Luis Núñez Salinas

LA APUESTA DE ECALA Actualizada 11/03/2016 a las 07:55    
Luis Núñez Salinas

Luis Núñez Salinas


¿Qué es irse de misiones?


Hoy amable lector, universidades de inspiración cristiana, educación media superior, pública y privada, secundarias, colegios y por supuesto nuestra Universidad Católica, se preparan para las misiones de Semana Santa.
Una actividad que forma, fortalece y contribuye a que los jóvenes encuentren, no solo su fe, sino otras personas que viven y conviven de diferente antropologías, que creen en el mismo Jesucristo y María Santísima, y que el profesar la misma fe, encuentran un significado para ayudarse mutuamente.
¿Qué es irse de misiones?
Es tomar una decisión y decirse: ¡Quiero ayudar al prójimo!, y aunque Usted no lo crea, y ante percepciones de derrota de muchos adultos, los más entusiastas para ir a misiones, son los propios jóvenes.
Los chicos y las chicas universitarias y de “prepa” se animan a buscar ayudar a sus cercanos, a los que menos tienen y menos pueden, de una forma abierta, sin temores.
Irse de misionero no pretende un status, como aquel deportista de éxito que convive con sus compañeros de universidad, no para nada.
Irse de misiones requiere una capacidad, primero, de comprender que todos somos misioneros, solo que a más de uno, se nos ha olvidado.
Y segunda, que se enfrentan miedos e inseguridades, de todo aquello que conocemos como “zona confort”, y que debemos romper y quebrantar, para así formar la persona que deseamos ser, o aquella que conjuntamente, deseamos sea útil a la sociedad.
Los chicos y chicas, al ir a misiones se enfrentan con un mundo paralelo, que algunas veces desconocen, y otras, a pesar de que saben que existen, tratan de no verlo, para dejar de sensibilizarse.
Pero la vivencia de participar en las misiones, es una etapa inolvidable de su formación humana, de su quehacer como similares.
¿Quiere Usted que sus hijos dejen de criticar o sentirse “popis”?
Mándelos a misiones, para que vivan el México de pobreza, de necesidades, y que gracias a la fe, a su fervor y a sus creencias, lo viven alegres entusiastas y con toda la confianza.
¿Entonces la fe vuelve conformistas a las personas? ¡No!, no escribí eso, Usted quiere leer lo que le conviene.
La fe da fortaleza, a quienes menos tienen y más necesitan, y el diálogo espiritual, les permite tener un amor a María Santísima, que a veces envidiamos, por ello viven en paz.
¿Dónde hay misiones?
¡Por todos lados!, cercanos a su parroquia, tal vez en un vecino, en el colegio o en su universidad, solo es cuestión de querer encontrarlas.
Si Usted no quiere saber de misiones de semana santa, ¡nunca las encontrará!, si por el contrario desea saber más, solo es cuestión de interesarse.
¿Cualquiera puede llegar así y hacer una misión?
No, esencialmente se requiere una pequeña preparación, por ello el acercamiento a la parroquia en donde vive, a la escuela o en algún grupo católico que conozca.
El Papa Francisco nos orienta acerca de las misiones:
Un misionero hoy día, es aquel que se hace servidor del Dios-que-habla, que quiere hablar a los hombres y a las mujeres de hoy, como Jesús hablaba a los de su tiempo, y conquistaba el corazón de la gente que venía a escucharlo desde cualquier parte y quedaba maravillada escuchando sus enseñanzas”. Octubre 1 de 2015.
En el origen de su misión existe un don: la iniciativa gratuita del amor de Dios que les ha dirigido una llamada doble. A estar con Él y a ir a predicar, continúa.
Del texto Juventud Misionera, rescatamos estos puntos:
Se es apóstol, como lo fue San Pablo, por vocación, porque Cristo nos ha llamado a extender su Reino, porque la vocación cristiana es esencialmente vocación al apostolado, porque quien ha renacido como hombre nuevo en Cristo por el bautismo, se compromete a dar testimonio de Él ante los demás.
Se es apóstol en la medida en que el hombre está unido a Cristo por la gracia, y se identifica con su misión redentora.
Ser misionero nos convierte en Apóstoles, con la misma responsabilidad, solo que adecuándonos a las necesidades reales del lugar a donde vamos.
Sólo el amor a Cristo da la fuerza para "salir de sí mismo". Salir de sí: ésta es la condición indispensable para "salir a predicar".
El mejor apóstol es quien logra ser una imagen de Cristo. Entonces la vida misma es predicación y la evangelización es el testimonio de una vida plenamente fundada en el Evangelio.
Los mejores ejemplos de un apóstol joven y dinámico, que no se cansa y que busca satisfacer su hambre de apoyar, son nuestros mismos jóvenes, aquellos chicos y chicas.
El apóstol es magnánimo. Sabe que ha sido llamado por Cristo para cosas grandes y que no tiene tiempo para detenerse en lamentaciones o pequeñeces, ni puede distraerse en lo que no sea esencial.
El apóstol debe tener ante todo un gran corazón en donde quepa todo el mundo, pues a todo el mundo ha sido enviado a predicar.
Su espíritu ha de estar siempre a la altura de la misión encomendada. Grandes deben ser sus aspiraciones, grandes sus deseos de lucha, grande su capacidad de amar y de donarse.
El apóstol es tenaz, fuerte y perseverante.
El apóstol ha de ser tenaz para no desistir del esfuerzo; fuerte para combatir sin desmayo hasta el final, hasta el "todo está consumado"; perseverante para no dejarse vencer por el capricho o la veleidad.
Sólo una voluntad firme y bien disciplinada, fundada en el señorío de los sentimientos y emociones, podrá perseverar hasta lograr el objetivo.
Una vez que nuestros chicos y chicas, deciden ser misioneros, sea en su escuela o en las universidades, deben tener un examen de conciencia, nos dice el mismo documento de Juventud Misionera.
¿Cuáles son mis actitudes ante esta misión? ¿En qué plan vengo? ¿Alguna vez, ser católico me ha costado algo? ¿He tenido que defender mi fe en algunas circunstancias?
¿Hasta dónde soy capaz de llegar por Jesucristo? ¿Qué sería capaz de hacer por Él? ¿Me doy cuenta de que lo que yo no haga en estos días, nadie podrá hacerlo? ¿He pensado alguna vez en que hay almas que dependen de mi sacrificio, oración y entrega en esta misión?
Qué hay en mi corazón ahora: ¿cobardía? ¿comodidad? ¿pereza? ¿miedo? ¿generosidad? ¿deseos de hacer algo por Cristo, por la Iglesia, por defender mi fe, por ayudar a mi prójimo?
¿Estoy en disposición de aceptar a los demás como son? ¿Tengo la disposición de compartir todo con los demás? Algo que ayuda a la organización general es: la puntualidad, la servicialidad, el trabajo en equipo, ¿estoy dispuesto a vivirlo?
Y finalmente, ¿Cuáles son mis metas en estas misiones?
Recuerda amigo lector cuando Usted iba de misiones, que al vivirlas, ¿descubría una gran bondad por hacer el bien a los demás? ¿Cuándo la perdió? ¿Cuándo dejó a un lado a aquél chico o chica entusiasta capaz de cambiar el mundo?
¿Qué le pasó? O ¿acaso el mundo ya lo cambió a Usted?
Si ya sé que la comodidad de su casa, que su trabajo, que sus miles de pretextos… entonces… ¡Deje a sus hijos e hijas participar en misiones de semana santa!, libérelos de la propuesta de consumo, de los videos y del internet.
Y deje que fluya el corazón amadísimo de María Santísima, deje que sean Apóstoles de la actualidad, que conviertan a esta sociedad, en aquella que todos deseamos, una mejor y basada en lo más hermoso que existe:
¡El corazón de Cristo!
Luego entonces amigo lector, no nos quejemos del México que estamos viviendo, porque en ello nos quede claro: ¡Tenemos el País que queremos!? Esa es mi apuesta, ¡y la de Usted?…

correo:luisnusa@outlook.com
Twitter: @LuisNSDG








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