Andrés Garrido del Toral

QUERETALIA 28/06/2015 a las 06:00    
El nuevo embalsamamiento al cuerpo de Maximiliano fue llevado a cabo por cuatro médicos capitalinos que reimplantaron los órganos del cadáver en sus cavidades naturales -los que Vicente Licea conservó en recipientes de plomo- para acabar con las suspicacias de que se había traficado con ellos, y tuvo un costo de doce mil pesos para el gobierno federal, más otros setecientos y pico de pesos por sustancias químicas, amén de que uno de los médicos que la hicieron murió intoxicado por veneno cadavérico. Se colocó al cadáver en nuevo ataúd, de madera de rosas y zinc vestido con un curioso traje que parece plastificado, como de Batman. El 3 de octubre de 1867 fue entregada la mortaja al almirante austriaco Tegetthoff y subido a La Novara, la misma embarcación que en el lejano 1864 lo trajo desde lejanas tierras. Todavía el 5 de octubre los marinos austriacos divisaron el Pico de Orizaba desde altamar, arribando a Trieste el 16 de enero de 1868, donde es trasladado en FFCC a Viena, a donde llega finalmente dos días después. De Capuchinas Querétaro al convento de Los Capuchinos de la capital de Austria ¡Macabra semejanza!
Una noche otoñal de 1867, la noble y leal ciudad de Santiago de Querétaro parecía dormir, cuando las familias modestas del barrio de Santa Ana entran en zozobra al ser despertadas por un aullido agudo proveniente del poniente que siembra espanto no nada más en los niños sino también en los mayores, los que se organizan y envían a los más osados a averiguar en el cercano Cerro de Las Campanas la causa del lastimero llanto. No tardaron mucho en dar con un animal enorme que profería aquel sonido: se trataba de un perro lebrel, al que algunos identificaron como “Bebello”, aquel noble can que -habiendo seguido al general Miguel Miramón desde San Jacinto- se había encariñado con Maximiliano, quien lo adoptó para sí y era su inseparable compañero en los paseos vespertinos de La Cruz hacia el centro citadino. Al concluir el sitio fue entregado al comandante militar y gobernador de Querétaro, Julio María Cervantes, quien lo llevó a su casa y de la cual el fino animal se escapaba porque le daban de comer sobras de los banquetes del restaurantero Paco “Bolas”. Ahora, cuando todavía estaba caliente la sangre de su amo en las piedras del cerrillo lúgubre, buscaba lastimeramente a quien tanto amor le dio. Los santaneros no se atrevieron a cogerlo y se dice que por muchos meses más el noble perro recorrió La Cruz, Capuchinas y el Cerro de Las Campanas en busca del austriaco que tanta compasión tuvo por los animales, pero no con los millares de hombres que murieron por su causa. Para no ser molestado por quienes querían atraparlo, el noble animal prefería deambular en busca de su dueño por las madrugadas, despertando con su aullido lastimero al vecindario, sobre todo al de la parroquia de Santa Ana, los que inclusive organizaron rondas, encabezadas por Toño Pacheco Aguillón “El Coño”, para atraparlo y cesar así con ese sufrimiento generalizado. Avisado de esta empresa el prefecto Benito Santos Zenea intensificó la búsqueda del animalito, de quien unos chismosos vecinos decían que se escondía en las horas diurnas en la cueva del Cerro de Las Campanas, muy cerca del lugar donde su entrañable amo había sido fusilado. Se montó una guardia de policías municipales para atrapar a la criatura que no dejaba dormir a la población queretana por los cada vez más intensos aullidos nocturnos.
Para el mes de octubre siguen todavía los trabajos de reconstrucción en la triste ciudad porque existen cañerías destruidas, casas derruidas hasta los cimientos, hogares sin puertas ni ventanas que sirvieron de hoguera a la soldadesca, trincheras abiertas y desperdicios bélicos regados por todas partes. Era tanta la penuria que hasta el reloj de San Francisco -catedral de Querétaro- se detuvo porque no hubo dinero para pagar al encargado de darle cuerda. No era raro encontrar infantes semidesnudos temblando de hambre y frío. La beneficencia era inexistente y los agiotistas muchos. El fantasma del cólera parecía asomarse en el valle queretano por culpa de insistentes rumores que finalmente fueron aquietados por los médicos que diagnosticaron “diarreas primaverales”. ¡Qué bueno que no fueron diarreas cerebrales como las que les da a ciertos gobernantes!- atajó “Coño” Pacheco Aguillón con su lindo carácter agridulce.



FOTO: ESPECIAL






Julio Ma. Cervantes no ha dejado de llamar a los más talentosos queretanos a participar en la reorganización de la justicia, catastro, seguridad pública en caminos, hospitales, hacienda pública e instrucción primaria y secundaria, entre los que contamos a Agapito Pozo, Silvestre Méndez, Hilarión y Luciano Frías y Soto, José María Rivera, Francisco Diez Marina, Bernabé Loyola, Carlos María Rubio, Manuel Marroquín, Nicolás Campa, Próspero C. Vega y Zacarías Oñate, a lo que el indejo de “El Brutus” dijo: “Puros señores con nombre de calle”. No sé por qué, ya desde entonces, los ricos de mi Querétaro del alma demostraron que el capital y sus propietarios no tienen partido político: están con el que gane los muy caones, cero ideología, cero convicciones. ¡Pobrecitos de los ricos: lo único que tienen es dinero como el indejo de Donald Trump!
Aparte del envenenamiento de uno de los médicos que le hicieron la necropsia a Maximiliano en el ex convento de San Andrés de la Ciudad de México, también fue muy comentado otro caso de notable y macabra coincidencia: el presidente del Consejo de Guerra que juzgó a Maximiliano, el coronel Platón Sánchez, y uno de los miembros de ese jurado, morirían asesinados poco tiempo después del juicio de Maximiliano, sin pena ni gloria, en una sublevación de antiguos soldados imperialistas incorporados por la fuerza en las tropas republicanas. ¡El Universo estaba haciendo justicia divina según los queretanos imperialistas!





“Bebello”, el perro adoptado de Maximiliano, solía pasear por La Cruz en las madrugas en busca del austriaco, despertando con sus aullidos al vecindario FOTO: ESPECIAL







CRÓNICAS PEREGRINAS

Amigos lectores, este armero y placero presenta su más reciente obra, “Crónicas Peregrinas”, el próximo miércoles 1 de julio a las 18:45 horas en el auditorio del Museo Regional. Se trata de mi obra más sentida, la más hecha con el corazón, la que me da vida en estas horas difíciles. “Sirenas Queretanas” es mi consentida por graciosa y haberla hecho con el hígado; “Maximiliano en Querétaro” es la más importante de mis obras por haberle dedicado tantos años y ser mi especialidad; la más popular de mis creaciones es mi coordinación y colaboración en “Personajes de la Vida Cotidiana”, obra taquillera que en sus dos presentaciones colmó con llenos absolutos el Teatro de la Ciudad con la amable presencia de mi gobernador José Calzada Rovirosa y su gentil esposa. Pero estas “Crónicas Peregrinas” están condenadas a acompañarme siempre en mi vivir porque son realmente un pedazo de mi corazón, hechas con mucho amor, con mi gratitud hacia Dios y sus infinitas creaciones, donde recreo amores imposibles, anécdotas estudiantiles y políticas, payos, bardos, aristócratas, pero sobre todo al Querétaro peregrino, raro, maravilloso, poco común y precioso, no tanto por sus maravillas barrocas sino por la calidad de su gente, la de hogaño y antaño. Aparte de una velada musical, estaré acompañado de dos grandes figuras del arte queretano: el gran maestro Aurelio Olvera Montaño y el famosísimo poeta y compositor Mario Arturo Ramos Muñoz, baluartes de la cultura nacional y local, por lo que quise que ellos me hicieran el gran honor de presentar mi niño nuevo en un ambiente bohemio y desenfadado, a manera de tertulia. ¡Vamos a obsequiar 500 ejemplares!
El escribir semanalmente para
PLAZA DE ARMAS no solamente es un orgullo para mí, sino una bella terapia que me obliga a escribir siempre, teniendo la fortuna de que lo que escribo para mi maestro y amigo Sergio Arturo Venegas Alarcón no solamente queda en la peregrina hoja de su afamado rotativo, sino que luego se convierte en libros, libros que no dejan de ser pasajeros, pero cuando menos duran una primavera más que mi columna periodística. El haber cumplido cuatro años ininterrumpidos de columnista en este hermoso sueño llamado PLAZA DE ARMAS, El Periódico de Querétaro, ha dado como fruto el haber hecho cuatro libros, uno por año, teniendo el respaldo de mi gobernador, don José Eduardo Calzada Rovirosa, para ofrecerlos de manera gratuita al gran público.
Si hoy recordamos a José Vasconcelos como el mayor productor de obra editorial en la historia patria, las generaciones futuras de queretanos van a admirar y a apreciar la gran obra bibliográfica del gobernante Calzada como la más sólida y grande en el curso de los sexenios. ¡Gracias a todos ustedes por comprarme mis puercos! Les vendo uno más.

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