José Luis González Garibay

Reflexiones Actualizada 11/07/2015 a las 07:22    
Día del Abogado
Amables lectores, con la anuencia de ustedes y de los editores de este medio de comunicación, me gustaría compartirles las razones por las que decidí estudiar la carrera de abogado, así que, con su permiso, comenzamos:
Seguramente ya les comenté que yo nací y viví en Hércules, y que cuando me trasladaba a mi trabajo inicialmente soñaba con estudiar la secundaria, y cuando esto sucedió mi anhelo era estudiar la preparatoria; en ese entonces trabajaba yo en una carnicería que en ese entonces se encontraba ubicada donde ahora es la Plaza Constitución, así que cuando concluí mis estudios de bachiller me encontraba en un dilema, porque mi deseo era estudiar medicina, sin embargo, eso significaba salir de Querétaro para buscar un lugar donde sí se impartiera esa carrera, pero además tenía la duda de si era posible que fuera compatible mi trabajo con los estudios, ya que eso significaba que durante la mañana una parte la dedicara a mis estudios.
Afortunadamente los dueños del comercio donde trabajaba no solo me apoyaban para que siguiera mis estudios, sino que además me aportaban el dinero suficiente para adquirir los libros y útiles, así que de las licenciaturas que en ese entonces impartía nuestra Alma Máter decidí estudiar la carrera de Leyes.
Cuando cursaba, si más no recuerdo, el tercer año se construyó lo que hoy conocemos como Centro Universitario en el Cerro de las Campanas, que en aquella época no existía un solo transporte que me dejara a la entrada de lo que hoy es nuestra querida Universidad.
Son inmensos y muy agradables la mayoría de los recuerdos que comparto de esa época, pero la gran mayoría, sino es que todos, de los docentes eran y son extraordinarios maestros, ruego que me permitan mencionar a algunos de ellos, aclarando que varios ya se incorporaron al seno de Dios, Don Guadalupe Ramírez Álvarez, quien después de ser Director de la Escuela de Derecho fue Rector de la Universidad; a quien considero el mejor de mis Maestros, Don Jorge García Ramírez; a una extraordinaria mujer y Maestra, Sonia Alcántara Magos; a Don Carlos García Michaus; al Maestro Francisco Durán; al Filósofo Antonio Pérez Alcocer; al Dr. José Alcocer Pozo y a quien nos impartió la cátedra de garantías y amparo, el Maestro Rodolfo Guevara Montes; como ven a cada uno de ellos, y a quienes por espacio no menciono, les debo una formación apegada a la honestidad y al trabajo correcto.
Cuando por fin concluyeron mis estudios presenté la tesis “La incorporación del Seguro de Desempleo al Régimen del IMSS”, mi director de tesis fue un extraordinario queretano, el Maestro José Arana Morán; así en 1976 pude rendir mi protesta para poder ejercer mi profesión.
En ese entonces, estimados lectores, deberían de existir entre 300 y 400 abogados que ejercían la profesión, algunos de ellos en el ámbito de Gobierno, otros en el Poder Judicial, pero me gustaría compartirles que existía una extraordinaria capacidad de conciliar los problemas que nos eran encargados en el ámbito jurídico, pues bastaba que uno de nosotros le llamara por teléfono al otro y le propusiera una reunión para encontrar una solución, y ambos de inmediato nos avocábamos a buscar exactamente la respuesta al conflicto legal que nos ocupaba.
Yo tuve la oportunidad, y aprovecho estas líneas para agradecer a un extraordinario hombre, Notario y Abogado, Adolfo Ortega Zarazúa, quien me recibió en mi despacho para orientarme y capacitarme en el ejercicio de tan extraordinaria profesión.
En la primera oportunidad me afilié al Colegio de Abogados, que entonces encabezaba, entre otros, el distinguido abogado Felipe González Cordero, Sergio Herrera Trejo y más adelante profesionales de la Judicatura, que sería largo de enumerar.
Con el paso del tiempo se formaron Colegios de Abogados especializados en las distintas áreas, como son los abogados laboralistas, penalistas, abogados al Servicio del Estado, y se creó la primera barra de Abogados de Querétaro, todos ellos representados por hombres y mujeres de alta significancia en la materia, y que desde aquí a nombre de este medio de comunicación, y en lo personal, nos permitimos hacerles llegar nuestro más amplio reconocimiento.
Mi profesión me permitió una vez que independicé mi despacho darle una formación a mis hijos y una estabilidad económica a mi familia; en la época en que el ahora Senador Enrique Burgos García fue electo para servir a Querétaro, me llamó y me dijo “José Luis es importante que podamos transformar la Defensoría de Oficio”, y pensando que podía al mismo tiempo mantener mi oficina de abogado y la encomienda que el Gobernador me confería acepté; sin embargo, no fue así, ya que no se puede servir en ambas circunstancias con la misma calidad.
Más delante, en el año 2003, fui invitado para hacerme cargo de la Dirección de Gobierno y del Jurídico del Municipio de Jalpan, gracias a la amable invitación del Ing. Rigoberto Torres Sauceda, allá permanecí durante 3 años y al regreso me encontré con una cantidad extraordinaria de abogados en todas las materias, y con el propósito de reiniciar mis servicios profesionales, me di cuenta que se había modificado de manera significativa el ejercicio profesional; ruego a ustedes me disculpen de no expresar ninguna crítica, porque todos mis compañeros de profesión merecen el más alto de mis respetos.
En ese entonces ya se impartían Maestrías, Diplomados e incluso Doctorados en las distintas áreas de la abogacía, ya había surgido entre otras cosas la necesidad de hablar aparte de nuestra lengua nativa por lo menos otro idioma, y además habría que agregar que surgió un aparato que vino a revolucionar todas las áreas de trabajo de los seres humanos, como son las computadoras y los programas que ahí existen.
Me gustaría simplemente, antes de concluir esta oportunidad de colaborar, decirles a ustedes que no es sencillo el ejercicio de nuestra profesión, porque cuando yo estudiaba solo existía una Agencia del M.P. y hoy prácticamente rebasan un centenar, al inicio del ejercicio de mi profesión solo existían 4 Juzgados Penales y 4 Juzgados Civiles, además de algunos Juzgados que se denominaban menores, luego entonces las cargas de trabajo eran relativamente fáciles de sobrellevar.
Hoy, cuando nosotros acudimos al ejercicio de nuestra labor, nos hemos encontrado con que las juntas de conciliación y arbitraje locales están saturadas de trabajo, las Agencias del M.P. están totalmente rebasadas por las cargas de denuncias y averiguaciones, y los Juzgados Civiles y Familiares rebasan fácilmente entre 2 y 3 mil nuevos juicios por año.
Ahora, gracias a la Reforma Constitucional están iniciándose en todo el País los nuevos juicios orales en materia penal, que buscan facilitar la impartición de justicia en esa materia, y Querétaro prácticamente ya tiene cubierta esa solicitud, salvo en el Partido Judicial más importante que abarca la Capital del Estado y los Municipios conurbados.
Como en algunas oportunidades lo he compartido con ustedes, soy egresado de la primera Generación de Mediadores que impartió el Sistema Nacional de Seguridad Pública, en ese entonces fungía como Magistrado Presidente del TSJ, el Maestro Sergio Herrera Trejo, que de inmediato se ocupó de instalar el Primer Centro de Mediación del Poder Judicial; por su parte la PGJ instaló el primer Centro de Conciliación, en la época que gobernaba Querétaro el Ing. Ignacio Loyola y posteriormente el Lic. Francisco Garrido Patrón.
Ambos proyectos hoy son altamente valiosos para que tenga éxito el nuevo Sistema Penal Acusatorio, puesto que la inmensa mayoría de los delitos puedan llegar por medio de la justicia alternativa a una solución, evitando que se desarrolle la totalidad de un proceso penal; vale la pena comentar que ahora, en materia Civil y Familiar, en cuanto es posible se busca resolver varios de los juicios a través de la justicia Alternativa, un éxito que debemos atribuir a todos los que aportaron su mejor voluntad.
En síntesis, si nos conducimos con honestidad, con respeto y con un afán de servicio, es indudable que para nosotros el día de mañana (domingo) podemos festejar el haber elegido la carrera de abogados.
Para terminar, perimirme agradecer a mi esposa por 39 años de felicidad, Gracias Lupita.
Nos vemos en la que sigue.

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