Pedro Pablo Aguilera

COLABORACIÓN DE LOPOLITICO.COM Actualizada 07/07/2016 a las 08:03    
Y GOLIAT VISITÓ A DAVID



Gracias a la nueva política norteamericana de Barak Obama con Cuba, la estrategia exterior norteamericana de Goliat, el imperialismo yanqui no podrá ser el pretexto para David, el gobierno cubano. Hay muchas brechas posibles para que el embargo siga siendo la justificación de todo lo que pasa y no pasa en la isla.
Hoy viajes, turismo, intercambios científicos, circulación del dólar, proyectos empresariales, están ahí. Y ha sido la tremenda voluntad de ese Goliat superando las resistencias poderosas de dentro, lo que lo hace el nuevo amigo, el vecino del norte. Es más, todo esto podría, tal vez, hacer desmentir las palabras de Fidel Castro cuando dijo en una entrevista al periodista Jeffrey Goldberg de The Atlantic que “el modelo cubano ni siquiera funciona para nosotros”.
Lo verdaderamente cierto es que los cubanos estamos algo desconcertados por lo incierto de esta historia, pero sería simplista decir que todo se reduce a dos presidentes o una serie de presidentes norteamericanos y dos hermanos cubanos. Eso es un mal chiste.
El drama de los cubanos hoy es no saber hoy día, quién fue su enemigo tras 50 años. Si el discurso de extrema derecha situado en una orilla o el discurso de extrema de izquierda de la otra orilla con un mar cruel de 90 millas como muro sin electricidad, pero con tiburones con más muertes que los francotiradores del muro de Berlín (¿sabe usted que las cifras más conservadoras afirman que de 10 balsas con promedio de ocho personas, solo llegan tres? ¿Sabe usted cuantas balsas han llegado entre 1960 y hoy?).
Cuba vive hoy la esperanza de niveles más dignos de calidad de vida, de posibilidades de alternativas económicas personales o de otro tipo, de que cada mujer, cada hombre, pueda ofrecer su saber y experticia a un mercado laboral que ofrezca salarios dignos sin gravámenes de un intermediario como ha actuado el Estado cubano con los ¨internacionalistas¨. Cuba vive con la ilusión de que se respete la libertad de expresión, de asociación y de opinión rompiendo el totalitarismo, y entre en el juego de una libre concurrencia de la pluralidad política.
Pero lo más dramático de la realidad cubana es el enfrentamiento generacional, el choque de ellas internamente o entre ellas en el campo de los valores, de lo moral que va más allá de un Miami vs La Habana. El drama mencionado se ha dado a nivel de familia, que es lo más amado por todos. Esa lucha ha dividido familias con silencios, odios y amores ocultos, engaños, traiciones. Eso es terrible –y yo lo conozco en tres generaciones de mi familia-, porque todo se subordinó a la política. Vivimos una Guerra Civil, para algunos silenciosa, para otros no tanto.
El diferendo histórico entre los países se trasladó desde el primer momento a cada familia provocando rupturas, entre amigos, matrimonios también. En los barrios se crearon los Comités o (CDR) que vigilaban en cada cuadra no solo lo delictivo, llegaban hasta averiguar por qué te vestías así, escuchabas esta u otra música o tal emisora en inglés como la WQAM, o recibías amistades del extranjero. En el trabajo eras confiable, elegible o no, por la lealtad política y no profesional; y solo puedes ser elegido en cargos políticos si eres políticamente confiable. La resultante: un país de hipocresías y doble moral, bipolar entre pensamientos y realidades.
Hoy, o mejor dicho desde el 17 de diciembre de 2015, se comenzó a desmontar el estado de guerra existente a todos los niveles pues ha prevalecido el realismo político de ambos gobiernos y las cosas han llegado a niveles impensados. No es la concordia, no. Falta mucho para que la sociedad cubana sienta que el peso de un gobierno que actúa como el Gran Hermano deje de hacerlo, pues su naturaleza es esa y son los cubanos los que tenemos que resolverlo, sobre todo por ahora los que están en Cuba. Los otros, los que estamos en la diáspora, debemos apoyar que se den pasos de democratización aunque digan que sea representativa o liberal, pero democracia y no un ejercicio del poder sin pluralidad de ideas y de debate.
La verdad es que la oposición cubana siempre ha sido débil por su fragmentación, por su incapacidad de unidad, por su celos y afanes de protagonismo aun cuando tuviera o tenga hoy, personas muy valiosas y verdaderamente valientes en lo físico y en su compromiso por una Cuba incluyente, plural, como dijera José Martí, ¨con todos y para el bien de todos¨.
Ellos significaron un momento, pero su momento terminó, han perdido capacidad de visionar y entender lo sucedido. No supieron y por ello la resistencia casi irracional a los pasos diplomáticos y mucho más a la visita de Obama. Siento pesar que sus argumentos sean tan ortodoxos y rígidos, como los manuales de Kontantinov o Nikitin, pero no hay que olvidar que son hijos de la generación de noticieros y periódicos unidireccionales. Eso pesa, y es una ley gravitacional que lleva a tierra cualquier idea o proyecto.
La oposición cubana, que tiene justificación de existir por el derecho universal de la libertad de expresión y pensamiento; debe comprender que será desde la economía a escala, desde donde se dará el debate. Que será la capacidad de ellos de generar alternativas locales de opinión y económicas frente a lo estatal para liberarse de la dependencia económica y comenzar a gestar un accionar social y político frente a un discurso corroído por planes y promesas incumplidas por una generación histórica cuasi senil, que pierde aceleradamente sus bases sociales al perder justamente el control económico. Van siendo una armadura con esqueleto.
No será, no puede y no debe ser que mendiguemos la solución de los problemas cubanos a otros, en este caso a Obama. Ya Goliat ¨derrotado¨ ya casi ha terminado su labor y errores. David “el vencedor¨, debe orientar a reconocer su verdadero contendiente y en ello, debe ser capaz de comprender que habrá que negociarlo todo pues el odio, la venganza y más dolor, no tienen más espacio en nuestra historia.
Cuba, con el fin de la visita de Obama, comenzará en cuenta de día a día, hasta llegar a que transiten tres generaciones, no menos, para sanar las heridas de una guerra civil silenciosa llena resistencias internas que el peso de la Guerra Fría y las meta utopías fracasadas del siglo XX no permitieron ver. Somos un país lleno de Ana Frank, no se lo imaginan, lleno de exiliados nostálgicos y amantes de su patria. Cuba debe entender que inició su propio posconflicto.
*Director del Departamento de Humanidades Universidad Santiago de Cali
 

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