Sergio Centeno García

Diálogo o barbarie Actualizada 04/07/2016 a las 08:20    
Sergio Centeno García

Sergio Centeno García

Palabra Universitaria


Cuando en alguna organización social, educativa o empresarial no se tolera el pensamiento diferente y no se acepta la manifestación distinta a la de quienes dirigen o gobiernan y se hace lo que sea para reprimirlos o de plano eliminarlos, se dice que existe un liderazgo o gobierno dictatorial y fascista.
Como ejemplo recordemos a todas las dictaduras militares de derecha (Pinochet, Stroessner, Videla, Hitler, Mussolini, Franco, Porfirio Díaz, etcétera), o de izquierda (Stalin), en donde cualquier expresión que planteara una visión distinta a la que tenía el poder era reprimida y silenciada con la muerte. Gracias a este tipo de tácticas represivas las dictaduras pudieron mantenerse en el poder por mucho tiempo. El dictador Porfirio Díaz se mantuvo como presidente de México por más de 30 años, debido a que apenas era informado de que en algún pueblo o ciudad de la república alguien se había atrevido a hablar mal de él, enseguida lo mandaba encarcelar para después asesinarlo. Lo mismo hizo Hitler en Alemania y Pinochet en Chile.
En México la represión por motivos políticos ha sido una constante. Conocemos que hubo matanzas de estudiantes en octubre de 1968 y en junio de 1971, simplemente porque criticaban a los presidentes en turno. De igual manera sabemos que después hubo masacres en Acteal, Aguas Blancas y otros lugares, siempre obedeciendo al mismo fin: callar a quienes critican el gobierno.
En los últimos tiempos sin embargo, no es común que los gobiernos asesinen a quienes piensan diferente, pues conocen que gracias a los medios alternativos como las redes sociales, es casi imposible ocultar los crímenes y eso los ha obligado a ser más sofisticados en sus tácticas represivas.
Por ello, lo que por años han venido practicado los gobiernos es la llamada “justicia a modo”, la cual consiste en que una vez identificados los de pensar diferente y actuar crítico, se les inventa un delito cualquiera para que los jueces emitan orden de aprehensión en su contra y así encarcelarlos de inmediato. Para el gobernante esto es muy fácil, ya que inventar o fabricar un delito para inculpar a alguien es cosa sencilla teniendo los jueces corruptos o quienes procuran “justicia” de su lado.
De esta manera hemos sido testigos cómo han sido encarcelados líderes comunitarios como el Sr. Hipólito Mora y el Dr. José Manuel Mireles, impulsores ambos de las autodefensas en Michoacán, este último preso aún. Igualmente hace pocos días salió libre Nestora Salgado, comandanta de la policía comunitaria de Olinalá Guerrero, quien también había sido encarcelada por el gobierno federal acusada de 50 secuestros y muchas cosas absurdas más.
Del mismo modo, para acallar las voces que protestan por la aplicación de la llamada “Reforma Educativa”, hace poco el gobierno federal encarceló a los maestros Rubén Núñez y Francisco Villalobos, líderes de la Coordinadora Nacional de los Trabajadores de la Educación (CNTE) en Oaxaca, a quienes primero acusaron de robarse unos libros de texto, pero cuando se dieron cuenta que este era un delito menor que no les garantizaba encarcelarlos, se inventaron que estos maestros “lavaban” dinero y que habían desviado millones de pesos, nada más falso.
No obstante, la agresión no paró ahí, ya que al no lograr detener las protestas mediante el encarcelamiento de sus líderes, el domingo 19 de junio el gobierno federal ordenó reprimir las manifestaciones de los maestros y el resultado de dicha acción represiva fue el asesinato de 11 personas, cientos de heridos y otra vez, por lo menos 22 desaparecidos entre maestros y simpatizantes que bloqueaban las carreteras de acceso a Oaxaca.
Estos asesinatos, al igual que la desaparición forzada de los 43 estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa, provocaron una ola de protestas en todo el mundo y evidenció de nueva cuenta a nuestro país como un lugar donde no se respetan los derechos humanos.
Al respecto, tengo la impresión que tanto el gobierno federal priista, como el gobierno estatal panista, están cometiendo una equivocación terrible al intentar agradar con sus acciones represivas a quienes financiaron sus campañas políticas, pues es bien conocido que las clases empresariales o adineradas no simpatizan con ningún acto que signifique protesta, desobediencia o rebeldía civil. Para los oligarcas que pagan las campañas de los políticos, toda forma prudente de abordar una protesta social es señal de debilidad. Para ellos el diálogo no es recomendable cuando de acordar con los de abajo se trata, puesto que ello significa ceder a las medidas de presión social ejercidas por el pueblo. Más bien, ellos consideran que los de abajo, los que menos tienen, simplemente deben acatar las órdenes o mandatos jurídicos que ellos diseñan y aprueban a través de sus incondicionales que colocan como “legisladores”, y en caso de no acatarlas sencillamente debe aplicárseles todo el peso de la ley para mantener “la paz social” y “el estado de derecho”, aunque esto signifique la pérdida de vidas humanas.
Pienso que nuestros gobernantes deben privilegiar el diálogo, el acuerdo y el intercambio de argumentos para conducir por buen camino al país, pues si la represión, la violencia y el asesinato persuaden a unos cuantos por temor a perderlo todo, incluso su propia vida, no ocurre lo mismo con muchos otros, sobre todo aquellos que están acostumbrados a la lucha constante y que traen consigo toda una cultura ancestral de resistencia a los despojos, saqueos y masacres colectivas que por siglos han padecido.
Por el contrario, en estos pueblos cada que les asesinan a uno de los suyos en vez de crecerles el miedo se les incrementa el odio y el deseo de venganza y eso es grave, pues de persistir la actitud represiva del gobierno y su constante negación al diálogo, podría provocar una respuesta también violenta de los agredidos y sumir al país en un conflicto social que a nadie conviene.
Precisamente hace unos momentos (escribo esto la madrugada del domingo), al revisar un video en las redes sociales, escuchaba yo a unos maestros de Chiapas emitir un mensaje por demás delicado: “Como los gobernantes son vampiros y quieren más sangre, advertimos: si llegara a haber represión y nos tocara la mala suerte, por cada compañero muerto que haya, uno de los políticos va a morir. Y no nos vamos a echar para atrás”. Esto como respuesta a las declaraciones que tanto Miguel Ángel Osorio Chong, Secretario de Gobernación, como Manuel Velasco Coello, gobernador de Chiapas, emitieran previamente amenazando con reprimir a los maestros en caso de mantener los bloqueos carreteros.
El gobierno debe tener conocimiento que no provoca la misma respuesta asesinar jóvenes estudiantes o maestros en alguna ciudad como México, Guadalajara o Monterrey, que hacer lo mismo en Oaxaca, Guerrero, Chiapas o Michoacán, puesto que los habitantes de estos estados poseen realmente una capacidad increíble para responder violencia con violencia. Entonces, la prudencia debe prevalecer sobre la arrogancia y la cerrazón tanto en las filas del gobierno como en los maestros que luchan contra la reforma educativa, pues de lo contrario, en los próximos días podríamos estar atestiguando una masacre de grandes proporciones.
En pocas palabras, intento decir que la represión no nos llevará jamás a buen puerto, ya que con la violencia, con la barbarie, todos salimos perdiendo, hasta quienes desde sus cómodas y lujosas oficinas ven como el pueblo se mata entre sí (policías contra manifestantes). Por lo tanto, diálogo racional y acuerdos consensuados es lo que necesita nuestro país en estos momentos. Ojalá que esto ocurra y no un nuevo acto represivo. Opino.

Comentarios: sergiocenteno05@live.com

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