Rafael Cardona

EL CRISTALAZO SEMANAL Actualizada 14/02/2016 a las 09:23    
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El derecho a la ignorancia

Primero fue un acuerdo comodino del gobierno de Ernesto Zedillo cuya equívoca y displicente actitud hacia los medios siempre lo llevó por el camino de la indiferencia o el desinterés, débil ante la presión de los empresarios, sobre todo los de la comunicación electrónica, quienes sustituyeron un endeble andamiaje de supervisión cultural, por una simple oferta de trabajo expresada en una carta a la “autoridad”.
Ahora es la renuncia abierta a una potestad legítima y necesaria, pero el caso es muy sencillo, el gobierno mexicano renunció a su capacidad y obligación de respaldar (y autorizar) con su autoridad académica y cultural a quienes quieran hablar a través de los medios concesionados o permisionarios (del propio gobierno).
Los Certificados de Aptitud eran, en un sentido general, licencias.
El viejo lema de Humberto G. Tamayo, para la Asociación Nacional de Locutores de México (utilizado a veces de manera equivocada), “por el derecho de hablar con apego al Derecho”, no tiene ahora derecho regulador en ningún sentido. Solamente la audacia y la espontaneidad en el mundo del hagan cuanto quieran, como quieran.
Si en México alguien quiere portar un arma de fuego (objeto peligroso) necesita una licencia de la Secretaría de la Defensa Nacional.
Lo mismo requieren muchos profesionales para el ejercicio de su profesión. Cédulas licencias, autorizaciones; un notario para gozar de fe pública, por ejemplo.
Para conducir un automóvil o para trasplantar un corazón, se exige una licencia y los permisos se requieren para muchísimas actividades.
Son a un tiempo certificación y garantía de ejercicio calificado.
Ese es el sentido de una licenciatura en tanto grado académico probado; nunca como restricción, mecanismo de control o forma de censura.
Hoy (de manera definitiva) no hace falta nada de esto, al menos para el ejercicio profesional en los medios electrónicos donde, como diría Madame Rolland, tantos crímenes se cometen (si la estupidez en público puede considerarse un crimen) en nombre de la libertad.
La Federación de Periodistas
(Fapermex), me envía este documento sobre un tema al cual se le debió haber puesto más atención en los medios. Pero ya se sabe, los medios no le tienen interés a los medios:
“Las recientes reformas en materia educativa eliminan el requisito de obtener un Certificado o Licencia para ejercer la locución en la radio y televisión mexicana.
“La Dirección General de Televisión Educativa de la SEP, sobre el particular, informó:
“El Diario Oficial de la Federación publicó este lunes, 8 de febrero de 2016, el Decreto por el que se reforman, adicionan y derogan diversas disposiciones del Reglamento Interior de la Secretaría de Educación Pública (SEP).
“Esta reforma, requirió un cuidadoso trabajo para identificar áreas y procesos de mejora administrativa, como un primer paso en la reorganización de la SEP, con el propósito de hacer más eficiente y transparente su funcionamiento”.
“En dicho decreto se deroga la atribución de la Dirección General de Televisión Educativa (DGTVE) para:
“Expedir licencias de locutores, cronistas y comentaristas de la radio y
televisión”.
Es por esto que la DGTVE a partir de esa fecha dejará de emitir las mencionadas licencias”.
“Hasta antes de la reforma, la Ley Federal de Radio y Televisión en su Título Cuarto, Capítulo Quinto, artículo 84, establecía que “en las transmisiones de las difusoras solamente podrán laborar los locutores que cuenten con certificado de aptitud”.
“La institución encargada para realizar esta certificación de aptitudes, una vez que lo dejó de realizar la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, fue la Secretaría de Educación Pública, a través del Departamento de Certificación para Locutores de Radio y Televisión de la Dirección General de Televisión Educativa (DGTVE)”.
“No obstante la reforma legal de la Dirección General de Televisión Educativa ofrecerá de manera gratuita diversos cursos y diplomados con el objetivo de formar y capacitar a los locutores de nuestro país.
“La Federación de Asociaciones de Periodistas Mexicanos, del brazo con su afiliada y por la experiencia de la Asociación Nacional de Locutores, y el brazo académico el Colegio Nacional de Licenciados en Periodismo, trabajarán unidos con el firme propósito de la profesionalización del gremio”.
Hoy la profesionalización del gremio tiene momentos estelares.
No sólo con la recua de reporteros y conductores de radio capaces de repetir “precisamente” 16 veces en cada nota o de parlotear como guacamayas con aquello de “…al interior de…”, “en lo que es” y “…como tu bien dices…” sino en los luminosos ejemplos de Andrea Legarreta o Raul Araiza, Galilea Montijo y demás talentos probados, cuya posibilidad de ser obligatoriamente examinados les habría hecho quizá terminar la secundaria.
Sin embargo, una licencia no hace buenos profesionales, pero al menos lo intenta, si bien el examen era “de parvulitos”. Pues ahora ni ese simple requisito cuya aprobación era fácil para cualquiera con un mínimo de escolaridad e información general. Ni siquiera “cultura general”.
Hoy la Secretaría de Educación Pública, en plena Reforma Educativa (cuya raíz es la certificación; la evaluación de los conocimientos de maestros y alumnos), no se atreve a cancelar el acuerdo zedillista (mejor lo amplía en definitiva) y exigir con un grado mayor de dificultad la comprobación de conocimientos como requisito para usar el arma más poderosa de la humanidad, la palabra (superior en poder destructivo a una bazuca).
Muchos dicen, es inútil en estos tiempos cuando las redes sociales nos
abruman.
Y es verdad, pero olvidarse de una responsabilidad por lo imposible de cubrir otras areas, es negar la facultad fundamental de la Secretaría de Educación: promover el conocimiento y la cultura y no dejarlo todo al libre albedrío de concesionarios y merolicos.
Todos vamos sin remedio rumbo al “Panda Show”; las guerras de chistes, los programas gruperos y las sexólogas oportunistas.
Murales
Pintar sobre los muros es tan viejo como la caverna con la silueta del bisonte.
Y México tiene un reconocido arte mural. Ya lo sabemos, los grandes del mitológico muralismo mexicano. La historia nacional vive en los colores sobre la pared. “En busca de un muro”, se llamó la última cinta de Julio Bracho, una fallida apología biográfica de Orozco.
“Berrendo del muro decorado…” llamó Novo a Diego Rivera, quien llevaba un vendaje en la mano lastimada, de la cual Salvador dijo, “… ahora tiene vendado lo que antes nada más tenía vendido”. En fin. Cosas de ellos.
Pero esa tradición nacional por el orgullo pictórico de la Revolución llevó al Presidente Peña a mostrarle al Papa
-así haya sido un poco “de pasadita”- el gran fresco central del Palacio Nacional.
Seguramente el Santo Padre no fue advertido de la figura central en la parte inferior izquierda del muro mayor del rellano: los hombres con capirote arden en el fuego de la Inquisición.
No hubiera sido un detalle correcto ni cortés recordarle a Francisco las atrocidades cometidas en el nombre de la fe.
Ojalá si algún día el Vaticano reciba a un jefe de Estado mexicano, le presuma también sus murales y le haga una visita guiada por la Capilla Sixtina.
No son pinturas de Diego, pero… cada quien presume sus haberes.

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