Rafael Cardona

EL CRISTALAZO Actualizada 04/07/2016 a las 08:22    
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Rafael Cardona


LO DEBERÍAN MATAR, SEÑOR PRESIDENTE


Por desgracia uno de los personajes de esta historia está muerto. No puede confirmar nada.

Otra vive, pero no le atribuyo interés alguno ni en leer esta columna ni en aclarar si las cosas son ciertas o no. Posiblemente, entonces, no valga sino como anécdota de un mundo viejo y desaparecido cuando algo así podría haber ocurrido.

La narración comienza en Los Pinos durante el gobierno de Luis Echeverría. El dirigente campesino y popular César del Ángel (de quien ahora tanto se habla nuevamente en Veracruz), había provocado el enésimo conflicto de su compleja vida como agitador social.

Muy cerca estaba aun el episodio aquel de los copreros guerrerenses (la endémica violencia de ese estado caliente e hirviente) , en el cual casi 40 personas murieron y un centenar terminó con heridas. Ese fue el fin del gobierno de Abarca Alarcón.

En la junta estaban los dirigentes agrarios oficiales, los funcionarios de Gobernación, los enlaces con el mundo político estatal de aquel tiempo.

--¿Qué hacemos con Del Ángel?, preguntó Luis Echeverría.

Las ideas cayeron en cascada. Unos hablaban de una mesa de diálogo, otros de una represión contundente, unos más de la compra del movimiento, algunos por refundirlo en la cárcel. Otros apostaban al natural desgaste por inanición. Todos hablaban y cada cabeza era un mundo.

De pronto alguien, a quien mi amigo e informador jamás quiso mencionar por su nombre, le dijo a Echeverría:

--“Señor Presidente, con todo respeto, pero a ese cabrón hay que mandarlo matar.

Echeverría lo miró con esos ojos penetrantes y miopes cuyo brillo podía derretir el cristal de sus anteojos y le dijo:

--“¿Y quién va a dar la orden, usted o yo?

--“Bueno, señor Presidente yo no soy quién…

--¡Ah!, entonces usted propone un asesinato y yo debo ordenar una muerte nada más para darle gusto.

--“¡Capitán!, le dijo a un ayudante. Tráigame una pistola. De inmediato.

--“Pero señor..

--“Deme su arma, capitán, ordenó Echeverría con voz de trueno.

Echeverría tomó la escuadra y le dijo al de la iniciativa.

--“Venga, tome esta arma, vaya y mátelo. A ver si es tan fácil”.

Pálido el autor de la sugerencia le dijo al Presidente:

--Señor, ¿me permite retirarme? Y se fue.

Al día siguiente le entregó a su jefe inmediato la renuncia al cargo. Jamás volvió al gobierno.

Quien me contó esto fue uno de los secretarios auxiliares del Presidente en aquellos años. Me lo narró muchos años después, cuando Echeverría estaba bajo arraigo, con una mezcla de asombro y admiración por su antiguo jefe y siempre recuerdo esa anécdota (real o fantasiosa) cuando escucho a los diletantes de la violencia hablar de cómo debería comportarse el gobierno en asuntos como el actual conflicto con la CNTE.

--Los deberían fusilar a todos, me dijo el otro día una señora en el supermercado.

Pero quienes así opinan no serían capaces de dar la orden de fuego si el pelotón estuviera formando el cuadro frente a un paredón.

Por lo pronto el movimiento de los 400 pueblos tiene muchas cosas por explicar después de la pedrea con la cual agredió a los dirigentes del Partido Acción Nacional y al gobernador electo, Miguel Ángel Yunes.

Todos sabemos los resentimientos personales de Del Ángel con Yunes y con otros personajes de la vida política veracruzana, pero esas turbamultas violentas no deberían existir. Sólo pueden hacerlo si alguien los protege y financia. Eso nos queda claro a todos.

Alguien dijo, frente a los rostros estupefactos y asustados de los panistas en fuga, con la camioneta lapidada y los ayudantes maltratados a golpes y patadas:

--Bueno, así es la política.

Y no, la política es así ( de cualquier lado) sólo en el encuadre primitivo de quienes no saben dirimir las diferencias de otra manera.

Cuando alguien lanza una roca es porque no puede lanzar una idea.

VERIFICACIÓN

La Comisión Ambiental Megalopolitana no pasa la “verificación” de los ciudadanos. Están haciendo un ridículo pavoroso. Todos.

En los últimos meses sólo ha habido ocurrencias y dislates. El doble no circula, el no circula reforzado, las patrañas en la medición, las equivocaciones constantes, los malos diagnósticos, la evidencia de la incomprensión del verdadero problema, la mala puntería y ahora la clausura de los centros de verificación los cuales no cuentan ni siquiera con los equipos necesarios para una aplicación conveniente de la norma oficial 167 la cual es en sí misma otra fantasía.

Ni la Comisión ni la Semarnat sirven para untárselas al queso. Estamos en manos de improvisados e ignorantes.

Como las mujeres equivocadas, quieren tirar el agua sucia de la tina sin sacar primero al niño de la bañera.

--o--



 

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