SABINO MEDINA

Desde los Balcones Actualizada 15/11/2015 a las 08:37    
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“Noticias del Imperio” o del poder enajenado

El fotógrafo de Plaza de Armas captó una magnífica placa en que se mira a un Felipe Calderón distraído y acabado, acaso cansado, ausente del poder Presidencial, pero quizá anhelante del mismo... de la misma manera que Fernando del Paso intenta adentrarse en los desvaríos de la desventurada emperatriz mexicana, Carlota de Maximiliano, la que dialoga con el mismo, le da noticias de su muerte y de la forma como su sangre y su corazón están envenados.
Al Expresidente Calderón se le mira ausente, absorto en no sé qué, como si no le interesara mucho hallarse en el Teatro de la República, en el mismo escenario en donde se forjara la Constitución democrático-burguesa de 1917 y que hoy está convertida en un documento donde la propiedad social pasó toda a propiedad privada y se rentabiliza y valoriza como tal.
Concurrió el Expresidente Calderón a un coloquio sobre el medio ambiente y le acompañaron altos dignatarios de la Iglesia, entre ellos Pietro de Gasperri. En ese encuentro se habló de la Tierra y de su conservación como hogar común, y algo se dice de las contradicciones e inconvenientes que la industrialización trae consigo.
Pero la mirada del Expresidente Calderón refleja un vacío, un alejamiento y pérdida de la realidad nacional y del tiempo histórico en que vivimos, que uno apenas alcanza a explicarse, no sé cómo, otro acontecimiento reciente acaecido en Four Seasson, un hotel de la Ciudad de México, asistido por otros Expresidentes latinoamericanos: uno de Bolivia, otro de Colombia y un tercero de España.
Noticias del poder son los hechos que se publican y que conocemos a la entrega de la Medalla Belisario Domínguez, en donde ya Carlota no tendría que decirle nada a Maximiliano de sus desvaríos, porque los hechos mismos son un desvarío histórico y político de nuestros tiempos.
No sé por qué me gusta más: me es más entrañable abismarme en la lectura de Fernando del Paso que en “Cien Años de Soledad”, autoría del famoso laureado y nobel colombiano “Gabo”, no diría lo mismo de “Pedro Páramo”, la antítesis magnífica de ambos, y de otras obras de la cultura enajenada (el espíritu enajenado) que me pusieran enfrente.
Pero Querétaro ha sido, es y será siempre un pueblo mágico en la historia nacional nuestra, nos guste o no, agarremos la sartén de la cultura y la realidad por el lado imaginario o por la realidad seca, robusta, rural y también mágica que se reseña en toda la obra de Juan Rulfo; lo digo sin demeritar una coma a la obra del gran queretano Ricardo Pozas, del que Carlota jamás pudo ni podría tener noticia alguna, al menos no lo dice Fernando del Paso, es su fascinante narrativa de una ficticia y real locura de poder. Ayer, anteayer y en el futuro se repite, en otros términos, la misma enajenación del abstracto poder perdido, aherrojado por un mando único policiaco como todo remedio social.
¿Qué les podrá decir a los catalanes este joven narrador de 80 años y laureado por la UAQ y su rector de siempre: Hugo Gutiérrez Vega? Carlota no estaba loca, sus desvaríos de poder fueron parte del desencuentro de la Europa, orleanista y borbónica, con una portentosa nación indígena y mestiza que tuvo que soportar las aventuras de la contrarrevolución, esto sobre un suelo colonial donde habían perecido, al menos, 15 millones de hombres, a lo largo de 1521 a 1910, fecha de inicio de una revolución democrático-burguesa en la que, quizá, divagaba Felipe Calderón en los momentos en que el fotógrafo le toma esa placa y nos la muestra Plaza de Armas.

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