Especiales de Domingo

Andrés Garrido del Toral

QUERETALIA

El Querétaro de ayer Actualizada 03/04/2016 a las 10:06    
Andrés Garrido del Toral

Andrés Garrido del Toral

En la segunda mitad del siglo XVI, después de la fundación del pueblo de indios de Querétaro, se formaron congregaciones y se construyeron ermitas para el adoctrinamiento de las diversas etnias otomíes que habitaban el norte del Río Querétaro desde épocas prehispánicas. Durante los siglos XVII y XVIII, se levantaron las capillas que después identificarían a los barrios como tales. La mayoría de los habitantes de estas lomas o cerrillos eran de castas negros y mulatos, que trabajaban en faenas del campo, en el cuidado del ganado, sobre todo del lanar, fuente primaria del progreso de Querétaro como ciudad textil. También fueron mercenarios de tierras por méritos de conquista en guerra contra los chichimecas. Más tarde trabajaron con los hacendados, en los trapiches y obrajes y como albañiles y mano de obra en fábricas de ladrillos y cal, asegura el inteligente investigador Edgardo Moreno Pérez.
El cerro de San Gregorio, lleno de magueyes, cactáceas y suculentas, así como de garambullos y nopales, fue un punto importante en todas nuestras guerras intestinas, pero también cuna de leyendas como la de la Llorona, que paseaba con su lastimero grito desde los alfalfares hasta el rumbo por donde ahora está la Gerber, y de ahí tomaba por el camino real a San Pablo, no faltando el borracho donjuanesco que creyendo que se trataba de una mujer guapa con quien saciar sus apetitos más bajos la seguía, llevándose una sorpresa mayúscula cuando la dama volteaba y tenía cara de mula o caballo.
El templo de San Gregorio está en la parte alta de la loma y data del siglo XVII. La vialidad de la zona lo ha dejado como una pequeña isla, pues es una de las vías de acceso entre norte a sur. Subiendo por Los Molinos y Los Alcanfores, hay que hacerlo por la calle Ejido, que conserva todavía su camellón arbolado y le proporciona una agradable vista al pequeño templo, donde se encuentran dos representaciones del santo patrono del barrio, una de ellas es de bulto y tiene aproximadamente un cuarto de siglo, y la otra es un lienzo al óleo y es más antigua. El templo tiene dos cuerpos rematado por una espadaña de dos vanos. Su cúpula es octagonal sostenida por contrafuertes de cada lado. La planta es de una sola nave dividida por pilastras con motivos fitomorfos y grabados. El altar con estípites que sostienen a los lados medallones y un nicho de cantera.
Al frente de la Capilla de San Gregorio, en el mismo espacio atrial, está un Calvarito, formado por arcos mixtilíneos y con techo abovedado.
Desde que terminó el general en jefe, Mariano Escobedo, sus reconocimientos de las inmediaciones de la plaza, pensó en ocupar el cerro de San Gregorio, que el enemigo había descuidado en guarecer y fortificar, ya que este punto era indispensable apoyo para ejecutar con ventaja la embestida sobre la plaza. Por la noche del 7 de marzo de 1867, el general Escobedo se descuelga desde San Pablo y ocupa el cerro de San Gregorio y sus laderas que corren hacia el Río Blanco.
El 12 de marzo, los imperialistas celebran un nuevo consejo de guerra alrededor de las siete y media de la noche: existe la obligación de hacer cambios en la defensa de la plaza; las fogatas y grandes luminarias que se advierten en el pueblo de San Pablo, San Gregorio, Pathé, Carretas y la Cuesta China, y que ya escasean por el poniente, indican claramente que el Cerro de Las Campanas no tiene por qué seguir siendo la atalaya más importante de los sitiados, ya que ha perdido mucha de su importancia como centro, así que toman el acuerdo de que el cuartel general sea a partir de ese día 12 el convento de La Cruz, más seguro y cubierto, y desde donde se podían dominar las posiciones republicanas situadas al oriente y norte.
Las fuerzas republicanas apostadas entre San Pablo y San Gregorio llegaban a doce mil hombres, número que excedía al total de imperialistas sitiados en la plaza que apenas sumaban nueve mil.
Los estrategas imperialistas se percataron tarde de la importancia que tenía este punto y para subsanar la omisión en su estrategia, el 14 de marzo, el general Severo del Castillo fue el designado para tomar el cerro de San Gregorio “a sangre y fuego”. Los republicanos, al ver este movimiento que hacían los sitiados al norte, planearon un ataque falso al convento de La Cruz y al templo de San Francisquito, trabándose en un nutrido fuego ambas líneas de la artillería colocada en esta zona. La tropa imperialista se replegó a la plaza quedando los republicanos en definitiva con la posesión del cerro de San Gregorio. El suceso de armas más importante celebrado en San Gregorio sin duda fue esta batalla del 14 de marzo.
 
LA CELDA DEL MONJE FEDERICO:
Los innombrables miembros del exclusivo club de “Los Gáname Una” están formando una agrupación musical llevando como solista al famoso “Canta Recio”, y el conjunto se llamará “Necedades” en lugar de “Mocedades”.

El 1 de abril, el ejército imperialista intentó otra fuerte ofensiva en la Otra Banda, donde las líneas estaban resguardadas por el general Antillón con la Brigada de Guanajuato. Una de las mesetas de la falda oriental del cerro de San Gregorio, que se extendía hasta la Trinidad, se encontraba descubierta de sus flancos y el barrio de San Sebastián estaba totalmente desguarnecido. Miguel Miramón hábilmente entró por San Sebastián, tomó La Cruz de El Cerrito y esperó refuerzos de Salm Salm para tomar Santa Catarina, San Gregorio y San Pablo. El embate de Salm Salm fue replegado por los republicanos que, con la llegada de otros batallones, rechazaron a los imperialistas rehaciendo sus líneas hasta el río.
LAS SIRENAS DE TILACO:
Desde que doña Tina Juárez Ferruzca, “La Bella Durmiente”, ya no pudo trabajar en su esquina de Madero con Nicolás Campa, las gorditas de migajas frente al jardín Guerrero, a un lado de lo que fue el Sanatorio Margarita, siguen señoreando a los antojadizos queretanos que desde la mañana y hasta el atardecer hacen largas filas en espera de las ansiadas garnachas que saben a la auténtica migaja, no a copete ni a carnitas como en otros lados que confunden a la gente ignorante. Las más asquerosas gorditas son las llamadas queretanas y que están gigantes y hechas con nixtamal dulzón, de una cadena que así se hace llamar y que pulula por toda Zaragoza y plazas comerciales. Las auténticas de migajas están aquí, donde te las dan al natural o con guisos variados. Son caras, pero la dueña paga alquiler y se explica. Eso sí, estés adentro o afuera del changarro sales oliendo a pura grasa de cerdo, pero eso no les importa a los golosos que hacen fila día tras día. Me acuerdo que el 18 de enero de 1989 me estrené como padre, era Secretario del Ayuntamiento y teníamos sesión de cabildo muy tensa, y no me dejaba el alcalde Braulio Guerra Malo salir a atender a mi esposa Conchita al Sanatorio Margarita, además de que la niña Connie venía con tres nudos de cordón umbilical. Vestido de lujoso traje negro, en un receso, me atravesé al nosocomio y una monja con cara de Godzilla me dijo primerizo y que no estuviera ingando. Así que con la cola entre las patas me refugié en el tendajón de al lado y me comí dos gorditas de migajas con una diet coca de lata, para no engordar. Eso sí, cuando se reanudó la sesión de cabildo yo olía a puerco mal capado y mi amigo regidor Flavio Parra a pulque mal curado. Estaba tan jodido Querétaro que las opciones para parir y comer eran pocas…la misma esposa del poderoso líder de la Legislatura Local -Jesús Rodríguez Hernández- estaba esperando el nacimiento de su hija Paty en dicho sanatorio, pero Chucho tenía para comer la Flor de Querétaro, propiedad de su mamá y no llenaba sus trajes oscuros ingones de sope. Apenas se estaba construyendo el carísimo hospital San Carlos que ahora es el “Ángeles”. Los jodidos jodidos de plano se iban al Sanatorio Mariano, como mi señora suegra dice. En el centro citadino había poco de donde escoger, no estaba la ingonería de restaurante y menú La Llave ni las gorditas de Tere, y ya había desaparecido la “lonchería Bambi”, propiedad de la mamá de “La Chiva” Zepeda Armendáriz, emparentada con los Cisnel de “Las Tortugas”. Hoy el centro tiene mil opciones, desde el refinado “Ticua” hasta tortas secas y horrorosas para turistas y no gourmets exigentes. Los restaurantes “Fin de Siglo” y el “1810” han conservado los precios, pero rebajaron las raciones y tienes que ir a atascarte o llenarte a los tacos de “El Güero” Padilla al portal Independencia. Les vendo un puerco en migajitas.


 

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