Ana María Arias Servín

AL TIEMPO 06/07/2015 a las 06:50    
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Ana María Arias Servín

Ana María Arias Servín

Mujeres
Mujeres son las que necesitan las mujeres para acortar la inmensa brecha que separa a unas de otras en este país de desiguales. Mujeres con poder de decisión para cambiar, para modificar, para innovar, para aplicar políticas sociales que realmente impulsen a las mujeres, porque a su vez, ellas impulsarán a sus hijos, hombres o mujeres por igual. Esta es una de las claves para un desarrollo que no acaba de llegar.
Con qué mujeres cuenta México para hacerlo, es la interrogante por resolver. Hace unos días, Margarita Zavala esposa del expresidente Felipe Calderón se apuntó para ser candidata a la presidencia de la República dentro de tres años. Para demostrar su valía argumenta que ella se presenta con su apellido de soltera para que no la definan en relación con otro, en este caso su esposo. La verdad es que si no fuera por el protagonismo adquirido como primera dama, muy pocos la conocerían y casi nadie hubiera atendido su autodestape.
Margarita dice que su ventaja sobre otros adversarios será haber estado en la política “muchos años más que ellos…pude ver nacionalmente cosas que nadie ha visto, tengo una enorme experiencia en ese sentido y llevo muchos años pensando sólo en México”. Así pasa con algunas esposas de los presidentes y gobernantes en general. El interés por el esposo se vuelve interés por su trabajo y de ahí a la incursión en las decisiones que éste tome no hay ni una almohada de distancia. “Si te conviene, no te conviene, te quieren ver la cara, yo que tú no me confiaría, mejor hazle así, mejor no, ya lo pensé mejor, yo pensé que tenías más carácter, piensa en nuestro futuro, tus hijos dicen, mi mamá dice, mis hermanos dicen, la Mis de los niños dice, fulanito me parece valioso, la esposa de perenganito me da mala espina, bla, bla, bla….”
De ese nivel de interés por México es de donde surgen las mujeres que se consideran suficientemente preparadas para gobernar, es decir, como ya gobernaron entre telas y telones están convencidas que ellas lo pueden hacer mejor que al que aconsejaron. Es posible, pero los resultados que hemos visto de mujeres que si no es por el poder de sus esposos ni quién las conocieran, no dicen nada. Se ha mencionado más el nombre de Marcela Torres Peimbert, que figuró como primera dama de este estado por ser esposa del ex gobernador Francisco Garrido Patrón, por su apoyo a los candidatos panistas y su controvertido apoyo explícito a Ricardo Anaya para presidir el CEN del PAN, que por su trabajo como Senadora de la República. Por cierto, en el evento oficial en que se emitieron los lineamientos para esa elección, al que el resto de los integrantes asistieron vestidos formalmente como ameritaba el asunto, la ex primera dama de Querétaro calzaba “huarachitos” playeros, de esos de pata de gallo, quizá para transmitir sencillez, quizá.
Lástima que las mujeres que obtienen este tipo de poder, el de la decisión política, se pierden en la burocracia, en el cafecito, en buscar candidaturas para lo que sea apenas empiezan el encargo actual, en la frivolidad de las operaciones estéticas o viajes al extranjero a fayuquear a costa del contribuyente. Lástima que no heredan condiciones para que los millones de mujeres que sostienen con su empeño este país lo hagan en mejores condiciones, lejos de la pobreza extrema, de la violencia, de la injusticia.
Me gustó que el nuevo partido político Morena haya sorteado un buen número de candidaturas, porque esto permitió que mujeres jóvenes o mayores de diversos estratos sociales, así al azar, tengan acceso a algún nivel de poder en el que puedan decidir por sus congéneres. Dos o tres o diez que fueran, aunque no sea en este estado, pueden empezar a tejer un nuevo hilo que conduzca a las mujeres a niveles de educación y trabajo, seguridad para ellas y sus hijos, aun no alcanzados.
No basta con no usar el apellido del esposo para mostrar independencia, como dijo la Señora Zavala, el ámbito político debe erradicar a las “Juanitas”, que sean movidas por sus cónyuges que fueron quienes les hicieron llegar. En el hogar se es esposa y éste es un compromiso que las mujeres deben cumplir a cabalidad. En la oficina pública se es servidor y a quien se debe el funcionario hombre o mujer es a quien le paga que es el contribuyente y hoy un gran porcentaje de estos, son mujeres, madres, abuelas, tías, cuyo objetivo es darles mejor nivel de vida a los niños y jóvenes AL TIEMPO.

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