Andrés Garrido del Toral*

QUERETALIA 30/11/2014 a las 06:20    

El Querétaro de ayer


¡Querétaro! La palabra más bonita del idioma español y que es resultado de la mixtura de la lengua castellana y de la purépecha, en un alarde de mestizaje cultural sin igual que nació sin sangre. Con los soberbios dibujos de Felipe González como telón, externaré los siguientes pensamientos:

Querétaro, cielo intensamente azul,
son tus hierros, tus canteras, bello encaje de tul.
El congreso de tus torres invita a la oración
Y tu historia es tan rica como tu tradición.
Noche de milagro, estrellas, sol y cruz,
surge a la vida Querétaro, y a la esperanza,
y a la esperanza, en el Cerro de Sangremal.
Pueblo noble y generoso, arcón de virtudes tus mujeres,
con atardeceres sin igual.
Feliz y próspero, Querétaro,
glorioso pasado, fecundo presente,
prometedor porvenir…
¡Querétaro!
Autor: José Guadalupe Ramírez Álvarez


La Iglesia Chiquita fue el primer templo de la región, en La Cañada. FOTOS: ESPECIALES

La riqueza espiritual de los queretanos se convirtió también en desarrollo y prosperidad material que muy pronto convirtió a la urbe en “la Tercera Ciudad del Reino”, floreciendo las grandes construcciones religiosas y civiles que le dan el prestigio de ciudad monumental, donde de pronto estalló el barroco con todo su esplendor para orgullo de esta tierra de promisión, a la que los bates han nombrado “la Jerusalén de América”, “nave barroca que navega en mar de historia”, “cuna de la civilización americana”, “ciudad barroca de Tierra Adentro”, y otra serie de epítetos muy cercanos a la realidad física y metafísica de la hoy metrópoli.
El paso del tiempo y la marejada de los acontecimientos nacionales puso a Querétaro en el epicentro de los terremotos de la historia patria, como si ese fuera su sino, el de ser protagonista y testigo de los principales acontecimientos que forjaron el espíritu de nuestro México, la tierra volcánica que heredó a sus hijos la pasión desmesurada para regar el suelo con sangre, sudor y lágrimas, cuando las desigualdades sociales o las ambiciones de extraños enemigos del exterior flagelaban sus cuerpos y almas.
A Querétaro le tocó armar el escenario donde se incubaron o se resolvieron los fastos más gloriosos y no menos dolorosos de la mexicanidad, como la Independencia, la invasión americana, la intervención francesa, el segundo imperio y la Revolución hecha Constitución. ¡Cuántas ciudades más antiguas y famosas no envidian el protagonismo de Querétaro cuando se escribe la historia nacional y mundial! Definitivamente, en Querétaro hablan las voces de la historia de México, y es y seguirá siendo el corazón de México.


Iglesia Chiquita en La Cañada, erigida en 1529, siendo el primer templo de la región, aunque no del estado de Querétaro porque el historiador Juan Ricardo Jiménez considera que se construyó primero la de San Juan Dehedó en el municipio de Amealco.
Las hortalizas, las huertas, los jardines recamados de rosas, sembrados de lirios y azucenas, matizados de amapolas y yedras azules y lindas como el cielo apacible de nuestra América: todo, forma un conjunto delicioso y agradable en La Cañada.
La plaza fue el escenario de la vida urbana, donde se realizaron las actividades públicas de la ciudad: el tianguis o mercado, las celebraciones religiosas, las ceremonias civiles, las corridas de toros, las representaciones teatrales, las proclamaciones reales y las dedicaciones de los templos. En ella también tuvieron lugar cortejos, comitivas, procesiones y desfiles.
En el valle de lo que hoy es Querétaro no había nada fundado, sólo había asentamientos en La Cañada y en lo que hoy es “El Cerrito” en la pirámide de El Pueblito, porque toda la mancha urbana chichimeca estaba hacia Acámbaro y Apapátaro.
Indómito, el chichimeca se aposenta en las cuevas que le brindan los cerros de su exuberante cañada; señores de los valles viven felices y se tornan agresivos contra quienes pretenden arrebatarles lo que saben suyo. Un día, perdido en la negrura de los tiempos, llega el hombre indómito… la serenidad milenaria la rasga el guerrero… resuena con ímpetu el teponaxtle sagrado… por encanto se levanta el primitivo adoratorio… tierra de tránsito… dinámica avanzada de razas y culturas. Pintoresca y risueña, entre laberinto de rocas milenarias, bañadas perpetuamente por manantiales de agua purísima, adornada por huertecillos de ensoñación, La Cañada es y será el lugar del descanso, de la vida alegre, del día de campo pasado con familiares y amigos sobre la alfombra esmeralda de sus pastos, bajo la fronda de sus árboles y al murmullo de sus manantiales.



El auspicio comienza a realizarse… se amontonan los años en la cuenta de los tiempos… el poderoso “Flechador del cielo”, Moctezuma I, se enamora del valle al conocerlo hermoso. Bate sobre él su reductora insignia y lo crea baluarte Imperial, dice José Guadalupe Ramírez Álvarez, cronista de la ciudad y del estado.
El Cerrito es el punto central de un patrón de asentamientos semidispersos en el valle, cumpliendo la función de gran centro ceremonial. Su época dorada es tolteca entre 900 y 1200 D.C. en el llamado Post Clásico Temprano.
Antes de 1446, nuestros campos bravíos del valle de Querétaro, no tenían otros habitantes chichimecas, palabra que quiere decir “los que chupan la sangre”. Su espíritu guerrero y sus costumbres salvajes habían hecho imposible la fundación de un pueblo en este lugar, hasta que el emperador Moctezuma puso en estos términos una guarnición que detuviera sus incursiones a los territorios otomíes (José Antonio Servín Lozada).
El valle queretano pues, donde actualmente está la ciudad de Querétaro, era una zona de frontera pero también de conflictos entre dos grandes señoríos como el tarasco y el mexica. También era tierra de guerra y tierra de nadie.
“Divino Querétaro; yo tengo mil razones para quererlo tanto; pero no nos divaguemos; ya hemos visto el teatro poco más o menos: para terminar la descripción diré que por todas las calles por que va a transitar el Rosario, la limpieza es más eficaz, los adornos más esmerados, la iluminación más espléndida, las fachadas y las bandillas y los altares, más repetidos y lujosos.”
Guillermo Prieto en “Viajes de Orden Suprema”, literato y político liberal.

LA CASA DE LOS PERROS:

Recibo con un aplauso y exijo que se cumpla el requisito no legal pero sí legítimo de que los aspirantes a un cargo de elección popular se sometan a la prueba del antidoping. El asunto no es menor si tomamos en cuenta la triste y dolorosa experiencia ocurrida en otras latitudes del país. Yo agregaría a lo allí planteado, que también se sometieran a la prueba del diván porque la salud mental y emocional de algunos pudiera estar por los suelos. Querétaro no merece ser gobernado ni por Calígula ni por Nerón, o por algún mesiánico locuaz. Quiero candidatos maduros, sin altibajos emocionales y que inspiren confianza, que amen la paz y no la guerra, que puedan mirar de frente a los ojos a su esposa e hijos, que sean conocidos y reconocidos pero por sus virtudes, no por sus escándalos institucionales y personales. ¿Es mucho pedir? Les vendo un puerco a los que no se sometan a esta exigencia ciudadana.

*El autor es cronista del estado

 

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