Ana María Arias


CHANCHULLEROS

AL TIEMPO 01/12/2014 a las 06:09    
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Sabino Medina

Sabino Medina


“¿Puede la medicina ser una profesión libre, a la que no proteja ninguna ley corporativa, ninguna prohibición de ejercicio, ningún privilegio de competencia?¿Puede ser la conciencia médica de una nación, tan espontánea como su conciencia cívica o moral? Los médicos defienden sus derechos corporativos haciendo valer que no tienen el sentido del privilegio, sino de la colaboración.” Estos fueron algunos cuestionamientos que formaron parte del proyecto para la legalización del trabajo médico en la Francia de finales del siglo XVII, y al menos en nuestro país parece que aún no tienen respuesta.
Los médicos argumentan no ser Dios para justificar cualquier yerro y los pacientes pacientes lo entendemos. Lo que no entendemos, es que muchos de ellos vayan conformando una casta alejada cada vez más, de esa conciencia cívica y moral que distingue a la humanidad y sobre todo, una casta impune. Impune, porque precisamente el corporativismo que les cobija impide ahondar ni siquiera un poco en sus fallas e irresponsabilidad cuando la tienen. Son humanos y no dioses es cierto, entonces que como humanos también se les acuse, se les averigüe, se les descubra su incompetencia, pero sobre todo que se les exhiba cuando a su misión y compromiso de curar al enfermo anteponen su habilidad para exprimirle cada centavo que éste tiene.
Cualquier resfriado requiere hoy de especialistas y ahí es en donde el chanchullo de los médicos, hombres y mujeres se reproduce como hongo; ya se sabe que no todos los médicos son chanchulleros, quienes hayan sido víctimas de algunos (nada difícil) le pondrán nombre. Quien se aprovecha del dolor humano es de los que más agravio físico, moral y económico causan. Para empezar caen en blandito. El enfermo y su familia regularmente llegan a él ya desgastados en todos sentidos, susceptibles de creer lo que el médico sugiera y adivine usted qué es lo primero que requiere, sus honorarios y pruebas de laboratorio. O sea, a ojo de buen médico, como los de antes ya nadie sabe nada. Los honorarios nada más fueron por el derecho de verle, a veces por unos cuantos minutos. El tinglado está bien montado para hacer creer al enfermo que fue bien afortunado al conseguir un espacio con tan alta eminencia.
Hace unos tres o cuatro años se sabía que un especialista cobraba cuatrocientos pesos, ahora ya no hay tabla rasa, setecientos, ochocientos, mil o lo que se dejen pedir. Entre más pidan más caro será el calvario al que se encamine al paciente. Pues a los honorarios del médico y exámenes de laboratorio se sumarán estudios y estudios, todos los que sea posible pedir y que se realicen. Es parte del entramado que sostiene este muy lucrativo negocio, los exámenes y el internamiento hospitalario, aunque sea una noche, la más cara del oeste, disque para observar la evolución del enfermo. Claro, si a usted le ha tocado ser el único que lo observa, no está solo, es parte de un fornido grupo de familiares que al final son quienes cuidan al enfermo mientras los doctores se van a su casa y las enfermeras no dejan desvanecer su murmullo de pasillo hasta entrada la madrugada.
Cuando el sexto sentido que tiene el médico chanchullero para detectar que la paciencia del paciente y su economía están como liga estirada al máximo, llega con una sonrisa y un manojo de papeles en la mano diciendo algo así como: afortunadamente podemos descartar que tenga… esto o aquello, aunque sería bueno que…. Y así hasta que el enfermo o se compone con una limpia y agradece a los santos su recuperación o se agrava y se va en busca de otro “más mejor” a volver a empezar de cero y a estas alturas hasta con dinero prestado.
El asunto no es menor. Cada día personas fallecen debido a la incompetencia médica y no sin antes haber dejado, no una buena parte de dinero, sino hasta parte de su patrimonio en la industria médica impulsada por el médico chanchullero. Para que se entienda mejor, cada vez son más los seres humanos que pierden la vida, la única que tenían, la que defendieron hasta el último centavo que gastaron en médicos y tomografías y resonancias y electrocardiogramas y ozono y todo lo que usted que ya lo ha vivido quiera agregarle, provocadas por el chanchullo médico. Si es incompetencia médica es difícil de demostrar; el corporativismo los protege. Si es chanchullo o sea fraude o sea farsa mediante la que le cobran al enfermo en diferentes frentes, hospitalarios, laboratorios, medicamentos, estudios de mil nombres, ¿quién hace algo? ¿quién sanciona? ¿cómo se comprueba? el dolor de perder a un ser querido enmudece a cualquiera y las pruebas se las traga el mismo sistema que las generó.
Los mexicanos han salido a las calles a gritar su desencanto y el total de éste no es por los desaparecidos, es por el hartazgo de ser dañados impune y cotidianamente en la búsqueda de vida digna y segura. Ya lo estamos viendo AL TIEMPO.
 

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