Luis Núñez Salinas

LA APUESTA DE ECALA Actualizada 06/11/2015 a las 06:58    
Luis Núñez Salinas

Luis Núñez Salinas



¿Quién es María Santísima?

Hoy en día, amable lector, hemos de comentar la participación de María Santísima de Guadalupe, una vez que partimos de este destierro y nos encontramos de frente a Nuestro Señor Jesucristo -que de ello, todos los católicos y no católicos estamos seguros de verle- a razón del pasado 2 de Noviembre, fecha en que recordamos a los Fieles Difuntos.
¿Quién es María Santísima?
Para realizar la reconciliación de los hombres, Dios preparó a una mujer, llenándola de gracias especiales para que fuera la Madre de Dios. La libró del pecado original y de todo pecado desde el primer momento de su existencia y siempre fue Santísima. Esa Mujer, María, sería la Madre de Dios y, por ello, auténtica Madre Nuestra.
Un día, Dios envió al Arcángel Gabriel a la ciudad de Nazaret para encontrarse con la Virgen María, que estaba desposada con San José. La saludó llamándola “llena de gracia”, y le expuso el Plan de Dios: ella sería la Madre del Salvador, por obra del Espíritu Santo, porque para Dios nada hay imposible.
La Virgen María aceptó de inmediato el Plan de Dios, diciendo: “He aquí la sierva del Señor, hágase en mi según tu palabra” (Lucas 1:38). En aquel mismo momento, se hizo Hombre la segunda persona de la Santísima Trinidad, sin dejar de ser Dios.
La Santísima Virgen María es la nueva Eva, la mujer perfecta, llena de gracia y virtudes, concebida sin pecado original, que es Madre de Dios y Madre Nuestra, y que está en el Cielo en cuerpo y alma; y que nos acompaña permanentemente en nuestros esfuerzos por ser cristianos con gran solicitud y amor maternal.
¿Por qué decimos que la Virgen María es verdaderamente Madre de Dios?
Decimos que la Virgen María es verdaderamente Madre de Dios porque es la Madre del Hijo eterno de Dios hecho hombre, que es Dios mismo.
¿Por qué decimos que la Virgen María es Madre Nuestra?
Decimos que la Virgen María es Madre Nuestra porque, por su obediencia, se convirtió en la nueva Eva, madre de los vivientes; además, porque es Madre de Jesucristo, con quien estamos unidos por la gracia, formando un solo Cuerpo Místico.
¿Cuáles son los singulares privilegios que Dios concedió a la Virgen María?
Los singulares privilegios que Dios concedió a la Virgen María son: su concepción inmaculada, su perpetua virginidad, su maternidad divina y su asunción en cuerpo y alma a los Cielos.
¿Qué lugar ocupa la Santísima Virgen María en el Plan de Reconciliación?
La Santísima Virgen María ocupa, en la redención, el lugar de Cooperadora de la Redención, porque colaboró con su fe y su obediencia libres a la reconciliación de los hombres. Por deseo explícito del Señor Jesús, que nos la señaló como Madre (Juan 19:27), María es verdaderamente Madre de todos los cristianos, quienes realizan su peregrinación terrena bajo los tiernos cuidados maternales y la compañía de María. Tomado de las verdades básicas del Catecismo de la Iglesia Católica.
Cuando un fiel difunto muere ¿Qué pasa?
En la hora de la muerte, los que están totalmente limpios de pecado van al Cielo para siempre. Nos enseña el Catecismo de la Iglesia Católica.
Los que mueren en gracia de Dios, pero con alguna mancha de pecado o deuda por los pecados perdonados, antes van al Purgatorio para purificarse totalmente.
Los que mueren en pecado mortal, y por tanto separados de Dios, van al Infierno, donde serán castigados eternamente por haber rechazo a Dios.
¿A que llama la Iglesia Purgatorio?
La iglesia llama Purgatorio a la purificación de los que mueren en gracia de Dios sin haber satisfecho por sus pecados; con un castigo distinto al de los condenados, se preparan para entrar en el Cielo.
¿Cómo podemos ayudar a las almas del Purgatorio?
Podemos ayudar a las almas del Purgatorio con oraciones, buenas obras, indulgencias y, especialmente, con la Santa Misa.
¿Qué es el Infierno?
El Infierno es la privación definitiva de Dios y la condenación por el fuego eterno con el sufrimiento de todo mal sin mezcla de bien alguno, porque no hay amor, sino soledad externa.
¿Quiénes van al Infierno?
Van al infierno los que mueren en pecado mortal, porque rechazaron la gracia de Dios.
¿Qué es el Juicio Universal?
El Juicio Universal es el juicio público que Jesucristo hará de todos los hombres al fin del mundo.
Dentro de la hermenéutica bíblica, existe la Exégesis, que son aquellos especialistas teólogos que, gracias a un profundo estudio y encuentro con Cristo Jesús, explican las escrituras, los Evangelios y el Antiguo Testamento.
Uno de ellos, Augustin Bea, fue quien auxilió al Papa Juan XXIII y creó el texto principal de la Carta Apostólica Dei Verbum, parte fundamental del Concilio Vaticano II (1964), hecho que transformó a la Iglesia Católica, participó en la redacción y análisis del Orientalium Ecclesiarum, Unitatis Redintegratio y Nostra Aetate.
Bea fue un experto en la apertura de un camino de relación a través de un enjambre de problemas exegéticos, teológicos, sociales, políticos e históricos para presentar un proyecto revisado de las relaciones de la Iglesia Católica, los judíos y otros no cristianos en la 88va reunión general del Concilio, el 25 de septiembre de 1964, nos narra Pedro Langa Aguilar en su libro de diciembre de 2008 “El Cardenal Agustín Bea y su visita al Consejo Ecuménico de las Iglesias”.
Ya antes había participado con el Papa Pío XII, donde ayudó en la redacción de la Encíclica Papal titulada Divino Afflante Spiritu (1943).
Recordemos que el Cardenal Bea invitó a gente no católica a trabajar en las mesas del Concilio Vaticano II, inclusive de otras religiones, y determinó las bases de las relaciones de la Iglesia Católica y religiones no católicas.
El documento que nos interesa es el Dei Verbum, que establece verdades de nuestra Iglesia Católica que fueron plasmadas en el documento, dividido en seis capítulos y que, en el capítulo II, Numeral 8, acerca de la Sagrada Tradición nos dice:
“Tercer párrafo: Las enseñanzas de los Santos Padres testifican la presencia viva de esta tradición, cuyos tesoros se comunican a la práctica y a la vida de la Iglesia creyente y orante…”.
Ya antes, al comienzo del numeral 8, observamos el siguiente texto: “Así, pues, la predicación apostólica, que está expuesta de un modo especial en los libros inspirados, debía conservarse hasta el fin de los tiempos por una sucesión continua”.
¿Esto qué quiere decir? Que la Iglesia Católica establece a la tradición Apostólica como una herencia milenaria y que solo terminará al final de los tiempos.
Esto es una garantía de nuestra Iglesia Católica hacia la salvación de las almas.
¿Cómo participa María Santísima en la salvación de las almas de los Fieles Difuntos y aquellos que no lo son?
En el devocionario católico, que existe gracias a la Sagrada Tradición, observamos en las oraciones para tener una buena muerte, dirigidas a María Santísima los siguientes párrafos:
“¡Oh, Madre de misericordia!, yo me arrojo a vuestros pies, avergonzado y confuso por mis pecados y temblando de horror por el riguroso juicio que me espera después de mi muerte.
“Temo aquel paso tremendo de esta vida a la otra, cuando mi alma entre por la vez primera en aquellas regiones oscuras de la eternidad y en aquel nuevo mundo, donde es glorificada la infinita bondad y la eterna justicia de Dios: y Qqué suerte me ha de caber allí para siempre? ¡Oh, Madre de misericordia! Rogad por mí, miserable pecador.
“Temo aquel espantoso Tribunal, donde ha de comparecer mi alma, y donde me he de ver solo frente a frente de todo un Dios para ser juzgado: ¿Y qué va a ser de mí en aquel riguroso juicio? ¡Oh, Madre de misericordia! Interceded por mí, miserable pecador…
María Santísima aparece como nuestra Abogada, nuestra Intercesora, y nuestra Madre propia y que en la realidad así es.
Y finaliza esta oración del devocionario:
“¡Oh, piadosísima Virgen María! Madre y refugio de los pecadores, a quien el Dios de las venganzas cedió el imperio de la misericordia; ya que en aquel riguroso Juicio no podré acudir a vuestra intercesión, os suplico ahora que me alcancéis la gracia de una sincera penitencia, y de una perfecta enmienda de mi vida, a fin de que al comparecer después de mi muerte ante el divino tribunal, merezca una sentencia favorable de eterna salvación.
“Por los méritos de vuestro Hijo, nuestro Señor, que en unión del Padre y del Espíritu Santo, vive y reina por todos los siglos de los siglos. Amén.
Es pues María Santísima, nuestra defensora en el juicio universal, ante la presencia de su hijo Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre.
María Madre de Jesucristo, ¡Ruega por nosotros!
Luego entonces amigo lector, no nos quejemos del México que estamos viviendo, porque en ello nos quede claro: ¡Tenemos el país que queremos! Esa es mi apuesta, ¿Y la de Usted?…

correo:luisnusa@outlook.com
Twitter: @LuisNSDG

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