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La importancia de amarte a ti mismo Actualizada 10/07/2016 a las 10:27    
ES MUY, MUY IMPORTANTE AMARSE Y ACEPTARSE, Y DARSE CUENTA QUE DE ESO DEPENDE EL EQUILIBRIO DE NUESTRO VIVIR DIARIO
"Cada ser humano es el protagonista de su propia vida, puede ser que nunca lo hayas pensando, o que no hayas tomado conciencia. Pero eres el protagonista de tu propia vida. No eres el único actor. La historia sería demasiado aburrida si lo fueras, pero eres el protagonista, el director de la trama. Aquel de quien dependen en última instancia todas tus cosas, aunque no eres autosuficiente, aunque no te bastas a ti mismo, eres responsable de todo lo que sucede contigo en más o en menos”, recuerda que somos ciento por ciento responsables de nuestra vida por acción o por omisión. En ese orden de ideas, entonces autodepender significa dejar de colgarte del cuello de otros. Es obvio que cada individuo en el planeta necesitará de la ayuda de otros para subir cada peldaño de la escalera llamada vida. Pero es primordial hacer conciencia de que en el interior de cada individuo habita una llave para abrir la puerta en cada situación por compleja que sea y que solo la podrás abrir cuando te hagas cargo de ti mismo.
Es cuando surgen en el corazón y en la mente de hombres y mujeres algunas interrogantes, como ¿cuál ha sido el balance de mí vida? Pero para aquellos que no se lo han formulado, también podría ser la temporada ideal para mirar hacia adentro y tomar conciencia de su vida. Pero también llegan los cuestionamientos de lo que se ha hecho, si se alcanzaron las metas o se perdió el tiempo, si se cumplieron los compromisos morales, laborales, con su pareja, hijos, padres, estudiantiles en fin… Pero quizás, sea una época para hacernos las tres preguntas existenciales básicas de la humanidad: ¿Quién soy?, ¿A dónde voy? y ¿Con quién estoy?
Autodependencia significa responder estos interrogantes primordiales. ¿Te las has formulado? Pero para responderlas hay que hacer un alto en el camino. ¡Cuidado! con tratar de preguntar ¿a dónde voy? según con quién estoy. ¡Cuidado! con definir ¿quién soy? a partir de ¿quién me acompaña? Un ser humano no puede definir su camino a partir de ver el de otro. Pero tampoco debes definirte a partir del camino que actualmente recorres. El asunto va más allá. Eres tú el que definirá primero ¿Quién eres? Eres tú el que decidirá primero ¿Cuál es tu camino? Entonces será hora de preguntarte ¿Quién te acompaña? Será hora de preguntarte ¿Qué harás? Es verdad, nosotros en cada instante de la vida decidimos que hacemos. Tomamos decisiones por acción u omisión.
Ya que si no tomas decisiones otros lo harán por ti. La vida es una hermosa cebolla, envuelta de muchas capas. Cuando descubres una, te quedan otras por abrir, pero hay  habita el milagro de la incertidumbre. En ese sentido, los seres humanos a veces andamos por la vida siguiendo la corriente; sin pensar hacia dónde nos dirigimos, con certeza. Solo vamos como autómatas siguiendo el camino de otros, pero sin elegir el nuestro. ¿Quién soy? es una de las preguntas fundamentales de la vida, no obstante en la corriente no solemos hacernos esa pregunta. Pero si vivimos preguntándole a otros ¿quiénes somos?, ¿cómo nos vemos?, ¿si estamos bien vestidos?, ¿si nos sienta ese color?, ¿si fue apropiado aquello que callamos?, ¿si nos sienta bien aquello que dijimos?, ¿si el jefe nos miró?, ¿si tenemos el carro apropiado?; ¿si cenamos en el restaurante “chick”?, ¿si elegimos el mejor sitio para ir de vacaciones? etc…
Es cierto que los seres humanos estamos demasiado acostumbrados a que los demás nos digan qué hacer o cómo hacerlo. Somos adictos a la aprobación de los demás, a veces, la gente habla de los demás sin saber realmente quien es ese ser humano, pero cuando lo hace, se está hablando de sus propias frustraciones, de su historia de vida, de sus miedos, de sus dolores. Aunque parezca complejo es hora de hacer conciencia de que somos espejos y que atraemos a nuestras vidas personajes para trascender en nuestra evolución como personas. Así que como espejos vemos en el otro aquello que llevamos dentro y necesitamos sanar.
Estamos demasiado acostumbrados a cederles nuestros ojos a los demás para que nos miren y nos digan cual es nuestro propio criterio. Como si todavía fuéramos niños. A veces, cuando observó el comportamiento de los adultos en discusiones o situaciones difíciles, veo a la niña o el niño que fueron. En ese momento, para resolver esos asuntos podríamos acudir al adulto, coherente y responsable. Pero quizás insistamos en ser niños para no salirnos de nuestra zona de confort. Esa es una de las verdades que se nos olvida. Así como Jesús fue niño, nosotros también. La diferencia es que el maestro en su vida adulta se comportó como tal, reconociendo su poder y su conexión con la divinidad. Pero nosotros a veces, solemos comportarnos como niños pataleteando para no enfrentar nuestras propias sombras. Pero ser niño no es bueno ni malo. Tal vez, en nuestra vida muy tiesa y maja, necesitamos acudir en algunos instantes a aquel niño o niña que fuimos para ser espontáneos, auténticos y disfrutar de la vida. Seguimos siendo, los bebés que fuimos, los niños que fuimos, los adolescentes. Anidan en nosotros los niños que alguna vez fuimos, pero este niño o niña puede hacernos dependientes. Es el niño que se adueña de nuestra personalidad porque estamos asustados, porque algo nos pasa, porque tenemos preocupaciones, porque tenemos miedo, porque nos perdimos de nuestra propia vida, como “Alicia en el País de las Maravillas” se perdió en el camino. Cuando esto sucede, la única solución es que un verdadero adulto se haga cargo del niño. Así que es hora de descubrir que eres un adulto y hacerte cargo del niño que habita en ti. Autodepender es enfrentar la verdad, con coraje. No seguir mintiéndote a ti mismo; es declaramos capaces de aceptar la realidad tal como es. Entonces, aunque desees que la gente que tú quieras te quiera, si eso no sucede sería sano reconocerlo. A veces, las personas están al lado de alguien que no quiere estar con ellos, pero es cuando debemos comportarnos como adultos y elegir que no es sano estar al lado de quien no nos quiere, aunque sea doloroso. Eso es parte del amor propio, saber que estas contigo. No estoy invitado a promover el egoísmo, pero sí a amarnos y aceptarnos como somos, sabiendo que nadie nos define, nosotros nos definimos en cada instante de la vida. Suelta la adicción a los demás y podrías pasar más tiempo contigo mismo, correr riesgos y hacerte responsables de nuestra propia vida. Abandona la necesidad de culpar a otros y asume las riendas de tu vida, conquistando tu propia autodependencia, ocupando tu lugar en el mundo como persona. No se nace siendo persona, se nace siendo ser humano, y cuando somos personas reconocemos que ya no son nuestros padres, nuestros jefes, nuestros amigos, hijos, esposos, novios, Gobiernos, y Naciones quien te Gobierna. Eres tú el protagonista de tu propia vida. Así que asume la responsabilidad de sanar tus creencias limitantes, reconciliarte con el pasado, agradecer tu presente y vivirlo intensamente. Tomar riesgos y si te equivocas, aprenderás. Si pierdes algo tal vez no lo pierdas, más bien solo estas creciendo. Cuando actuamos como somos, sentimos lo que sentimos y correr los riesgos que debamos correr, y no delegar la responsabilidad de lo que hacemos es lo que determina que seamos una persona. Eso nos compromete a defender nuestra libertad. Pero para ello, tendremos que conquistar el lugar, el lugar de la autodependencia.
La diferencia entre un individuo y una persona
Ser una persona implica ser capaz de concederse por lo menos cinco libertades de la autoestima, que se define como las libertades imprescindibles del hombre. Me concedo a mí mismo el permiso de estar y de ser quien soy en lugar de esperar que otros determinen en dónde debería estar. Me concedo a mí mismo el permiso de sentir lo que siento, en vez de sentir lo que otros sentirían en mi lugar. Me concedo el permiso de pensar lo que pienso y también el derecho de decirlo si quiero o de callarlo si es que así me conviene. Me concedo el permiso a mí mismo de correr los riesgos que yo decida correr con la única condición de aceptar pagar, yo mismo, los precios de esos riesgos. Me concedo el permiso de buscar lo que yo creo que necesito del mundo, en lugar de esperar que alguien más me de el permiso para obtenerlo.
Así dejaras de exigirte ser el que quieren los demás, el que quiere el jefe, la esposa (o) los amigos, los hijos, los padres, en fin… Así que, ¡atrévete! a ser persona. Concédete a ti mismo el permiso de estar y de ser quien eres, en lugar de que otro determine dónde deberías estar o cómo deberías ser. Concédete a ti mismo el permiso de sentir lo que sientes, en vez de sentir lo que otros sentirían en tu lugar; concédete a ti mismo el permiso de pensar lo que piensas y también el derecho de decirlo o callártelo; concédete a ti mismo el permiso de buscar lo crees que necesitas del mundo, en lugar de esperar que alguien más te dé permiso para obtenerlo. Date la libertad de ser simplemente quien eres.
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