Karla Verastegui

Tertulia Actualizada 19/10/2016 a las 11:00    
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JOSE SANCHEZ DEL RIO

La historia del nuevo Santo mexicano José Sánchez del Rio, la conocía a través del padre Gustavo Lincon, de libros y de la película Cristiada. Una historia de dolor, amor, persecución y fe… una historia impactante que lo llevo a ser hoy un Santo.

JOSE SANCHEZ DEL RIO
José Sánchez del Rio, nació el 28 de marzo de 1913 en Sahuayo, Michoacán. Fue hijo de Don Macario Sánchez y de Doña María del Rio. Ese mismo año, el 3 de abril recibió el sacramento del bautismo en la Parroquia de Santiago Apóstol de manos del sacerdote Luis Amezcua, quien fuera el vicario parroquial; lo apadrinaron Don José E. Ramírez y Angelina Ramírez. La confirmación la recibió de manos del Sr. Obispo de Tehuantepec, Mons. Ignacio Plasencia, el 12 de octubre de 1917 y realizo su primera comunión en 1922. En 1926 inicio la guerra cristera, la que se desato cuando el presidente Plutarco Elías Calles promulgó varias restricciones a la Iglesia y a todos los que se atrevían a desobedecer y profesar su fe proclamando que Cristo era Rey su patria, por encima de la opresión sufrida por el presidente Plutarco Elías Calles, eran enviados a la cárcel y ejecutados. Pero a pesar de ello, los hermanos de José, que crecieron en una familia de fe y defensores de ella, deciden unirse a las fuerzas del General Prudencio Mendoza, pero al pequeño “Joselito” como lo llamaban de cariño, se le negó unirse por su corta edad. Durante ese tiempo José continúo asistiendo a sus clases de catecismo, recibiendo los sacramentos y rezando el rosario acompañado de sus padres, aun a sabiendas que el culto público estaba prohibido y poniendo en peligro su vida. Pero su idea de unirse a las fuerzas del General Prudencio Mendoza continuaban, así que logro convencer a su madre diciéndole: “Nunca ha sido tan fácil ganarse el cielo como ahora". Por lo que en el año de 1927 fue admitido primero para ayudar en algunas labores como de limpieza, en la cocina y con los caballos, ganándose el cariño y el respeto de la topa y el general fue ascendido a ser el abanderado y estar a cargo del clarín del General Guízar Morfín. Pero el 6 de Febrero de 1928, encantándose su tropa muy cerca de Cotija, Michoacán, se suscitó una batalla muy fuerte para su tropa ya que se encontraban en desventaja ante los federales que eran diez veces más soldados que los defensores de la fe. Durante el tiroteo el caballo del General Guízar Morfín salió herido y Joselito le cedió el suyo diciéndole: “mi gene¬ral, tome usted mi caballo y sálvese; usted es más necesario y hace más falta a la causa que yo”. Fue así que su General pudo escapar y el joven José de tan solo 14 años, fue capturado junto con su amigo Lázaro. Fue llevado prisionero al mismo lugar donde recibió el agua bautismal, a la Parroquia de Santiago Apóstol, la cual estaba convertida en un gallinero donde eran entrenados los gallos de pelea que pertenecían al Gobernador. Al observar esto Joselito reacciono con furia matando a algunos gallos y sin miedo a las amenazas de muerte que venía escuchando reacciono ante el carcelero diciéndole: “La casa de Dios es para rezar, no para usarla como un establo de animales. Estoy dispuesto a todo. Puede fusilarme. Así me encontraré enseguida en la presencia de Dios y podré pedirle que le confunda”. Fue su propio padrino de primera comunión y amigo de la familia; el General Rafael Picazo quien da la orden de su aprensión y a quien se le considera el autor intelectual de su asesinato. Se dice que en un principio le ofreció a Joselito estudios académicos en una escuela militar e incluso mandarlo a los estados Unidos, con la condición de que Joselito renegara de su Fe, pero el joven cristero se negó. Entonces Picazo pidió a la familia la cantidad de 5 mil pesos de oro para ser liberado; a lo que el padre de José reunió el dinero, pero a solicitud de su hijo no efectuó el pago, argumentando que él ya había ofrecido su
Vida a Dios y diciendo “Mi fe no está en venta”. Entre negociaciones y negaciones llego el día 10 de febrero de 1928, su tía Magdalena a las 20:00 horas le llevo la comunión. Sin embargo entrada la noche, a las 23:00 horas y encontrándose todavía preso en el Mesón, el destino del joven valiente estaba marcado y comenzó a sufrir una bestial tortura por parte de los soldados que con cuchillos le desollaron las plantas de los pies. Posteriormente lo hicieron caminar por las calles, con los pies sangrados y golpeado del cuerpo. Los soldados querían que en el camino renegara de su Fe, sin embargo Joselito solo abría la boca para gritar “¡Viva Cristo Rey y Santa María de Guadalupe!” hasta llegar al panteón donde le dijeron que se encontraba su tumba. Durante el martirio unos aseguran que se encontraban sus padres presentes y que lo alentaban a seguir adelante, otros dicen que no estaban presentes. Al llegar al cementerio, a las 23:30 horas. El jefe de los soldados dio orden de acuchillarlo para que no se escucharan los dispararon, y entre cada puñalada, Joselito continuaba gritando ¡Viva Cristo Rey y Santa María de Guadalupe! Al ver que no desistía un soldado se acercó y le preguntó qué mensaje daba a sus padres. El niño respondió: “Que Viva Cristo Rey y en el cielo nos veremos” desatando la furia del soldado dándole dos tiros en la sien y acabando con el martirio.
Sus restos mortales descansan en La Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús en su pueblo natal.


 

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