María B. del Valle

Malala Yousafzai, ejemplo de paz

ANÁHUAC Actualizada 22/10/2014 a las 06:27    
Uno de los temas que más escuchamos hoy en día es el tema de la paz. A todos nos aterra la inseguridad y anhelamos la paz en México, en Libia, en general, en todos los países del mundo.
Pero si todo el mundo quiere la paz, ¿por qué no la hay? ¿Por qué vemos tantas muertes y violencia?

La carencia de paz, se reduce a un problema de egoísmo. Querer mi bien, o el de los míos, a pesar del bien de otros. Y de ahí robos, muertes, fraudes, y mentiras.

Madre Teresa de Calcuta, decía que la paz comienza con una sonrisa, esa sonrisa que brota del interior de cada uno y que busca respetar el bien de los demás y buscar su bien, empezando por nuestra propia familia.

La paz comienza en el interior de nuestros corazones como nos lo muestra Malala Yousafzai, una niña de Pakistán, que con sólo 16 años se convirtió en la mujer más joven en ser galardonada con el Premio Nobel de la Paz por su trabajo activista en la educación y los derechos de las mujeres. La revista Time la nombró como una de las 100 personas con más influencia en el mundo este año.

Malala es de un pequeño pueblo paquistaní donde el Talibán prohibió por un tiempo que las mujeres recibieran educación. En 2009 cuando Malala tenía apenas 11 años, comenzó un blog, bajo un pseudónimo para la BBC, que contaba cómo era para ella vivir bajo las reglas del Talibán, así como sus pensamientos acerca de la educación de las mujeres. Malala escribía notas a mano y se las pasaba a un reportero de la BBC en secreto. Él las escaneaba y las mandaba por mail para mantener a la pequeña tan “protegida” durante el proyecto como fuera posible.

El año siguiente, el New York Times grabó un documental de su vida una vez que el ejército Pakistani intervino en la región. Yousafzai continuó promoviendo sus ideas, dando entrevistas y hablando acerca de ese derecho que se le había negado. Malala comenzó a recibir amenazas de muerte en su casa e incluso por la radio. En el verano de 2012 los líderes del Talibán decidieron, de forma unánime, asesinarla. En octubre de ese mismo año, un Talibán le disparó en la cabeza mientras regresaba a casa de la escuela en un autobús. Fue sometida a varias cirugías de reconstrucción del cráneo para poder recuperarse del brutal ataque. Semanas más tarde, fue trasladada a Inglaterra donde se recuperó y pasó por un largo proceso de rehabilitación.

A pesar de todo eso el papá de Malala, cuando le preguntaron acerca de la seguridad de su familia, respondió: “No dejaríamos nuestro país si mi hija sobrevive o no. Nosotros tenemos una ideología que aboga por la paz. El Talibán no puede detener todas las voces por la fuerza de las balas”.

Hace unos días se publicó el video de una entrevista que le hizo John Stewart a Malala. Stewart se lleva las manos a la boca incrédulo cuando escucha la respuesta de Malala al preguntarle cómo reaccionó cuando se enteró de que el Talibán la quería matar:

“Solía pensar que el Talibán iba a llegar y me iba a matar. Pero entonces dije, ‘si él viene, ¿qué vas a hacer Malala?’ Y me decía a mi misma, ‘Malala, sólo toma tu zapato y golpéalo’. Pero entonces dije ‘si tu le pegas a un Talibán con tu zapato, entonces no habría diferencia entre el Talibán y tu’. No debes tratar a otros con crueldad y dureza, debes luchar contra los otros pero a través de la paz, el diálogo y la educación’. Entonces dije, le diré qué tan importante es la educación, y que incluso quiero educación para sus hijos también. Y le diré, ‘eso es lo que quería decirte. Ahora haz lo que quieras’.”

Malala es un claro ejemplo de que la paz es algo que se cultiva y mantiene en el interior de cada persona y no se altera por las circunstancias externas. Al igual que Viktor Frankl, sobreviviente del holocausto judío, Malala nos muestra que para rescatar y mantener la paz, se requiere de una disposición personal diferente. Somos nosotros los que tenemos que dar el primer paso, y no esperar a que el otro lo haga. Brindando nuestra ayuda, es como se rompen los muros que hay entre compañeros de trabajo o de clase, o con aquellos que piensan diferente a nosotros, por sus creencias o preferencias políticas. No se trata de ganar y ser mejor que el otro, si no de ver por el bien de todos: del mío, de los nuestros y de los demás.

Tampoco olvidemos, que la paz no se reduce a “un no hacer daño a nadie”, la paz implica y requiere necesariamente el hacer el bien a los demás. Dicen por ahí que “la nobleza obliga”, y varias veces hemos constatado que del salir al encuentro del otro, nacerá una sonrisa y comenzará la paz.

Comenta el contenido
Tu opinión nos interesa Tu opinión nos interesa

Rellena el siguiente formulario para comentar este contenido.





(*) Campo obligatorio


Twitter
Envía tu mensaje

Todos los derechos reservados. MEDIOS AQRÓPOLIS S.A. DE C.V. es la propietaria y/o licenciataria de los materiales publicados en este sitio.

De no existir previa autorización por escrito, queda expresamente prohibida la publicación, retransmisión, edición y cualquier otro uso de los contenidos, particularmente en algún otro sitio de internet o medio impreso, el uso de los contenidos de este sitio es solamente personal, quedando estrictamente prohibido un uso diferente a este.