María B. Del Valle

ANÁHUAC 31/12/2014 a las 06:00    
Año Nuevo sin plata

Aunas cuantas horas de terminar este año, quizá nos vengan a la mente un sinfín de recuerdos. Por un lado, momentos de nostalgia, el familiar o amigo que ya no está con nosotros, la casa o ciudad que dejamos por cuestiones de trabajo, la salud que quizá ya no volverá a ser la misma tras aquella cirugía, o el caer en cuenta de que nuestros hijos han crecido y cada vez requieren menos de nuestro cuidado.
La nostalgia se une a esas inmensas alegrías que vivimos estos meses, la visita a nuestros padres, el viaje que tanto planeamos, la casa que por fin pudimos construir, la boda de un hijo o la llegada del nuevo miembro de la familia.
Además de los recuerdos, existen numerosas supersticiones que se suelen practicar en estas fechas, ese sacar las maletas para que el nuevo año traiga muchos viajes, o el salir y volver a entrar en la casa con el pie derecho para atraer la buena suerte. El poner un anillo en la copa de champagne o comer una cucharada de lentejas para que sea un año con mucho dinero y fortuna, o bien el vestirse de rojo para atraer la prosperidad y el amor. En todos estos casos hay dos conceptos que se repiten continuamente y que parecen preocupar mucho al ser humano: el dinero y el amor. Buscamos esa fortuna que aparentemente nos aseguraría la felicidad, sin darnos cuenta de que esa “suerte” mal manejada podría alejarnos de aquello que realmente nos llena.
En una pequeña ciudad vivía Juan, un hombre muy recto que no se contaba entre los adinerados del lugar, era extremadamente pobre. A pesar de ello, acostumbraba compartir su modesto pan y repartirlo entre los más necesitados. Todos encontraban las puertas de Juan siempre abiertas para satisfacer el hambre y su sed, no sólo de comida, sino de tiempo y cariño, ya que escuchaba atentamente a quien se acercara a su casa con cualquier problema.
En cierta oportunidad llegó a su casa un ilustre visitante, un viejo maestro suyo, conocido en la comarca por su sabiduría y bondad. El visitante se percató de inmediato de la gran hospitalidad de Juan, quien llegaba a racionar la alimentación de su familia para ayudar a los demás. Este maestro se despidió orgulloso de su alumno deseándole mucho éxito.
No pasaron muchos meses, cuando los negocios de Juan prosperaron increíblemente y llegó a convertirse en un hombre muy rico. Desde ese momento, sus negocios lo absorbían mucho, por lo que no encontró tiempo libre para ocuparse de los pobres de su ciudad.
No había abandonado por completo su bondadosa costumbre, tenía a uno de sus sirvientes encargado de ocuparse de los pobres, y de vez en cuando enviaba grandes sumas de dinero a las clases más necesitadas. Sin embargo, ya no se hacía tan presente como antes, y la gente comentaba: “Desde el tiempo que fue bendecido con la riqueza es otra persona, antes era muy bondadoso. Quizá la bendición se transformó en maldición”.
Llegó nuevamente su sabio maestro y Juan lo recibió con mucha calidez y honor. Al entrar en el salón principal de la mansión advirtió la magnificencia que lo rodeaba; sin embargo al momento se entristeció mucho, pues en ocasiones anteriores siempre había encontrado su casa llena de necesitados y en cambio en esta oportunidad estaba totalmente vacía.
De repente el maestro se encaminó hacia la ventana y mirando a la calle le preguntó a su alumno quién era la persona que pasaba con su hacha. Juan le contestó que era un leñador que iba al bosque a trabajar. Luego el maestro hizo lo mismo con otros vecinos de su alumno y éste le respondía visiblemente sorprendido. Acto seguido, se apartó de la ventana y caminó por la habitación hasta que al final se situó frente a un espejo. Y le preguntó: ¿A quién ves?
Su alumno respondió muy sorprendido por preguntas tan simples: “Pues lógicamente que a mi mismo”.
El maestro siguió: “Si tanto la ventana como el espejo están hechos de vidrio, entonces, ¿por qué a través de la ventana ves a las demás personas, y en cambio por el espejo sólo puedes ver tu propia imagen?”.
“El motivo está claro -contestó Juan- porque el vidrio de la ventana es transparente, sin nada entre medio, en cambio el vidrio del espejo tiene dentro una capa de plata, que me permite ver mi propia imagen”.
Efectivamente, cuando el vidrio está puro, sin plata, se puede apreciar a los demás, en cambio cuando el vidrio está impregnado de plata, sólo se puede apreciar la imagen de uno mismo.
Lágrimas afloraron en los ojos de Juan, comprendió en un instante las palabras de su maestro, y supo que en un tiempo se asemejaba a un vidrio traslúcido, a través del cual se interesaba por sus semejantes, pero ahora, en cambio se había convertido en una persona que sólo velaba por sus propios intereses.
A veces nos pasa igual que Juan, sin darnos cuenta, ese aumento de puesto con mayor sueldo y personas a nuestro cargo, o la mayor educación gracias a esa licenciatura o maestría, la prosperidad que tanto deseamos a principios del año, si no la sabemos manejar adecuadamente, nos traen soledad y aislamiento. Y es entonces cuando la prosperidad se vuelve infortunio, y en vez de sentirnos más plenos y realizados, nos encontramos cada vez más vacíos.
Ojalá este año que empieza no enfoquemos todos nuestros esfuerzos únicamente en conseguir más y más dinero, porque seguramente al final del año seguiremos con un gran hueco en nuestra vida. Que la plata no empañe ni ensombrezca nuestro vidrio, sino que nuestros propósitos y deseos para este nuevo año sean el poder ver hacia afuera, el aprender a manejar asertivamente los recursos que recibimos diariamente y los sepamos invertir para nuestro bien, pero sin olvidar las grandes necesidades de todos los que cruzan día a día por nuestro camino.
¡Feliz Año 2015!

Comenta el contenido
Tu opinión nos interesa Tu opinión nos interesa

Rellena el siguiente formulario para comentar este contenido.





(*) Campo obligatorio


Twitter
Envía tu mensaje

Todos los derechos reservados. MEDIOS AQRÓPOLIS S.A. DE C.V. es la propietaria y/o licenciataria de los materiales publicados en este sitio.

De no existir previa autorización por escrito, queda expresamente prohibida la publicación, retransmisión, edición y cualquier otro uso de los contenidos, particularmente en algún otro sitio de internet o medio impreso, el uso de los contenidos de este sitio es solamente personal, quedando estrictamente prohibido un uso diferente a este.