José Luis González Garibay

REFLEXIONES Actualizada 14/11/2015 a las 06:34    
José Luis González Garibay

José Luis González Garibay


Seamos coleccionistas de soluciones


Estimados amigos, antes de iniciar con el tema, me gustaría compartir con ustedes una reflexión muy interesante: Si lanzas una rana a una olla hirviendo, el animal salta y, aunque se quema, logra salvarse. Pero si la rana se introduce en la olla en agua fría y esta se va calentando poco a poco hasta hervir, la rana nunca saltará para salirse y termina por coserse (muerta).
Desde hace más de veinte años han venido apareciendo, además de las que ya existían, una serie de propuestas para obtener “el arte del buen vivir”, La psicoterapia colectiva (grupos de auto ayuda), programación neurolingüística, coaching, tanatología, diversos tipos de práctica de yoga, los métodos de justicia alternativa, todos ellos buscando compartir con nosotros la solución efectiva de nuestros conflictos y problemas, cada uno con un valor muy significativo.
Nuestro punto de vista es que podemos asistir a un sin número de talleres, cursos diplomados y leer completa una biblioteca, pero nada absolutamente nos puede servir si no lo llevamos a la práctica.
Un ejemplo más que más que claro son las diversas religiones que se esparcen por la faz de la Tierra, pero debo dejar claro que nunca es recomendable generalizar cuando nos referimos a una situación como en este caso pudiera suceder. Hace 2000 años vino a la Tierra un ser humano del que podríamos sintetizar su enseñanza en “amaos los unos a los otros”: son la religión mas esparcida por la Tierra; luego, entonces, si la enseñanza de Jesús fuera practicada como “Él lo hizo en su tiempo”, nos encontraríamos con una cantidad de seres humanos dispuestos no solo a amar, sino además a servir al semejante, a practicar su doctrina, y viviríamos en una extraordinaria relación humana que podría concretarse en una convivencia en paz.
Curiosamente, por hacer referencia a uno de tantos personajes que han sido reconocidos sobre la faz de la tierra, nos encontramos con Nelson Mandela, quien, después de una lucha muy interesante y de pasar en prisión aproximadamente 30 años, fue liberado y más tarde fue electo Presidente de Sudáfrica, no obstante, a quien más trabajo le costó convencer de no reproducir los dolores y padecimiento que él había vivido fue precisamente a sus seguidores, que consideraban probablemente justa razón que la solución sería cobrar con la misma moneda a quienes habían encarcelado a su líder.
En ese sentido, me permito recomendar, amables lectores, documentarse en relación a lo que ahora y, con permiso de ustedes y de mis editores, para que puedan constatar lo difícil que fue lograr por parte de Mandela una sana convivencia ante quienes habían sido los opresores y los oprimidos. Fue tan grande su éxito que se le reconoció otorgándole el Premio Nobel de la Paz.
Seguramente que unos de los personajes que en vida sufrió el fracaso de su filosofía fue Mahatma Gandhi, quien después de ver a su pueblo (La India) esclavizado por los ingleses y que se sometió a una resistencia pacífica, además ayunando, vio como miles de sus seguidores enfrentaron con armas en la mano a las tropas inglesas para que al final pudiesen ver que estaba liberado el país.
Con esto y otras cuestiones, tenemos necesariamente que concluir que: filosofía que no se practica de manera constante y se transforma en el diario vivir del individuo, termina siendo letra muerta.
En la mayoría de las oportunidades nos hemos encontrado con una propuesta o recomendación que establece que no hay enfermedades, que lo que existe son enfermos. Lo anterior, amables lectores, seguramente ha sido escuchado por prácticamente todos ustedes. Yo en lo personal considero que es una gran verdad, para ello pregunto a ustedes cierto o no que, cuando tenemos un padecimiento psicológico o físico, cuando estamos conviviendo con amigos o estamos viviendo una situación de armonía, poco o nada recordamos el dolor o el padecimiento que existe, por ello, cuando por primera vez escuché que “el dolor psicológico existe por el ser humano lo permite”, indudablemente fue extraordinaria mi sorpresa y, desde luego, no lo admití.
Pero al paso del tiempo, en cada oportunidad en que me encontraba en una situación difícil y que enfrentaba un conflicto o dificultad, hacía uso de las herramientas que la filosofía del Dr. Leonel Ayala me ha proporcionado y, en efecto, lo importante para mi es observar el instante. Veía que no es que dejara de existir la situación que me afligía, pero efectivamente, la práctica constante de las enseñanzas filosóficas se había convertido en una forma de vida para el que esto escribe.
Recuerda que cuando enfrente de ti se encuentre un necesitado, debes asegurarte que este no esté discutiendo con otro necio. Esta forma de pensar no es nada frecuente y por ello, en cuestiones deportivas, políticas, filosóficas, religiosas y sociales, invariablemente dos personas que iniciaron un diálogo en condiciones de amigos terminan discutiendo y se llevan grabado que, entre ellos, es difícil conservar una plática y, en muchas ocasiones, se llega hasta a perder la amistad.
Entrando pues en materia del título, tengo que admitir que, como dijo el filósofo en la antigüedad, “yo soy el arquitecto de mi propio destino”, luego entonces soy yo quien admite que una circunstancia, situación o acontecimiento se grabe en mi mente con la característica del problema, luego entonces soy yo quien permite o evita que esto suceda.
Si bien es cierto que existen cosas que gustan y otras que no, yo propongo, amables lectores, que pensemos porque tenemos que incluir dentro de nuestras vidas cuestiones que disgustan; por ejemplo: si asisto a un lugar donde venden alimentos y alguno de mis amigos o acompañantes me recomienda determinado platillo, yo puedo decirle “te agradezco mucho tu sugerencia, pero prefiero comer otro de los alimentos que se describen la carta”.
En cuanto a pareja se refiere, siempre me he preguntado como abogado y terapeuta por qué una relación que inició llena de amor y ambos dispuestos a servir el uno al otro, a corto plazo se inicia el deterioro, mayormente en la actualidad, donde las relaciones de noviazgo, concubinato o matrimonio tienen un término de vida relativamente corto. La respuesta es sencilla: aquello que se inició un día como una hermosa necesidad de relación a corto plazo la transformas en exigencia, en derecho e incluso en obligatoriedad para la otra persona.
Cuando conocimos a quien es nuestra pareja, nos encantaba su forma de vestir, los términos que usaba para comunicarse, nos presentaba con sus amigos, etc. sin embargo la respuesta “mucho gusto” ahora observamos que de inmediato se transforma y empezamos a decir: “no me gusta cómo te vistes, quién te llamo, quién es esa persona que con tanta facilidad te dio un beso en la mejilla, por qué llegas hasta ahorita”, y en esta época nos hemos convertido en las personas más irrespetuosas, porque indagamos en los teléfonos portátiles quién le llama a nuestra pareja, qué mensaje recibe.
Este último párrafo, curiosamente, es una de las pruebas que con más frecuencia se utilizan en los trámites de divorcio, por ello es bien fácil recuperar en este sentido lo que el filosofo popular dijo hace muchos años: “el que busca encuentra”. Yo les recomiendo que si un día, ante una autoridad civil o religiosa, realizamos un compromiso de respeto y de amor, lo mantengamos, porque al final de cuentas, la experiencia de más de 40 años de abogado y más de 30 de terapeuta he podido percatarme que las relaciones que un día más hermosas, concluyeron porque inicialmente no atendimos una cuestión altamente insignificante. Y si no, amables lectores, revisen con sus amigos, vecinos y algunos integrantes de su familia cuantas veces ha ocurrido lo anterior.
Cuántas veces hemos dicho o hemos escuchado: No te preocupes yo tengo un amigo que me debe favores. De cuándo acá, estimados lectores, es válida esta expresión. No te vayas con la finta y pienses cuantos amigos te admiran o te procuran, eso significa la bondad de ellos, pregúntate a cuantos de tus amigos les has servido, los has visitado, los has procurado cuando se encuentran en una situación de las que se identifican como difíciles y entonces sabrás si de verdad has comprendido el valor de la amistad.
Espero que después de haber escrito cientos de columnas analizando conflictos y dificultades de orden público, estudiando y compartiendo con ustedes la conducta de nuestros gobernantes, pueda servir a ustedes para que, como autonombro esta columna, entremos en una permanente reflexión.
Nos vemos en la que sigue.
joseluis.garibay7@yahoo.com.mx

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