Rafael Cardona

El cristalazo Actualizada 10/11/2015 a las 06:53    
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Rafael Cardona

Diálogo, debate, autoridad


Uno de los rasgos más notables de la llamada vida democrática contemporánea es, sin duda, la participación social. Hemos pasado, dicen algunos, de la democracia representativa a la democracia participativa (no se sabe si como anhelo o destino todavía, pero en fin).
Sin embargo aún no queda claro cuándo vamos a instaurar la “democracia plebiscitaria”. Todo es materia de foro, consulta, debate.
En esas condiciones el mejor sitio de la autoridad es la silla de juez, como sucede en el tenis.
Y este deseo perpetuo de incidir en las decisiones públicas, ya sea mediante “colectivos”, organizaciones no gubernamentales de oscuro o claro patrocinio, grupos de presión o apéndices de partidos políticos, solamente logra, a mi juicio, enturbiar y complicarlo todo.
Hoy, en el extremo de los absurdos entre lo legal, lo jurídico, lo político y lo administrativo, estamos hundidos en un debate a veces incomprensible: ¿Cómo convertir la sustancia de un amparo para legalizar la mariguana como si fuera té de manzanilla en medio de un corpus jurídico general cuya prohibición expresa sigue vigente?
Aquí ya no se trata de saber si la mariguana es nociva o no, si es benéfica o no, si causa dependencia o no, si nos lleva a estadios seráficos donde nada es perturbador ni violento, si nos melifica el temperamento o tiene cualquier otro efecto; no, aquí se trata de saber cómo hacemos para sacar de la cárcel a personas cuyo delito fue cometer actos hoy jurídicamente reconocidos como efectos de una aplicación de leyes inconstitucionales.
Y sobre ese absurdo, sobre el cual volveremos, se nos convoca, (¿Para qué si ya la Suprema dio su argumento supremo? Si ya cinco personas dijeron cuanto a su juicio debe regir el orden cósmico y mundial), ahora vamos a participar en un amplísimo “debate nacional” para determinar si la superficie de la patria deja de ser el maíz para darle su poético aliento a la cannabis.
Total; bueno o malo el argumento de la Corte, implica un cambio legal inminente y definitivo.
Falta saber si lo legal o lo jurídico son suficientes para cambiar la realidad: si las drogas están prohibidas para su consumo por sus efectos en la conducta humana (más allá de lo pernicioso fisiológicamente) y por eso han quedado tradicionalmente englobados en ese vago concepto de delinquir contra la salud, el bienestar físico se recupera nada más por el levantamiento de la prohibición.
Prohibir no ha dado resultado, dicen los abogados de la liberalización de esta y otras adicciones. Pues si el resultado es idéntico, deberíamos liberalizarlas todas.
Hace muchos años me contaba el recientemente desaparecido Rafael Freyre, la cocaína se compraba en las farmacias con marca y etiqueta. Venía de Alemania el polvo estimulante con un marbete fiscal y cuando hay. Casa Merck.
Si este asunto de la mariguana termina como es previsible y casi seguro; es decir, con el levantamiento de todo tipo de veto y una regulación similar a la del tabaco y el alcohol, el siguiente paso de los plebiscitarios será un foro sobre la coca y luego uno más sobre la heroína; algunos más sobre metanfetaminas, mientras cientos y miles de adolescentes (hombres y mujeres) marginados conviven en el diálogo cotidiano con su “muñeca” de activo, cemento, thinner o cualquier mezcla inhalante gracias a la cual deambulan idiotas por las calles en espera del delito o del cuchillo redentor cuyo filo los deje muertos en la mitad de la calle.
¡Ah! Pero la democracia es debatir y dialogar, no atender y cuidar a estos mártires de su propia libertad.
Así llegaremos como ocurría en el “Mundo Feliz” de Huxley, todos atascados de “Soma”, como se llamaba aquella droga mediante la cual un Estado omnímoda controlaba a sus habitantes.
Por lo pronto, el debate sobre la mariguana ya comienza a tomar forma. Ya se aprestan los mejores foros del país, ya se preparan los oradores de lengua imbatible, ya se buscan salidas decorosas para modificar leyes y costumbres.
La modernidad no le llegó a este país por el camino de la independencia tecnológica, cultural, educativa o económica: le llegó por el consumo de la mariguana. Muy poca cosa parea la historia.

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