Rafael Cardona

EL CRISTALAZO Actualizada 18/11/2015 a las 06:59    
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Rafael Cardona

Educar, función primordial


La educación es hoy, sin duda, el tema central de la atención nacional. Se mira cómo al amparo del rescate educativo, la certificación de los profesores, maestros y docentes en general es una especie de cruzada contra los beneficiarios de un sistema corrompido e ineficiente y, por cuya solución, el gobierno juega pulsos con las oposiciones más delirantes y aprovecha la circunstancia para impulsar una pre candidatura presidencial, la de Aurelio Nuño, quien se convierte en el ajonjolí de todos los noticiarios, moleros y no tanto.
La educación (o al menos un centro vagamente educativo) está detrás de los hechos sombríos y terribles de Iguala. El santoral convierte a los estudiantes (indefinida categoría a la cual se accede solo por la matrícula, no por la actitud) en mártires inmaculados. Todo sea por la combinación entre desarrollo ideológico, político y educación pública a un tiempo bandera, escudo y trinchera.
En el nombre de la paz educativa, la Universidad Nacional ha tolerado el despojo de uno de sus edificios (el auditorio Justo Sierra) y permite algunas conductas cuya comisión sería delictuosa en otros ámbitos. La fiesta debe estar en paz.
Pero la tranquilidad de la Universidad Nacional Autónoma de México es, en buena proporción, la tranquilidad del país. Por eso la rectoría de esa universidad es no sólo un cabo académico de primer orden, sino una posición política para la cual se debe tener mucha sensibilidad, astucia, determinación y oportunidad.
Todo eso tuvo José Narro. Y de eso va a necesitar su sucesor, el doctor Enrique Graue, quien ayer dio algunas líneas generales de su pensamiento durante la ceremonia de toma de protesta en la antigua escuela de Medicina.
“…Educar -dijo- , es nuestra principal misión. Educar sin distingo de ideologías, preferencias o condiciones socioeconómicas. Formar a todos aquellos jóvenes que por sus características académicas se hayan ganado el derecho de ser universitarios.
“Y nuestra obligación es hacerlo en las mejores condiciones y egresar a nuestros estudiantes competentes y capaces de reformar a la sociedad. Queremos también egresados reflexivos, creativos, innovadores, con compromiso social e inquebrantables en su ética profesional.
“Otra de nuestras razones fundacionales es la de investigar con libertad. Profundizar en el conocimiento y aportar respuestas a las preguntas que plantean las distintas disciplinas es colaborar con el saber mundial y aspirar a un mundo mejor y a un México más próspero e innovador.
“También se nos encomendó difundir la cultura, aquella que nos conecta con el mundo y compartir y cultivar nuestras riquísimas expresiones culturales que nos enorgullecen y nos dan identidad como nación. En todo ello nos hemos esforzado y lo hemos hecho muy bien. De hecho, muy bien.
“Con esta identidad y con la claridad de nuestras funciones sustantivas, hoy recibo la responsabilidad de conducir a la mejor institución de educación superior en México: la más reconocida, la principal forjadora de recursos humanos, la generadora de la mayor parte de investigación del país, aquella que resguarda áreas específicas de interés nacional que requieren de nuestra inteligencia y la depositaria, gracias a su diversidad y calidad académicas, de la conciencia crítica y propositiva de los problemas que aquejan a nuestra nación”.
Educar no es adoctrinar. La cultura no es la militancia.
En este sentido valdría la pena distinguir algo implícito en las ideas del rector Graue sobre la UNAM como depositaria de la conciencia crítica y propositiva de los problemas nacionales.
-¿En verdad esa conciencia está depositada en la UNAM? Sí, pero no exclusivamente. La universidad, cualquiera, debe ejercer labores críticas, analíticas orientadoras. El pensamiento se debe aplicar, pero no es la UNAM; ni ninguna otra quien atesora como propio el ejercicio y el legado de esa conciencia crítica del país. Afirmar lo contrario no solo es una jactancia sino un error.

INQUISICIÓN
Cierto. En la escuela de Medicina estuvo la sede del Santo Oficio, esa institución cuyo largo brazo llegaba desde la actual Plaza de Santo Domingo, hasta las Filipinas.
Pero no por eso se justifica al arraigo de quienes ayer estuvieron en la ceremonia de entronización del rector Graue.
Primero, antes de sus palabras, un burocrático sonsonete de la entidad de “Protección Civil” (signifique eso cuanto se quiera) advertía a los presentes de los “protocolos” (como joden con esa palabra para todo, venga o no al caso) de seguridad con distribución de extintores y senderos de emergencia.
Pero al terminar algún genio (asustado por dos gritones en la calle) decidió cerrar la puerta. Finalmente un repentino arranque de orquitis le permitió revertir la disposición y los invitados pudieron salir. Protección civil, primero; cierre de puertas, después.
Vaya, vaya.

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