Raymundo Riva Palacio

ESTRICTAMENTE PERSONAL Actualizada 04/02/2016 a las 08:52    
RAYMUNDO RIVA PALACIO

RAYMUNDO RIVA PALACIO

La diplomacia vaticana ha sido menos delicada con el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto de lo que se hubiera pensado. Contra todos los antecedentes de visitas papales, a 10 días de que Francisco llegue a México, los mensajes sobre la insatisfacción que sienten con el gobierno, con su manejo y con las dificultades que hubo para poder fijar una agenda del interés de El Vaticano y no de Los Pinos, ha producido expresiones públicas inusitadas. La última, del Papa mismo, quien en una entrevista colectiva este miércoles denunció la corrupción, la violencia y el narcotráfico en México. No es la primera vez que se refiere a estos temas, pero en vísperas de su arribo, sus palabras traen un cargamento políticamente explosivo.
El Vaticano está marcando su territorio, ante los intentos para alterar y modificar la agenda del Papa. En diciembre pasado se mencionó en este espacio las peticiones específicas del gobierno a Roma para que excluyera a Guerrero de sus visitas y homilías, y que no se refiriera a los 43 normalistas desaparecidos de Ayotzinapa. El principal negociador de la visita, Roberto Herrera Mena, director de Asuntos Religiosos de la Presidente, también buscó eliminar y meter a Campeche como destinos papales, aduciendo que nunca había estado en ese estado y que el gobernador los trataría maravillosamente. Cuando le dijeron que iban a tener una comida con indígenas en Chiapas, Herrera Mena les ofreció organizar la comida con todo e indígenas. El rechazo fue inmediato. El Papa hablaría con indígenas verdaderos convocados por la diócesis de San Cristóbal de las Casas.
Herrera Mena, muy cercano a Peña Nieto desde sus tiempos en la gubernatura, estaba acostumbrado a otro tipo de relación. Él llevaba el trato con la Conferencia Episcopal Mexicana, cuya sede está en el estado de México, y quien llevaba anualmente a Peña Nieto a comer con ellos al final de sus asambleas. Les llevaba regalos, y actuaba como un concierge divino para sus necesidades materiales: camionetas para transportarse, boletos de avión para ir a Roma, y otras canonjías terrenales. En El Vaticano descubrió otro manejo. Por ejemplo, cuando propuso en lugar de que el Papa fuera a Ecatepec fuera a Toluca, encontraba el secretario de Estado vaticano, Pietro Parolin, le respondió porqué no en Atlacomulco. ¿De verdad?, respondió, según fuentes de la Iglesia. Era una broma. No sabía que el cardenal Parolin había sido el número tres de la Nunciatura hace 25 años, cuando el embajador vaticano era Girolamo Prigione.
El gobierno buscaba llevarlo a territorios alejados de la conflictividad social, que no fueran a convertir una fiesta católica en México, en una angustiante gira para Los Pinos. La información que tenía el Papa no era la que le pintaban los funcionarios mexicanos. Durante muchos meses, por ejemplo, sacerdotes mexicanos peregrinaron a Roma para denunciar la extorsión de los cárteles de las drogas para no atacar sus iglesias, y cómo las autoridades los había ignorado. De alguna manera a eso obedeció la filtración de un correo electrónico que envió a su amigo Gustavo Vera en Argentina, donde hablaba del peligro que su país semexicanizara, como consecuencia de la corrupción y violencia que se vivía en México por el narcotráfico.
Directamente por la Nunciatura y por varios cardenales

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