Especiales de Domingo

Andrés Garrido del Toral


El Querétaro de ayer Actualizada 10/04/2016 a las 09:42    
Muchas veces intentan los sitiados de Querétaro en 1867 comunicarse con Leonardo Márquez, el cual había salido de la ciudad la madrugada del 26 de marzo rumbo a México para traer refuerzos, y para tal empeño se auto propone ante el mismísimo emperador Maximiliano un connotado joven llamado Pedro Sauto, de los Malo Sauto y otras apreciables familias queretanas y sanmiguelenses conservadoras. Dijo el joven Sauto que no sería objeto de sospecha republicana porque diría a los chinacos que iba a resolver al campo asuntos de familia, la cual era propietaria de haciendas en Guanajuato y en Querétaro, como por ejemplo la hacienda de La Monja. Salido del caserío llega sin la menor novedad a la línea republicana situada en San Gregorio y salta el foso de la trinchera blandiendo una bandera blanca; alegó que estaba cansado de las vejaciones de los imperialistas y deseaba servir en las filas de la República, y como iba bien vestido y pertenecía a una conocida y rica familia local, tiene amigos y conocidos entre los republicanos que abonan su actividad agrícola de rico ganadero, y está a punto de lograr su propósito cuando, por precaución, un oficial fuereño y rudo ordena que se le entregue uniforme de chinaco y se le revise ropa y equipaje con detenimiento y nada se le encuentra. Pensaba ir a la hacienda de La Monja y de ahí dar un gran rodeo hasta alcanzar por el oriente el camino a México. Ya se despedía de los militares cuando a uno de ellos se le ocurre regresarlo para examinar el sombrero de Pedro y allí, precisamente, llevaba oculto en el listón de seda un billete de finísimo papel con la firma de Maximiliano dirigido a Márquez, llamándolo de urgencia a Querétaro. Inmediatamente se avisa a Escobedo, quien no duda en ordenar se fusile inmediatamente a quien había intentado burlar la vigilancia juarista. Solamente atinó el joven Pedro a rogar que se le diera aviso a su familia cuando supo de su inapelable sentencia. Cinco tiros sonaron esa misma tarde y, de frente a las trincheras imperialistas, cegaron la vida del joven que intentó realizar un servicio en favor de miles de familias sitiadas, al que además colgaron ya muerto del palo más alto para que no dejaran de contemplarlo los partidarios de Maximiliano, sacrificio totalmente inútil por la difícil situación de Márquez en México.
Era tanta la importancia estratégica de la loma de San Gregorio que un soldado liberal anónimo escribió lo siguiente: “Es el punto militar más importante de la plaza de Querétaro, forma un arco de más de noventa grados que comprende parte de la población y la domina a toda ella: si desde este punto se hubiera bombardeado, no habría resistido (Querétaro) dos días; pero esto no se ha hecho no sé si por Filantropía (sic) o por falta de bombarderos…”. San Gregorio se distinguió por ser el sitio en que la artillería estaba más activa, y siguió con su tiroteo poniendo los nervios de punta entre la inofensiva población. Especialmente fue cañoneado el convento de La Cruz por ser la habitación y oficina de Maximiliano, cuyas paredes acusaban ya el deterioro de los días de sitio al tener incrustadas muchas balas republicanas, las cuales no pueden reciclar los sitiados porque serían fácil blanco de los enemigos. En cambio, en San Gregorio donde quedaron cientos de balas de cañón de los imperialistas, los chinacos sí las reciclaron en el parque militar cercano.
El 1 de abril Miramón emprende un ataque sorpresivo que tiene como punto central San Sebastián, pero llega hasta La Trinidad y San Gregorio capturando un sinnúmero de prisioneros, parque y botín de boca, perdiendo muchos hombres y sin poder quitar dichos puntos a los republicanos. Escobedo quita el mando sobre San Gregorio al general Florencio Antillón por no haberse defendido efizcamente del joven Miguel Miramón y casi se pierde el punto tan importante ¡Y todo por una zurrada! Los imperialistas lo sorprendieron cuando estaba defecando bajo un maguey en San Gregorio.
El 3 de mayo vuelve a atacar Miramón San Gregorio y aunque los chinacos ganan la escaramuza, tienen que lamentar la muerte de doscientos soldados que quedaron tendidos en el ala norte del cerro.

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