Rafael Cardona

Los caminos del inframundo

EL CRISTALAZO SEMANAL Actualizada 02/11/2014 a las 08:13    
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Cíclicamente desde los tiempos de don Manuel Gamio y algunos otros astros de la arqueología mexicana, Teotihuacán nos ofrece vestigios recuperados a la luz en cuyos arcanos podemos encontrar claves para la vida o la muerte, al menos si queremos mirar el presente o el futuro con los ojos de quienes vivieron antes en estas tierras.
Han hallado los arqueólogos de hoy rastros de alimento, trozos de ofrenda y otros elementos medianamente respetados por el tiempo y lo han hecho precisamente en los días más negros y tristes de la vida mexicana. Nos han mostrado el camino simbólico al inframundo, el Mictlán mexica, así haya sido en su equivalente teotihuacano, precisamente cuando todos los caminos de hoy nos llevan a buscar en otras excavaciones las posibilidades de solucionar un enigma cuya vigencia ha resquebrajado de manera inevitable el edificio nacional.
Así como en las construcciones prehispánicas (y también pre mexicanas) hallamos una pirámide cuyo piso envuelve el edificio anterior, el cual es envoltorio del previo y así sucesivamente, los hallazgos forenses de nuestros días, en Guerrero y otras partes del país, nos muestran cómo todo se nos va en desenterrar osamentas sin importar la edad de los vestigios.
Si los discípulos de Ignacio Bernal o Eduardo Matos cavan en pos de las claves del pasado, los forenses mexicanos, los policías, los procuradores de ahora buscan en fosas clandestinas los indicios para nuestro futuro. pues no habrá posibilidades de concordia nacional hasta en tanto no se eluciden de manera debida todos estos asuntos tan espantosos y tristes.
Pero mientras nos dedicamos a la arqueología forense, si esa disciplina existiera, debemos revisar los hechos y hasta dónde han llegado en estas horas cercanas en las cuales la figura presidencial ha sido por momentos rebasada.
La reunión entre el Jefe del Estado, Enrique Peña Nieto con los padres de estudiantes desaparecidos, fue todo cuanto se quiera menos cuanto se quiso.
Si se pretendió dar una imagen de preocupación se logró. Pero si se quiso ofrecer una contundente presencia de solución rápida del problema y de solidez institucional, el resultado fue raquítico. Los afectados, sensibles y estimulados en su dolor por la realidad y quienes soplan en el brasero de los rencores y las acusaciones, se fueron con los defensores de oficio del centro Pro (Compañía de Jesús) y soltaron la retahíla de sus quejas.
Esto no sirvió para nada. Nos vamos con las manos vacías.
Y eso es lo más preocupante ahora: el vacío, no importa si se le quiere llenar con palabras.
Por lo pronto nos acercamos a un lapso cuya prolongación ya ha bautizado el ingenio como “La cuarentena trágica”. Si no ocurre nada definitivo de aquí a entonces, el miércoles se colmarán los primeros 40 días de estas desapariciones en cuyo desenlace se barajan varias hipótesis.
1.- Están muertos.
2.- No todos están muertos; algunos huyeron al monte.
3.- Fueron calcinados y regadas con cloro las cenizas para diluir el ADN y echadas al río.
4.- Los tiraron al mar.
5.- Están vivos y el gobernador –Rogelio Ortega-- puede negociar (así lo ha ofrecido) su libertad.
Pero mientras la realidad espera su turno para decirnos la verdad, el daño institucional ha sido tremendo e irreparable. O al menos, por ahora,
irreversible.
El tsunami ya se amplía de manera peligrosa. Los alumnos del Instituto Politécnico Nacional, crecidos en su agigantada condición de interlocutores a quienes todo se les concede y entrega, ya claman por un paro nacional; los integrantes de la coordinadora guerrerense del magisterio disidente (casi no hay de otro), toman plazas y edificios, incendian, queman, rompen, atacan; en Acapulco las calles se llenan de manifestantes y en un raquítico bar de segunda aparecen cinco ametrallados.
En el Ajusco la policía se cubre de gloria porque resuelve un secuestro colectivo mediante una negociación menor y sueltan a seis triatletas y un entrenador, mediante el pago de 250 mil pesos por los siete retenidos en el cada vez más evidente corredor criminal Morelos-Guerrero-Michoacán donde no hay ley sino la de los delincuentes, asociados en grados mayores o menores con las autoridades municipales y estatales.
Ya hay quien halla una extraña coincidencia entre el secuestro de los triatletas en el Ajusco y la ceremonia de entrega de bandera a la delegación mexicana en los juegos Centroamericanos y del Caribe Veracruz 2014.
A la misma hora de los discursos en Los Pinos, se anunciaba la negociación y se proclamaba la determinación de resguardar con un círculo de hierro a los deportistas en justa. No fuera a ser el demonio, decían.
Todo parece obedecer a un plan determinado, una intención abierta para aumentar los elementos de la desestabilización.
Y la metástasis se extiende, se extiende.
--¿Hasta dónde?
Por ahora no lo sabemos, pero el incendio ya toca las puertas de Los Pinos.
El presidente se ha convertido de última instancia en último retén.
Todo le ha caído en las manos en la incomprensible escalada de un asunto iniciado como problema municipal cuya dimensión oculta fue creciendo hasta convertirse en la exhibición de todos los desajustes de un sistema en el cual nada se salva.
Ni los partidos políticos, ni las universidades, ni los poderes instituidos, ni la procuración de justicia, ni las policías, ni nada; absolutamente nada.
Todo se ha mostrado en la descarnada condición de una leprosería.

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La pregunta es simple:
--¿Si usted en un naufragio pudiera salvar sólo a una de estas dos personas, a cual escogería? ¿A Ernesto Villanueva o a Diego Valadez?
--Yo, sin dudarlo, ayudaría a Diego Valadez.
Por eso, ante la acusación de Villanueva en cuanto a la autoría de un intento de homicidio achacada al doctor Valadez, prefiero editar esta carta y ni siquiera perder el tiempo con la cojitranca alusión en su contra.
“Deploro -–ha dicho D.V.-- el atentado sufrido por Ernesto Villanueva y rechazo categóricamente las calumniosas imputaciones que me hace, atribuyéndome la autoría intelectual de ese delito.
“En estricto cumplimiento de mi obligación ciudadana de contribuir con la procuración de justicia, he comunicado a la Procuraduría General de la República mi total disposición para contribuir al esclarecimiento de esos lamentables hechos, a los que soy totalmente ajeno.
“También solicité una exhaustiva investigación que permita identificar a los responsables y que deje a salvo mi honor y mi prestigio personales. He demostrado a lo largo de mi vida profesional y personal haber actuado con probidad y con decoro, y contra cualquier conducta ilícita”.

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Quizá la decisión de la Suprema Corte de Justicia en cuanto al rechazo a la consulta sobre las reformas al sector de la energía venga a ser el último detonante para una lucha de otras dimensiones. Puede convertirse en el eslabón de una interminable cadena de sabotajes orquestados desde la izquierda radical, bajo el disfraz de la “lucha social”.
La decisión de la Corte no debe ser acatada, debe ser atacada, dicen los más conspicuos de sus ideólogos.
La serpiente incuba otro huevo.

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