Andrés Garrido del Toral

El Querétaro legendario

Querétalia 02/11/2014 a las 08:14    
Entrevista a “La Llorona”
Sin lugar a duda, la leyenda mexicana que más impacta en el ánimo de los infantes mexicanos es la de “La Llorona”, la cual hemos oído sentados en las piernas enjutas de nuestros abuelos o en furtivas escapadas nocturnas a lugares oscuros de parte de un compañerito.
Por ello me armé de valor y con un alipús entre pecho y espalda me di a la tarea de buscar a dicha señora en una noche de luna a la orilla del río en la huerta de la familia Flores en Tolimán, acompañado de mi inseparable amigo de aventuras –desde la niñez- Alfonso Núñez Hernández. La idea era entrevistarla para la afamada revista de loterías de culturas populares y averiguar el por qué de su leyenda. Estábamos muy machitos esperando a la chillona cuando a las 2:00 de la mañana vemos acercarse hacia nosotros, como flotando, una silueta femenina con un vestido largo, de estatura alta, con el pelo negro y largo, tapándole la cara. Con los ojos desorbitados nos atrevimos a preguntarle que ¿quién era? Ella solamente contestó: “A la que andan buscando y que lleva casi cinco siglos apareciendo por el cielo nocturno de México”. Con temulenta voz y balbuceando penosamente le expliqué mi idea de hacerle una entrevista para una digna revista queretana, y ella aceptó con la sola condición de que no le fuera a cambiar nada, porque si no respetaba yo el acuerdo iba a venir a jalarme de las greñas cualquier noche de luna llena. También me advirtió que no utilizara grabadora alguna porque su baja voz de ultratumba no es registrada en nuestros aparatejos y que me pusiera a escribir como los reporteros de antes, no como Alejandro Guillén, “El Diablo”, que todo lo deja a su santa memoria.

“La Llorona” fue entrevistada en exclusiva por el cronista del estado; habla sobre de dónde viene y quién fue.


Emocionado y nervioso comencé a preguntarle por el origen de su leyenda o por precursores de ella y me contestó que “la diosa azteca Cihuacóatl aparecía muchas veces como una señora compuesta con unos atavíos como se usaban en el Palacio Virreinal y decían también que de noche voceaba y bramaba en el aire... Los atavíos con que esta mujer aparecía eran blancos, y los cabellos los tocaba de tal manera que tenía como unos cornezuelos cruzados sobre la frente, y al enumerarse los agüeros con los que se anunció en México la llegada de los españoles y la destrucción de Tenochtitlán, el sexto pronóstico fue que de noche se oyeran voces, muchas voces como de una mujer angustiada y con lloro decía: ¡Oh, hijos míos, que ya ha llegado vuestra destrucción! Y otras veces decía: ¡Oh, hijos míos!, ¿dónde os llevaré para que no os acabéis de perder? Estos agüeros o presagios, entre ellos el de la mujer llorosa, ocurrieron diez años antes de la llegada de los españoles, pero para el destacado historiador Miguel León-Portilla dichos sucesos tuvieron lugar a partir de 1517, es decir, dos años antes de la llegada de Hernán Cortés a nuestro territorio. Este fenómeno fue oído muchas veces y muchas noches”.

 

-De estas versiones prehispánicas de “La Llorona” no podemos hacer a un lado la hermosa leyenda maya del Caminante del Mayab, donde Guty Cárdenas, en la música, y Médiz Bolio en la letra, recrean la antigua conseja de que una nube blanca que vino y que se fue cantaba con voz de mujer y que era llamada Ixtabay. ¿Qué me dice de eso?: “Seguramente ustedes los descreídos hombres del siglo XXI van a salir con la explicación de que se trata de emanaciones de materiales gaseosos en los cenotes y los chillidos son de monos y de chachalacas. ¡Pobres de ustedes! A propósito jovencito, en el año de 1508 aparecieron sobre la Gran Tenochtitlán las fantasmas llamadas tlacahuilome, aunque coincide que en el año de 1517 tuvo lugar el antecedente de “La Llorona”, versión prehispánica”, me respondió asertiva.




Cihuacóatl, la versión prehispánica de esta leyenda



La Malinche es relacionada con el origen del espíritu

Ya entrado en confianza le argumenté que la diosa Cihuacóatl era llamada también Quilaztli, y se decía que los indígenas creían que esta deidad había sido la primera mujer que tuvo hijos en el mundo, la cual siempre paría gemelos... “Era estimada como gran diosa y decían que se dejaba ver muchas veces cargando sobre las espaldas un niño en una cuna”. Cabe mencionar que no se refiere esta versión a las apariciones como presagio de la conquista ni mucho menos con lamentos o lloridos.
Le comenté que Jerónimo de Mendieta atribuye al demonio ser causante último de tales portentos y profecías, por lo que la señora “Llorona” solamente me dijo: “qué simplista ese Cura”.
-Para otros autores, estos presagios son obra de la naturaleza que anuncia “con misterios y proféticos murmullos” lo que está por venir en el contexto de grandes convulsiones, le espeté, por lo que me contestó un tanto molesta: “Nosotros, los seres de luz y los seres de oscuridad o sutiles estamos conectados con el universo y todos sus seres. Que no vea el que no ve y no oiga el que esté sordo”.
Apoyando sus palabras le suelto ya más relajado que no hay que olvidar que esta clase de hechos también fueron presenciados en la Roma antigua, en los años anteriores al nacimiento de Cristo, coincidiendo con los hechos mexicanos en que la diosa madre de los romanos también fue vista en noches de luna llena deambulando por la metrópoli. A esta afirmación me responde con los ojos entrecerrados como diciéndome pen...: “Te digo que todo está conectado en el universo y no solamente en el plano al que ustedes le llaman Tierra. Por supuesto que lo que pasa en Roma repercute en México y viceversa”.
Le comento que algunos intérpretes de esta leyenda mexicana creen encontrar en ella el lamento de la cultura vencida, también, el arrepentimiento de La Malinche por la dizque traición a los de su raza al haber servido a Hernán Cortés. Te pregunto señora: ¿eres tú doña Marina o La Malinche?
Me contesta muy segura que: “Efectivamente, hay quienes dicen que yo no soy otra que la famosísima Malinalli que llora por remordimiento, pero se olvidan los autores chismosos que sostienen esta versión que Malintzin no traicionó a nadie, ya que como todas las naciones de lo que hoy es México, guardaba ella un odio infinito a los opresores mexicas”.
Artemio de Valle-Arizpe en sus “Leyendas de las Calles de México” te ubica a mediados del siglo xvi, cuando henchías el aire de clamores sin fin, ante las conjeturas y afirmaciones que iban y venían por y de todos los rincones de la Nueva España. Aseguraban muchos que tú habías muerto lejos del esposo a quien amabas con fuerte amor, y que venías a verle, llorando sin alivio, porque ya estaba casado de nuevo, y que de ti borró todo recuerdo; también, varios cronistas afirmaban que eres el ánima de una mujer que nunca pudo logar desposarse con un buen caballero a quien querías, pues la muerte no te dejó darle tu mano, y que sólo a mirarlo tornabas a este bajo mundo, llorando desesperada porque él andaba perdido entre vicios como mi compadre Chino García me dijo. ¿Qué me puedes decir de estas versiones? Sin descubrirse el rostro más que a la altura de los ojos, tapada con su gran cabellera me contesta: “Ni que fuera Paquita la del Barrio o la loca de la Lupe DÁlessio”.
Insisto y le digo que muchos referían que eras una desdichada viuda que se lamentaba así porque sus huérfanos estaban sumidos en lo más negro de la desgracia, sin lograr ayuda de nadie; no pocos eran los que creían que eras una pobre madre a quien le asesinaron todos los hijos y que sales de la tumba a vengarlos; gran número de parroquianos sostienen al calor de las copas en noches de ronda que tú habías sido una esposa infiel y que, como no hallabas quietud ni paz en la otra vida, vuelves a la Tierra a llorar de arrepentimiento; o bien, numerosas personas contaban que habías sido una ejemplar esposa a quien el marido celoso asesinó con un puñal empujado por injustas sospechas. ¿Te sientes identificada con alguna de esas versiones? Dame tu respuesta por favor, porque México lleva casi quinientos años esperando desvelar tu misterio.
Con la mirada fija en mi amigo Alfonso Núñez, “El Verijas”, nos contesta que va a hablar por primera vez y únicamente con la verdad: “Era una mujer española originaria de la Península Ibérica, llamada María Luisa de Olivos, que en un arranque de locura y celos di muerte a mis pequeños hijos a la mitad del siglo XVI. Una vez que maté a mis pequeños retoños me suicidé en el Río de Los Remedios en la capital de la Nueva España y nadie pudo encontrar mi cadáver, ya que quedó atorado entre unas raíces subacuáticas y mi cuerpo se fue desintegrando por la acción de la humedad y por ser utilizado como alimento por varias especies de peces”.
Continuará… la próxima semana.
* El autor es cronista del estado
 
Antecedentes

Cihuacóatl
Diosa prehispánica (1517)
Caminante del Mayab
Canto prehispánico
Fanstasmas tlacahuilome
Tenochtitlán (1508)
La Malinche
Época de La Conquista

Verdadera identidad


María Luisa de Olivos Española originaria de la Península Ibérica, que en un arranque de locura mató a sus hijos y se suicidó en el río de Los Remedios en la capital de la Nueva España.

Comenta el contenido
Tu opinión nos interesa Tu opinión nos interesa

Rellena el siguiente formulario para comentar este contenido.





(*) Campo obligatorio


Twitter
Envía tu mensaje

Todos los derechos reservados. MEDIOS AQRÓPOLIS S.A. DE C.V. es la propietaria y/o licenciataria de los materiales publicados en este sitio.

De no existir previa autorización por escrito, queda expresamente prohibida la publicación, retransmisión, edición y cualquier otro uso de los contenidos, particularmente en algún otro sitio de internet o medio impreso, el uso de los contenidos de este sitio es solamente personal, quedando estrictamente prohibido un uso diferente a este.