Mario Arturo Ramos

Centenario de un notable de Guaymas: Edmundo Valadés

Desde el Calvarito 23/03/2015 a las 05:30    
La mañana fría de marzo calaba hasta los sentimientos. La cita con Manuel Roja: Director teatral, pedagogo, historiador, funcionario cultural y mexicalense de cepa, se pactó en el “siempre vivo” Café La Habana, ahí, en el lugar capitalino donde el aroma y las letras son actores habituales.
Rojas se declara: “El más popular de los historiadores sobre la Nación Apache”; ha escrito libros sobre Joaquín Murrieta -“El Patrio”-, Heraclio Bernal, El rock Tijuano, etc., etc., y ha compartido sus conocimientos sobre su tema principal, el teatro, en cátedras de instituciones de Educación Superior en su ciudad natal y en otros rumbos. También dicta conferencias y charlas sobre diversos asuntos, que generalmente plasma en libros. En los últimos años, la mexicanidad del caudillo apache Jerónimo ocupa sus afanes.
Al llegar a la cafetería en una de sus mesas me esperaba el dueño de un yo-yo con colores del arcoíris, que es el juguete central que ocupa casi casi todos sus esfuerzos vivenciales, el yo/yo, sello que distingue a su trabajo de creador e historiador bajacaliforniano.
Las primeras horas citadinas del final del invierno en el Valle del Anáhuac, con sus paisajes nevados anunciaban la próxima llegada de la primavera, con café caliente y banderillas crujientes.
Manuel Rojas pertenece a la que llamo “Narrativa contemporánea del Golfo de California” y lugares aledaños, los nombres sobresalientes forman un torrente inigualable, mencionaré algunos: Ramón Rubín, Inés Arredondo, Guillermo Jordán, Federico Campbell, Daniel Sada, Gerardo Cornejo, Rosina Conde, Élmer Mendoza y tantos, y tanto. Entre ellos destaca Edmundo Valadés, periodista, editor, promotor cultural, crítico literario y escritor notable, nacido en el Puerto de Guaymas, Sonora.
El diálogo con Manuel, como siempre, es una sesión de discrepancias amistosas que siempre termina con la vieja opinión que tengo de los escritores exitosos que se autoproclaman o los que son ungidos por los lectores y el tiempo.
De regreso a casa pensé en el Puerto de Guaymas, lugar natal del autor al que conmemoramos en su centenario.
“Vivimos en una sociedad que nos aprisiona y nos asfixia, en que la lucha por la vida es así, siempre, innoble y en que se nos obliga a admitir, aunque sea dientes afuera, la mentira. Escribir es entonces hallar ese mundo con otro tiempo y otro espacio, donde se puede respirar plenamente”. Edmundo Valadés (22 de febrero de 1915, Guaymas de Zaragoza, Sonora - 30 de noviembre de 1994, Ciudad de México).
El catálogo de obras narrativas -cuentos y ensayos- producto del talento de Edmundo es amplio, debo citar algunos títulos: “El libro de la imaginación”, “Por caminos de Proust”; “Solo los sueños y los deseos son inmortales”, “Palomita”; “Las dualidades funestas”; “La Revolución y su novela”; y el célebre “La muerte tiene permiso”, publicado en 1954: tal y tal.
En su labor como informador se debe destacar su labor como jefe de redacción de la revista Hoy, América; coordinador de las secciones culturales de los periódicos Excélsior, Uno más Uno y El Día; colaboró en Novedades, El Nacional; fundador, editor y director de la inolvidable publicación: El cuento.
En su labor de funcionario participó en la Oficina de Prensa de la Presidencia de la República; en otra de sus facetas profesionales impartió la cátedra de periodismo en el Centro Mexicano de Escritores, tarea genial que permitió a Juan Rulfo expresar sobre Valadés: “A este hombre, los cuentistas mexicanos le debemos lo que somos, si es que somos algo”.
El miércoles 11 de marzo del 2015, a la cita del Café La Habana, en la Sala Manuel M. Ponce se rindió homenaje al centenario del guaimense universal. Representantes de la República de las letras convocados por su nombre se reunieron para hablar de su obra y de él. El moderador de la mesa Luis Bernardo Pérez, parafraseando a José Emilio Pacheco señaló: “(Edmundo) dividió su tiempo entre su obra y la difusión de libros ajenos, compartió su entusiasmo, tendió puente hacia otras literaturas, revaloró el pasado y estimuló a los que empezaban”.
Me parece una llamada de atención certera para aquellos que se sienten los mejores y pregonan sin recato su “genialidad”, lección impartida por el ganador de la Medalla Nezahualcóyotl de la SOGEM 1978, Premio Nacional de Periodismo 1981, por Divulgación Cultural.
La conmemoración centenaria estaría chata si no compartiéramos un fragmento del imborrable: “La muerte tiene permiso”:
“Se pone a votación la proposición de los compañeros de San Juan de las Manzanas. Los que estén de acuerdo en que se les dé permiso para matar al Presidente Municipal que levanten la mano. Todos los brazos se tienden a lo alto. No hay una sola mano que no esté arriba. Categóricamente aprobado”.
 
edmundo

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