Luis Núñez Salinas

LA APUESTA DE ECALA Actualizada 01/04/2016 a las 07:00    
Luis Núñez Salinas

Luis Núñez Salinas

Encuentro con Cristo
Ha pasado nuestra Semana Mayor estimado lector, y los católicos hemos tenido nuestro encuentro con Cristo, no solo desde su preparación de los 40 días en el desierto (Cuaresma), sino también le hemos acompañado en su pasión, en su dolorosa crucifixión, pero al término de esta hemos visto su Resurrección, su gloria.

¡Única verdad!

Llega la semana de Pascua, misma que obtiene de Cristo mismo su importancia de alegría, de reencuentro y de sustentar la misma verdad, ahora con Cristo vivo, con Cristo Resucitado.

Y esa verdad se mantiene viva en nuestros propios días.

Sí, leyó bien, Cristo no es historia, no es un hecho que pasó hace dos mil años y ahí se quedó, Cristo se conjuga en presente, en la esperanza de mañana, de contar con él, acompañándonos y estando cerca, esa cercanía que es regalada a todos por igual, pero que no todos la desean aceptar, o simplemente (lo más preocupante) no la conocen.

Si en México nos dieran el tiempo de Pascua a los católicos, deberían -si nos ponemos estrictos- darnos 50 días después de la Resurrección, que es lo que dura la Pascua.

La Pascua es la conmemoración más importante del calendario de nuestra Santa Madre Iglesia, no por ello son menos las demás, sino que es la punta más alta de nuestra Fe, la Resurrección de Cristo es el acto por el cual todos los católicos estamos cerca del corazón amadísimo de María Santísima.

Porque empatamos el sentir y el sufrimiento, con la alegría indescriptible de la Resurrección.

Ahora, una vez que estamos en esta gran fiesta y alegría de la Pascua, no debe quedar solo así en una fecha y en un tiempo.

¿Cómo me sirve la Pascua en mi vida cotidiana? ¿se me nota como católico la alegría del Evangelio? ¿sigo con flojera y tradicionalismo la misa?

Acaso ¿Ya me aburrí de ser católico?

Esto es una crisis personal real, en donde en ocasiones afirmamos: ¡ya nadie va a misa! ¡ya hay menos católicos! ¡el catolicismo no es bueno mejor me voy a una secta!

En primera debemos estar cercanos a una realidad: la Iglesia Católica somos las personas, no la arquitectura novohispana, o los grandes conventos…etc.

La arquitectura en el virreinato (porque no fuimos colonia, fuimos territorio anexo de España) fue una expresión de una idea estética, que iba de la mano de quienes, gracias a benefactores civiles, lograban edificar hermosas construcciones para el resguardo y culto religioso.
La Iglesia Católica en la Nueva España cumplía un canon estético de arquitectura y estilo, no una manda de lograr el edificio más grande y mejor ornamentado, eso era resultado de la época en que se vivía.

Por ello, comentar que la Iglesia Católica en la Nueva España derrochaba monedas de oro para lograr una magnificencia es erróneo, todo era parte de un entorno cultural antropológico.

Hoy día, en mi casa, con mi familia, en mi trabajo, ¿Cómo debe ser un católico?, esa es la gran pregunta.

La otra será: ¿Cómo interfiere este tiempo de Pascua con todos mis quehaceres cotidianos? O ¿Soy católico de domingo?

En la lectura del domingo pasado, cuando descubren el entierro vacío, María Magdalena vio y no creyó, luego San Juan, el Evangelista, vio y esperó a que llegara Pedro, Pedro contempló y ya al entrar San Juan creyó… (San Juan 20, 1-9).

¿Nosotros somos católicos de solo “ver”?, de pasar con mis compañeros de trabajo y hacerles ver que “somos católicos” y los demás son “pecadores”, que porque piensan diferente a mí soy mejor que ellos, afirmando que la crítica me domina, y solo estoy para indicar.

¡Vemos, pero no se nos nota lo que vemos! Ver es una simple acción, no entra la razón ni la Fe.

¿Somos católicos de contemplar? Esto ya es un gran paso, es un silencio mental, es un ejercicio de práctica, en donde nuestra mente nos dice la realidad de la espiritualidad, es un hecho más allá de la razón, es un acto de Fe entregado a lo que se contempla.

Contemplar es una comunicación, es una conexión, el rezo del Santo Rosario es una contemplación a María Santísima, estar delante del Santísimo de Cristo Eucaristía es un acto de contemplación, en donde las emociones participan ampliamente.

¿Somos católicos de creer?

San Juan cree, cuando ve, y contempla lo que ve, y dejó que Pedro entrara primero, como acto de respeto a la piedra, a la base de nuestra Santa Madre Iglesia, el primer Papa: Pedro.

Después de ver, contemplar y creer en Cristo, el trabajo es que se nos note.

Imagine, amigo lector, que pierde a un hermano, no vuelve a saber de él, pero lo encuentra, ¿logro transmitirle el ver, contemplar y creer?; imagine que pierde a un hijo por unos instantes, que son eternos en la inmensidad de la desesperación, pero lo recupera, ¿que sintió?

Católicos de ver, contemplar y creer son aquellos que logran mantener un equilibrio, en su relación con los demás, en su vida familiar, en su amor a Cristo y María Santísima, aquellos de corazón humilde que no buscan sino un encuentro diario con Cristo.

Entonces, dirán algunos, ser católico es ser un dotado de virtudes, ¡No! para nada, al contrario, necesitamos del amor de Cristo y trabajamos para aceptarlo, se procura cumplir los mandamientos, pero caemos; estamos en un trabajo diario de ver, de contemplar y de creer, no es una meta final, sino el sendero oscuro con la lámpara del viajero.

Los católicos no estamos en decadencia ni somos menos ni nos alejamos, los bautizados en la Fe de Cristo -la que nos enseñaron nuestros padres y madres- estamos en un peregrinar, en donde unos días caemos y otros nos levantamos.

En donde un día nos enojamos con Cristo y otro nos contentamos.

Existen algunas personas que llevan mucho tiempo enojados con Cristo y su corazón está triste -aunque digan que no-, y otras, que hace mucho ya se contentaron con Cristo, siguen fallando, se siguen equivocando, pero caminan seguros de que Él está ahí, acompañándolos.

Unos tantos más, cercanos a una enfermedad, voltean su rostro a Cristo y son bien recibidos, como si lo hubieran sido en toda su vida, cercanos a su corazón.

¡No hay un Cristo para unos y otro Cristo para otros, hay Un solo Cristo!

Uno solo abrazándonos en una sola Iglesia Santa y Católica, milenaria y llena de tradición.

La Pascua es, pues, el momento propicio para hacer un ejercicio de acercamiento hacia lo que veo, contemplo y creo, ya vi los milagros cotidianos de Cristo, pero sigo sin contemplar.

En donde ya vi y contemplé, pero me falta creer, me falta ese pasito pequeño de aceptar, creer es aceptar, es decir ciegamente: ¡Sí quiero Cristo estar contigo y tú conmigo! ¡Sí te acepto! Y me abandono a ti.

Y una vez que aceptamos, trabajamos todos los días, en mantener esta verdad, cercana a nuestra vida, sea como familia, sea como trabajo.

Este año, la Pascua tiene un hermoso regalo, el Año de la Misericordia, que nos permite un perdón continuo de nuestros pecados, cumpliendo simples pasos: Unos de carácter de ver -traspasar alguna puerta santa-, de contemplar con obras de misericordia: enseñar al que no sabe, corregir al que está en un error, consolar al triste, perdonar al que nos ofende y muchas obras de misericordias espirituales.

Pero el más importante el de CREER que la Cruz de Cristo sea el símbolo de la verdad, y el que cree en la verdad supera su condición humana y la reconforta en el corazón de María Santísima.

El madero vertical de la cruz de Cristo es la comunicación espiritual y de verdad del amor que nosotros profesamos a Dios Padre.

El madero horizontal es que con la misma intensidad con que amamos a Dios, a Cristo, a María Santísima, sea la misma intensidad con la que amamos a nuestros semejantes, nuestras familias, nuestros cercanos, porque al prójimo debemos ofrecerles nuestras obras de misericordia corporales y espirituales.

Por último, ver, contemplar y creer en Cristo ya no es más un acto privado, exclusivo de nuestras oraciones en casa o en el templo, ahora en adelante además, debe ser público, latente, ¡que se nos note que somos católicos!

Porqué sí se nos nota la alegría de contar con Cristo Resucitado, que se manifiesta de mil formas, con nosotros y nuestros semejantes, con nuestro entorno y nuestra familia, estamos dando el gran paso a la evangelización

Y unos dirán:

¡Oye! Esto de ser católico, de verdad me entusiasma, hasta me contagian de su Fe y alegría, ellos que creen en Cristo Resucitado y María Santísima, de verdad que ¡vale la pena!

¡Les quiero Seguir!

Luego entonces, amigo lector, no nos quejemos del México que estamos viviendo, porque en ello nos quede claro: ¡Tenemos el País que queremos! Esa es mi apuesta, ¿y la de Usted?…

correo: luisnusa@outlook.com
Twitter: @LuisNSDG

Comenta el contenido
Tu opinión nos interesa Tu opinión nos interesa

Rellena el siguiente formulario para comentar este contenido.





(*) Campo obligatorio


Twitter
Envía tu mensaje

Todos los derechos reservados. MEDIOS AQRÓPOLIS S.A. DE C.V. es la propietaria y/o licenciataria de los materiales publicados en este sitio.

De no existir previa autorización por escrito, queda expresamente prohibida la publicación, retransmisión, edición y cualquier otro uso de los contenidos, particularmente en algún otro sitio de internet o medio impreso, el uso de los contenidos de este sitio es solamente personal, quedando estrictamente prohibido un uso diferente a este.