Sabino Medina

Desde los Balcones Actualizada 12/07/2016 a las 07:55    
Sabino Medina

Sabino Medina

EL PRI, ¿UN AJEDREZ POLITICO EN SOLITARIO?
Dos eminentes queretanos han presidido el PRi: Fernando Ortiz Arana y Mariano Palacios Alcocer.

Cuando don Adolfo Ruiz Cortines, o Miguel Alemán, designaron como presidente del PRI, a Pascasio Gamboa o al general Rodolfo Sánchez Taboada, o al general Agustín Olachea Avilés, los dos últimos baja californiano por cierto; no lo hicieron porque fueran sus cercanos, sino porque unos y otros de los nombrados, elegidos, tenían su trayectoria y su ascendencia, mucha o poca, en las filas partidarias.
Gustavo Díaz Ordaz, por ejemplo debuto en el PRI, llevando como dirigente a Carlos A. Madrazo, ex gobernador de Tabasco y cuando este cae o renuncia, le substituye don Lauro Ortega, un político hecho a la antigüita, precisamente para contrastarlo con el fogoso recién arrastrado por su propio ímpetu, pero uno y otro nada cercanos a la corriente poblana de dónde provenía el hombre de Chalchicomula, Ciudad Serdán Puebla.
Alfonso Martínez Domínguez, dirigente sindical burocrático desde los tiempos de don Gilberto Rojo Gómez, Jefe del Departamento del Distrito Federal, más bien se le miraba cercano al general Alfonso Corona del Rosal, pero también conocedor e intuitivo y conocedor de la fuerza que entrañaba Gobernación, por aquel entonces, de donde habían emergido el propio Miguel. Alemán y Ruiz Cortines, luego del Avila cataclismo de Don Manuel, el Presidente Caballero, como se le afamó en los medios de la política nacional.
Luis Echeverría, después de lo acontecido en el país y en la política, nombra al frente del PRI, a don Jesús Reyes Heroles, al que luego sustituyó por el experimentado campechano Carlos Sansores Pérez y al final opta por Porfirio Muñoz Ledo, hecho al vapor político en ese sexenio y al final del mismo.
El PRI cupular y de élites siguió dando tumbos como complementario alguna veces del secretario de gobernación en turno y casi siempre con el beneplácito presidencial.
Los tumbos que le siguieron fueron altibajos, más lo último que lo segundo, bajos, que lo primero altos, después de haberlo presidido gentes de la estatura de don Heriberto Jara, Silvano Barba González, y luego el general Gabriel Leyva Velázquez, cambio de siglas de por medio, digo las del partido oficial.
Carlos Salinas de Gortari acentuó la descomposición partidaria con que hasta hoy le sigue al más viejo agrupamiento político del país, descontando al Partido Católico al que perteneciera el hijo del general Bernardo Reyes, antecedente obligado del PAN, cambiadas las circunstancias que pasan por José Vasconcelos y por Manuel Gómez Morín, colaboradores de don Adolfo de la Huerta y de Alvaro Obregón. Hubo historia y sigue habiendo historia aún ahora.
Con Salinas de Gortari llegan al PRI, Adolfo Lugo Verduzco, Luis Donaldo Colosio y Genaro Borrego Estrada, entre otros que se recuerde sin ser exhaustivo.
Con Zedillo Ponce de León, figuran al frente del PRI, entre otros, Humberto Roque Villanueva, Dulce Ma. Sauri Riancho, José Antonio González Fernández, para luego al final figurar Roberto Madrazo Pintado, cuando ya Zedillo se había decidido por Vicente Fox, como su sucesor en Los Pinos.
La historia no se ha acabado y acaso todavía no empiece al punto de cumplimentarse uno de los últimos enroques que todo indica, llevará a Insurgentes y Héroes Ferrocarrileros, al nuevo edecán de la sucesión presidencial que se avecina para 2018 y que lleva por nombre Enrique Ochoa Reza, ¿habrá llegado el tiempo de rezar secularmente dentro de la política monetaria que tenemos encima y no los maestros, ni la reforma educativa, sino los recortes presupuestarios y la inflación de precios y devaluatoria del peso?
 

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