Andrés Garrido del Toral

QUERETALIA Actualizada 07/02/2016 a las 08:16    
El Querétaro de ayer

Al inicio del siglo XVIII, las Casas Consistoriales se ubicaban aún en la Plaza de San Francisco. “En 1703, las casas reales estuvieron en la calle del Hospital, esto es, la calle que salía del cementerio de la iglesia de San Francisco rumbo al poniente. Se denominaban “casas reales” no porque allí estuviera su edificio, sino porque en ese tiempo allí era la residencia del Corregidor. A sus puertas se daban los pregones para el remate de la hacienda de la comunidad y del mesón de los naturales”, según Juan Ricardo Jiménez. Con ello se echa abajo la posibilidad del cambio de las Casas Reales en la primera mitad del siglo XVII a la Plaza de Arriba.
Es posible plantear la hipótesis de que fue durante el primer tercio del siglo XVIII cuando ocurrió el traslado de la sede de las Casas Reales de la Plaza de San Francisco a la llamada Plaza de Arriba, a reserva de que en el futuro se conozca algún documento que confirme o desmienta lo anterior. Para 1739 las Casas Reales ya están en la Plaza Mayor, afirma el investigador Lauro Jiménez en su obra “Las Casas Reales”, apoyándose en Juan Ricardo Jiménez para esa afirmación.
Sobre el sitio donde se edificó el nuevo edificio de las Casas Reales, Valentín Frías hace notar que se trataba de “un solar estéril circundado de piedras brutas, heredad de una india, fue la cuna del edificio, llamado a ser con el transcurso del tiempo, el sagrado recinto en donde se alimentara una idea grande, grandísima, que sería la única y más gloriosa en los acontecimientos civiles del país: la Independencia”.
“Antes de ser construido ahí ese edificio, el terreno perteneció a una india de nombre María Jimena; después fue adquirido por el Ayuntamiento de la ciudad, el cual empezó a construir el Palacio de Casas Reales y Cárceles, dejando bien pronto inconclusa la obra, por falta de fondos. El ilustre letrado don José Martín de la Rocha, tomó a su cargo la terminación del edificio, erogando de su propio peculio las sumas necesarias, gracias a lo cual pudo inaugurarse solemnemente en el año de 1770”, según lo relata Roberto Chellet en la revista Querétaro.
Hasta mediados del siglo XVIII, la república de naturales sostenía que las casas reales de la ciudad de Querétaro pertenecían a los bienes de comunidad, tanto el suelo como el edificio, en la plaza pública, porque con sus fondos se habían hecho.
Durante el periodo comprendido entre 1763 y 1776 la autoridad de la ciudad estuvo representada por el Licenciado José Martín de la Rocha, quien se desempeñó como Corregidor de Querétaro. En forma alternada, Juan Antonio Fernández del Rincón fue teniente general de Corregidor en 1764, 1765 y 1767. A mediados de 1768, con anuencia del gobierno, Martín José de la Rocha decidió hacer una reconstrucción del antiguo edificio de las Casas Reales. Esta obra planteó la necesidad de conciliar los intereses de los dos cabildos, español e indio, sobre dichas instalaciones. Antes de comenzar los trabajos hubo resistencia de la república de naturales, por considerar que dichas casas le pertenecían desde tiempo inmemorial tanto por ser suyo el sitio donde se habían emplazado, como por lo que se había gastado en su levantamiento y constante remozamiento, afirma Juan Ricardo Jiménez Gómez. Queremos advertir que el Corregimiento de Querétaro tenía bajo su competencia gubernamental la alcaldía de Querétaro, pero también las de San Juan del Río y Tolimán. Cadereyta era independiente de Querétaro y reportaba directamente al reino e intendencia de México.
El virrey decidió permitir a los indios seguir usando las Casas Reales para celebrar sus elecciones “y demás actos de comunidad y gobierno”, sujeto a la aprobación de ambas repúblicas. Los indios estuvieron de acuerdo porque estimaban que “aunque se fabriquen de nuevo dichas casas reales quedan igualmente dueños de ellas pro indiviso con el cabildo de españoles”. Pero adicionaron dos condiciones: a) que las cuatro tiendas y trastiendas que se harían en los bajos dando hacia la plaza real quedaran exclusivamente por bienes de comunidad, “como dueño del suelo o sitio y de la casa que por tiempo inmemorial se ha estado sirviendo la república de españoles sin que le haya costado cosa alguna”, y b) que se turnaran mensualmente los alguaciles indio y español en la administración, custodia, derechos y emolumentos de la cárcel, según el historiador Juan Ricardo Jiménez Gómez.
La obra se realizó a partir de 1768 y se concluyó en 1770. No se reedificó totalmente el antiguo edificio, solamente se le agregó la segunda planta según un autor anónimo publicado en los “Acuerdos curiosos”. “El notable jurisconsulto D. José Martín de la Rocha, abogado de la Real Audiencia y uno de los más desprendidos patriotas de su época, viendo que después que el I. Ayuntamiento había comprado este solar, comenzaba a levantar en él las Casas Reales y Cárceles sin lograr su conclusión por falta de fondos, puso a su disposición su caudal para que se llevase a feliz término, lo cual verificóse en 1770, como se ve en la inscripción que se ha cuidado de conservar en memoria de aquel ilustre patriota, en el descanso de la escalera principal que conduce al segundo piso…”, según don Valentín Frías.
Don José Martín vivía amargado porque la Plaza de Arriba no correspondía al caudal de su hacienda, pues si bien las casas que la circundaban eran buenas, pero sin igualar a la que él habitaba y ya se había inaugurado la fuente de bella cantería con la introducción del agua años atrás, no era lo propio de las Casas Consistoriales, que humildes y a medio construir, se levantaban a un solo piso y daban un aspecto poco edificante al lugar donde aquel vivía. Esto lo movió a dirigirse tras, de mucho pensar, a solicitar la audiencia en la que ofreció al señor Corregidor concluir de su peculio y según el primitivo proyecto, magnífico por cierto, la Fábrica de las Reales Casas Consistoriales; mas puso por condición, que se había de fijar en lugar preferente, una placa en la que su nombre y el hecho figurarían permanentemente, nos dice Lauro Jiménez. El Sr. Lic. Don Martín José de la Rocha Sanz y Espeleta gobernó al Corregimiento de Querétaro 14 años y un mes, desde 23 de diciembre de 1762 en que tomó posesión hasta el 23 de enero de 1777, en que falleció a los 45 años de edad. Era Corregidor a secas, no Corregidor de Letras como don Miguel Domínguez.
Invariablemente la autoría de la obra de las nuevas Casas Reales se ha otorgado a Martín José de la Rocha, Abogado de los Reales Consejos y Tribunales de la Corte de la Nueva España y Corregidor de la ciudad de Querétaro, con base en el contenido de la lápida que está incrustada en el muro del descanso de su amplia escalera. En ella se lee que las también llamadas Casas Consistoriales se fabricaron “a expensas y solicitud” de don Martín José de la Rocha, en el reinado de Carlos III y durante la época en que gobernaba la Nueva España el virrey Carlos Francisco de Croix, Marqués de Croix. Hasta la década de los años setenta del siglo XX esta información fue considerada como válida por casi todos los historiadores. Por lo que fue preciso hacer una indagatoria en cuanto al inspirador de la traza y director de tan importante obra. Para ello, es importante recuperar un dato fundamental que aporta un testigo de los acontecimientos ocurridos durante la misma época en que se construyó el edificio: Al hablar sobre lo sucedido en 1771, el autor anónimo de Acuerdos Curiosos da a conocer:
“A principios de este año se estrenaron las casas consistoriales de esta ciudad que edificó de sus fondos el ilustre Ayuntamiento, por dirección de don Francisco Fernández del Rincón, escribano público y de cabildo, hijo de este lugar. La obra se concluyó el año pasado y en su estreno hubo varias fiestas, regocijos públicos y corridas de toros, aunque la plaza de éstos sintió algún maltrato con una recia nevada que ocurrió en aquellos días y es la segunda de que hay memoria de que haya caído en esta ciudad en todo el siglo dieciocho”.
El regidor Juan Antonio Fernández del Rincón, de quien consta que fue el que dio la idea de todo el edificio y regenteó la obra hasta su perfecta conclusión, asistiendo diariamente a ella y abandonando sus propios intereses, aplicando todo su esmero a que saliese completa, escribe Lauro Jiménez siguiendo la teoría de la historiadora Mina Ramírez Montes. Puede afirmarse con toda certeza que de Juan Antonio Fernández del Rincón, queretano él, quien después de ser teniente general de Corregidor, al hacerse cargo de la obra, entre 1768 y 1770 debió ser designado regidor, como lo indica Ramón María Serrera, al igual que escribano público y de cabildo, según lo señala el autor de Acuerdos Curiosos. Aunque éste mismo corrige parcialmente el nombre del citado personaje, al dar cuenta de su muerte en 1793, declara Lauro Jiménez. Con base en lo expuesto anteriormente, es posible asegurar que el mérito de la edificación de las nuevas Casas y Cárceles Reales de la ciudad de Querétaro no corresponde totalmente a De la Rocha Sanz y Espeleta. Lauro Jiménez también afirma que Manuel Sebastián de Garay (queretano) y José Antonio Velarde (celayense), fueron los autores de los planos del hoy Palacio de la Corregidora.
El nuevo recinto carcelario, edificado con “amplitud, fortaleza y comodidad” en el sector poniente del solar, separaba a la población reclusa por sexos, habilitando, según se desprende de la leyenda de los planos, el calabozo del piso superior para las mujeres. Con ello se evitaban el hacinamiento, la insalubridad, los contagios y unos supuestos peligros morales que -según se decía- se habían venido experimentando en las antiguas cárceles. Con la nueva construcción, advertía el procurador, “…los miserables presos están con desahogo y los vecinos se ven libres de las continuas pestes que padecían...”, afirma Lauro Jiménez siguiendo a Soserra.
La vivienda para el alcalde de la prisión, enfermería, sala de tormentos, lavaderos, locutorio para visitas, capilla, servicios higiénicos, etc., completaban el nuevo recinto carcelario que, a juicio de las autoridades de la ciudad, podía ser considerado como modelo para toda la Nueva España, por su modernidad. El resto del inmueble se destinaba a otros servicios normales en la época en un edificio tan complejo funcionalmente como era un palacio municipal: gallinero, patio de mulas, cuadra, cochera, cuarto para sirvientes, oratorio, oficinas, corredores, etc., como lo advierten los planos y las investigaciones de Eduardo Rabell Urbiola y el propio Lauro Jiménez.
En estas Casas Reales, ya modernizadas, se realizaron las juras por los monarcas Carlos IV, Fernando VII y la proclamación de Agustín Iturbide como emperador de México. Una vez que se promulgó la Independencia en 1821 fueron llamadas Casas Nacionales, lo mismo que Casa o Palacio de los Corregidores. De 1821 a 1861 el histórico inmueble fue sede de los Supremos Poderes del Estado. A partir de 1862 fue ocupado por las oficinas del Ayuntamiento. En 1891 el gobernador Francisco González de Cosío compró las casas colindantes al lado sur y llevó a cabo las obras necesarias, a fin de dejar el edificio en condiciones de mejorar y ampliar sus oficinas y reformar totalmente las cárceles, según don Manuel Septién. Es hasta 1869 que el gobernador José María Cervantes compra la casona de Madero 70 para ocuparla como Palacio de Gobierno, dejando el Palacio de la Corregidora a las oficinas municipales.
Cabe mencionar que durante las repúblicas centralistas y federalistas, a partir de 1824 y hasta 1915, existió la figura de los prefectos, los cuales tenían bajo su control a varios municipios, era una figura de control político intermedia entre el gobernador y los ayuntamientos. Por cierto, que la autoridad municipal se llamaba alcalde y es hasta 1915 que se le llamó a esa figura política presidente municipal. El Palacio Municipal o Casa de la Corregidora tenía entonces al ayuntamiento y su jefe que era el alcalde, el cual despachaba en la planta baja a mano derecha entrando por Plaza de Armas, y el Prefecto Político atendía en la planta alta donde actualmente despacha la secretaria privada del gobernador, a un lado de la oficina de éste. Además de las oficinas del Ayuntamiento y de la Prefectura se encontraban en ese edificio los seis juzgados, la Defensoría de Oficio y el Consejo de Salubridad. Todavía en 1979, año que dejó ser sede del Ayuntamiento, el presidente municipal Mariano Palacios Alcocer se encontraba allí y fue el último en despachar en ese lugar de la planta baja.
 

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