María B. Del Valle

Anáhuac 18/03/2015 a las 05:30    

columnabajounarbol@yahoo.com

Hoy en día presenciamos en todos los niveles, un gran interés por los valores “Inglés, computación y valores” es un eslogan común en los anuncios de distintas empresas, escuelas y universidades. Antiguos centros educativos, antes famosos por su propensión al pragmatismo, aseguran que están “introduciendo valores” a sus sistemas educativos. ¡Qué bueno! Ciertamente es algo que nos está haciendo mucha falta en las diferentes áreas de nuestra sociedad: escuelas, familias, empresas, instituciones de gobierno, en la calle, en el tránsito vehicular, en la estructura económica, en el sistema político... Valores sociales tradicionales como: laboriosidad, respeto, orden, disciplina, honestidad, honradez, justicia, solidaridad, comprensión, tolerancia, generosidad, legalidad, equidad, lealtad, cortesía, responsabilidad y veracidad, son virtudes que hacen trabajar el mecanismo social y facilitan la convivencia y el progreso.
De todos estos valores, sin duda alguna el que goza hoy de más popularidad, y por el que siempre empiezan los programas, es la tolerancia. Parecería que es una virtud que “en todas partes encuentra acomodo”. La tolerancia es la bandera de esta generación. En el diccionario básico escolar, significa: Disposición a admitir en los demás una manera de ser, de obrar o de pensar. Tolerar, por su parte, significa: Sufrir, llevar con paciencia. // Disimular, permitir. // Soportar, aguantar. Heroica virtud, no cabe duda.
Lo malo es que esta virtud, si no se aclara bien, lo mismo puede significar sobrellevar al limitado o diferente, que solapar al vicioso y al delincuente. “Mi derecho es divertirme, tu obligación es aguantarme”. Lo malo es que en los hechos muy frecuentemente se comienza por promover la tolerancia, y muy rara vez se pasa a los demás valores, como el respeto o el orden. Es así que en muchos casos una educación a la tolerancia que se queda sólo en tolerancia, fácilmente se convierte en una educación a la impunidad.
Un claro ejemplo a este tema es la reciente inconformidad en los medios y redes sociales producida por las declaraciones de la famosa pareja de diseñadores homosexuales Dolce-Gabbana. Los diseñadores concedieron una entrevista a la revista italiana Panorama en la que hablaron y defendieron a la familia tradicional, según señalaron, la formada por un padre, una madre y los hijos. Aludieron además a las diversas maneras en las que hoy en día se forman las familias y se tienen hijos, lo que ha causado un gran revuelo en diversos sectores sociales.
Asímismo, la pareja expresó su oposición a la fecundación in vitro. “Procrear debe ser un acto de amor. Hoy ni siquiera los psiquiatras están listos para afrontar los efectos de estas experimentaciones”, señaló. “La familia no es una moda pasajera. En ella hay un sentido de pertenencia sobrenatural”, comentaban en dicha entrevista en la que comentaban: “No me convencen los que yo llamo hijos de la química, niños
sintéticos”.
Ese día, Domenico Dolce también se expresó a favor de la familia natural. “Nosotros no hemos inventado la familia. La ha convertido en un ícono la Sagrada Familia. Y no es cuestión de religión o estado social, no hay vuelta de hoja: tú naces y hay un padre y una madre. O al menos debería ser así”, indicó. Insistió que la vida tiene su proceso natural y que hay cosas que no deben modificarse, y una de ellas es la familia.
Estas declaraciones provocaron la ira de un grupo de artistas homosexuales, los cuales iniciaron una campaña para boicotear los productos de dichos diseñadores. Ante ello, Stefano Gabbana calificó que el boicot contra su marca sólo demuestra que hay “intolerancia a las opiniones diferentes”. “¿Yo te condeno porque no piensas como yo? ¡Locura! ¡Es como si yo los boicoteara a ellos porque han decidido tener dos hijos in vitro!”, escribió Gabbana en su cuenta oficial de Instagram.
Ante estas declaraciones de los artistas ofendidos podemos reflexionar sobre la tan defendida y promovida tolerancia. A veces parece que algunas minorías que defienden ciertas corrientes de pensamiento exigen, y con todo derecho, respeto a sus opiniones, sin embargo, estas mismas personas no saben aceptar y respetar opiniones y formas de pensar diferentes a las suyas.
Si seguimos promoviendo la tolerancia como valor primordial y olvidamos promover el respeto y la legalidad, tendremos que seguir tolerando, cada día más, la corrupción, el vandalismo, la grosería, la ratería, la violencia familiar y callejera, los asesinatos en escuelas, las muertes, la esclavitud sexual, la prostitución infantil...
Bienvenidos sean los valores, pero tenemos que promoverlos de forma completa y darles su debido orden. Para lograrlo tenemos que elevar el espíritu y situarnos en un nivel superior de pensamiento y de conducta para así lograr hacer de este mundo una sociedad cada vez más humana.

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