Sabino Medina

DESDE LOS BALCONES Actualizada 14/02/2016 a las 09:45    
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Los avances, lo mismo que cualquier cambio en el tiempo, no gustan ni complacen a todos.
Hay cambios que, como expresión de intereses contrapuestos, siguen experimentado el peso muerto de lo que no cambió, lo que perduró y se impuso como forma, en contra de un nuevo contenido político constitucional y, también, real y concreto. Histórico en una palabra.
¿Qué era México en 1917, en 1857 y, antes, en 1824, y hasta diríamos en 1814 con la Constitución de Apatzingán? El México de entonces es el país de ahora, sólo cambiado de contenidos y de formas; hace un siglo y dos o más, las fuerzas productivas eran débiles, ralas, estragadas en extremo, dependientes de la minería y la renta de la minería de dos metales: el oro y la plata, cuyo intercambio se hacía con la renta feudal de la tierra enfeudada, ¿en cuántas manos?
En esas condiciones México no tuvo a su favor la esclavitud directa, como sí aconteció en los países más desarrollados, EU por ejemplo, nuestro gran vecino, potente vecino mundial.
En nuestro país la esclavitud social fue indirecta, disfrazada, encubierta, primero con las “encomiendas de indios”, luego con el reconocimiento real de las tierras a los indígenas, derechos que, como cualquier derecho a aplicarse, corrió a favor de las dominancias del poder de los peninsulares. Este pasado nadie lo puede cambiar al gusto, fue algo real sublimado con justificaciones seculares y otras no tanto; pero la historia material y espiritual de México surge de esta mixtura que permea al país y que pocos quieren y pueden entender, por la enajenación que acompaña a nuestras estructuras de apropiacón del trabajo social de una población que tránsito de los 15 millones a los 120 millones de habitantes que hoy tiene el país.
1917: Año de tregua social y arreglos políticos de fondo, precedido por cruentas luchas armadas cuyo costo social todavía queda por “pagar”.
¿Por qué fue Querétaro y no cualquiera otra ciudad del país? Fue Querétaro por su historia, por su ubicación geográfica y política, por su comunicación al norte, al centro y al sur del país.
Más cerca que Querétaro estuvo y está Puebla, Pachuca, Toluca, la misma Cuernavaca; pero se eligió Querétaro, porque esta ciudad concentraba y concentra elementos del pasado, otros pasados y elementos y fermentos sociales de un futuro distinto a la significación controvertida de nuestra historia.
Querétaro fue la retaguardia ideológica de la Independencia y del libre tránsito, como ahora, del comercio mundial, entonces del oro y la plata; hoy de millones de cientos de toneladas que desbordan el sistema industrial norteamericano; por eso Querétaro es una capital de provincia importante, cuya explicación histórica y sus incógnitas corren hasta el día de hoy y mañana
también.
99 años cumplió la Constitución de Querétaro, bien vale estudiar las condiciones en que se diera y qué condiciones prevalecían y prevalecieron hasta hoy en el país entero Azteca.
En Celaya acababan de chocar las masas y los grupos, los jefes y caudillos de uno y otro bando; fue un choque nada simple, ni de pasada, efímero y sin importancia; fue, en cambio, la cristalización de una facción política de la burguesía contra los estamentos agrarios, feudales al fin y al cabo, que se debatían por la conquista de la tierra como medio de trabajo social y éste es el principal logro del avance social del siglo XX que el general Lázaro Cárdenas culminara en momentos claves del mundo de este siglo, en medio de dos guerras mundiales.
Por eso y por más la Constitución Política de los Estados Mexicanos de 1917 es la expresión formal culminadora y de transición de los grandes cambios sociales que nuestro país y el pueblo mexicano han experimentado.
El sistema de enseñanza popular y de enseñanza superior gratuita es una de las más grandes conquistas de la burguesía mexicana y en esa cumbre alta se hallan todas las universidades y las instituciones superiores del país en cada entidad. ¿Quién puede atreverse a darle a todo esto para atrás? Nadie pudo contra la ilustración, contra la reforma, ni siquiera la contrarreforma pudo volver al punto de arranque de donde partieron los cambios de la primera. Todo esto aconteció en 1917, antes y después de ese año complicado y difícil, y de calamidades mil.

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