. ??
El gobierno no quiso hacer eso, el gobierno dejó a la sociedad ocupar su espacio, su sitio, confiado en la vocación solidaria de la gente.
Ya después, la solidaridad del terremoto se convirtió en el emblema solidario del siguiente gobierno, cuya política social y de legitimación electoral posterior al conflicto, fue fincada en esa misma idea solidaria, tan socorrida aquí y en otras partes del mundo a la hora de hacer política, como se vio hasta en Polonia con el sindicato de Walesa.
Ya después vinieron los polacos a hacer lo suyo y se cayó el Muro de Berlín, pero eso tiene otra narrativa, como dirían los contemporáneos. ??
Lo notable en Los Cabos hoy, en esa pequeña población, es cómo se presenta la rebeldía oportunista del saqueo. Hoy, para reducir un poco las circunstancias, simplemente no se vive con una inflación galopante como la del México del 1985, del 200 por ciento de inflación, con unos índices desempleo y de falta de inversión brutales, con fuga de capitales, con inestabilidad financiera y graves problemas económicos. ??
Hoy México tiene estabilidad financiera, tranquilidad cambiaria, tiene estabilidad democrática, alternancia en el ejercicio del poder y, sin embargo, en este pequeño microcosmos de Los Cabos, surge lo peor de México, lo peor, absolutamente lo no visto con tanta virulencia y con tanta violencia, en el ejercicio de un vandalismo
incontrolable. ??
Ya se va a controlar, sí, se va a controlar porque hay ocho mil miembros de las fuerzas armadas patrullando, ahora.
Pero ese brote nos lleva a pensar, cuáles son los motivos profundos de este clima de explosividad social y de violencia, y de asaltos callejeros, ya no para robarse un plasma, una pantalla de un centro comercial, o para robar ropa o comida, o algún electrodoméstico, ya es ir a la agresión directa, a las casas, meterse, allanar, violar, robar. ??
-¿Por qué emergió de las coladeras de la conciencia social, la podredumbre violenta, en un lugar tradicionalmente tranquilo? ??
¿Estamos viviendo en un país donde debajo del pavimento, de la tierra, de la arena o del agua, hay una olla en hervor de rencores sociales?
¿Estamos cocinando la tradicional falta de oportunidades, estamos cocinando el podrido guiso del revanchismo social, acentuado por la desigualdad entre todos los mexicanos, en todas partes del país, todos los días, a lo largo de toda la historia? ¿Eso nos está pasando y este brote virulento es una de sus expresiones?
Es simplemente un caso de delincuencia colectiva, o una advertencia masiva de cuanto puede pasar más adelante, si no corregimos el peor -o uno de los peores-, problemas de México, la injusticia intrínseca a la desigualdad, su peor consecuencia, su peor
expresión. ?
También puede ser, sin embargo, la simple manifestación del oportunismo malvado. La ocasión fabricante de ladrones. Como sea, el espectáculo fue triste, preocupante y socialmente dañino.

RÉPLICA

El viernes pasado en la emisión de “El mañanero”, este redactor se refirió a la proliferación de las casas de apuesta (casinos) en la delegación Benito Juárez como una muestra de la capacidad negociante del gobierno delegacional (en el marco de la degradación política del PAN) y su mala administración.
El delegado Jorge Romero (o jefe delegacional; para seguir con el mal uso de las palabras) llamó a Televisa e invocó su derecho de réplicar. “Brozo”, moderador de “Debatitlán”, le concedió el tiempo. No lo hubiera hecho.
El funcionario se metió solito en un berenjenal donde solamente una cosa quedó clara: no sabe ni siquiera defenderse; quedó como un farragoso abogado de su propia causa y exhibió una triste pobreza discursiva. Y para algo tan sencillo a fin de cuentas como separar permisos de Gobernación y responsabilidades de administración.
Lo dicho, ante la ausencia de facultades, las delegaciones no sirven ni como adorno. Pero sí como negocio.

PRECIADO


La respuesta de Emilio Gamboa, coordinador de los senadores del PRI a las advertencias chantajistas de Jorge Luis Preciado y sus amagos de abandono de tareas legislativas frente a una supuesta embestida orquestada contra su feble partido, fue una buena muestra de claridad y dominio político.
El coordinador panista no ha entendido (tampoco) cómo se hace la política después del pacto, ni ha podido medir el peso real del bloque priista.

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