Ana María Arias Servín

AL TIEMPO Actualizada 29/06/2015 a las 06:37    
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Ana María Arias Servín


Se vende

Contraespionaje, leí que ofrecía una compañía de seguridad privada, entre una numerosa gama de servicios de vigilancia, a través de su publicidad ambulante diseñada en un vehículo utilitario que con más pena que gloria circula por céntricas calles de esta ciudad capital.

Se dice que el contraespionaje se aplica para inhibir o tumbarles el teatrito a los protagonistas del espionaje, o sea, evitar que cumplan con su objetivo de espías, aunque tanto el que espía, como el que espía al espía violen la ley, no pasa nada, tan holgada es la manga de quienes deben hacer cumplirla, que los particulares hasta lo anuncian, lo publicitan, lo ofrecen y seguramente lo venden.

El artículo 16 constitucional ordena: “Nadie puede ser molestado en su persona, familia, domicilio, papeles o posesiones, sino en virtud de mandamiento escrito de la autoridad competente, que funde y motive la causa legal del procedimiento.
Toda persona tiene derecho a la protección de sus datos personales, al acceso, rectificación y cancelación de los mismos, así como a manifestar su oposición, en los términos que fije la ley….”

Pues dirá misa, lo cierto que en esta como en otras áreas de la vida cotidiana hay actividades que violan la ley y quienes de eso viven y se enriquecen ni siquiera tienen que hacerlo clandestinamente, porque la impunidad se extiende a la vista de todos. Con dos clics se accede a las páginas de internet en que se ofrecen servicios en esta ciudad para investigar y textualmente dice hacerlo obteniendo: Detalles de llamadas telefónicas de celulares y fijos en todo el país, datos de celulares y fijos, detalle de llamadas, desvío de mensajes de texto. Audio en directo, intervenciones telefónicas y contraseñas de redes sociales.
Está penado con años de cárcel, entre 6 y 12, el espionaje; la intervención de las comunicaciones entre 1 y 5 años: “Al que dolosamente o con fines de lucro interrumpa o interfiera las comunicaciones, alámbricas, inalámbricas o de fibra óptica, sean telegráficas, telefónicas o satelitales, por medio de las cuales se transfieran señales de audio, de video o de datos”, precisa el artículo 167 del Código Penal Federal y el 177 prevé sanciones entre 6 y 12 años a quienes violen la correspondencia.

Palabras e impunidad es lo que queda claro cuando se ve la oferta de servicios y accesorios como micro cámaras para grabar imagen y audio con dispositivos con apariencia de plumas, llaveros o para colocarlos en las casas en relojes, mouse de computadoras o espejos; micrófonos ocultos para teléfonos fijos, chips y software para celulares, equipo que permite escuchar todas las llamadas, saber qué números se están conectando y hasta recibir los mensajes de texto de otra persona.

Sé que todo es relativo, pero así como matar es un ilícito y por ello se controla la posesión de armas, empezando por no venderlas en tianguis, sería congruente controlar la venta de artilugios que ponen al alcance de cualquiera, intervenir ilícitamente en la vida privada.

Es deseable también que las autorizaciones al montón de prestadores de servicios de seguridad, vayan acompañadas de vigilancia de que todo lo que hagan sea legal. Vender espionaje y contraespionaje es tan ilegal como ridículo. Un día de estos ofrecerán secuestros y confesiones forzadas y a nadie extrañará, AL TIEMPO.

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