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Ingeniería Humana

El cerebro del creyente

Análisis realizados a personas cercanas a la espiritualidad revelan que cuando se reza o medita, se incrementa la actividad neuronal en la parte frontal del mayor órgano del sistema nervioso central

Eugenio García Romero Actualizada 05/10/2014 a las 08:34    
.  AGENCIAS

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La espiritualidad es un tema tan ancestral como la misma Humanidad. Revisando la historia podemos observar que independientemente del punto geográfico y la época, el ser humano ha dirigido su mirada hacia el cielo, buscando su procedencia, a su creador.
La ciencia, el cerebro y el espíritu
Los neurobiólogos Andrew Newberg y Eugene d’Aquili han conducido investigaciones en el campo especializado de la “Neuroteología” que sugieren que “la religión está entrelazada con la biología humana”. Sus extensas observaciones de Monjas franciscanas rezando y Monjes budistas meditando han revelado que ciertas experiencias religiosas, como rezar y meditar, están conectadas a una actividad elevada y cambios en la estructura del cerebro y el sistema nervioso. De acuerdo a Newberg “el cerebro humano está genéticamente cableado para promover creencias religiosas”. Experiencias espirituales, como la transcendencia y el espacio interno, a través de la meditación y el rezo son incrementadas por las actividades e interacciones de las diferentes áreas del cerebro y redes neurales.
El complejo cerebral
Brick Johnston, neurólogo de la Universidad de Missouri en Estados Unidos, intentando entender cómo funciona el cerebro humano y si se puede detectar la “espiritualidad” según la actividad cerebral de algunas regiones específicas, llevó a cabo una investigación basándose en un estudio previo en el que se había vinculado la trascendencia espiritual con una reducción del funcionamiento del lóbulo parietal derecho del cerebro.
Espiritual cerebral integral
Partiendo de este estudio, el científico evaluó las características espirituales de 20 personas que padecían lesiones cerebrales traumáticas en el lóbulo parietal derecho, que es una región del cerebro situada a unos pocos centímetros por encima del oído derecho. Encontrando una relación entre la actividad reducida en estas áreas del cerebro y una participación aumentada en prácticas religiosas. Es decir, que el científico determinó diversos aspectos del fenómeno espiritual vinculados a una actividad reducida del lóbulo frontal. De tal suerte que Johnston pensaba que había encontrado el centro cerebral de la espiritualidad, pero, teniendo en cuenta los resultados de otros estudios, el científico añade que dicha base “no estaría aislada en una sola área específica del cerebro”.
Que siempre no
En base a las investigaciones y sus resultados, Johnston cree que la espiritualidad sería, por tanto, un fenómeno “dinámico, que emplea muchas partes cerebrales. Ciertas áreas del cerebro juegan papeles más importantes, pero todas trabajan juntas para propiciar las experiencias espirituales individuales”. Por tanto, según el científico, el “punto de Dios” no existiría, sino que la espiritualidad sería un fenómeno complejo, que implica a múltiples áreas del cerebro, relacionadas además con muchos aspectos de las experiencias espirituales.
¿Neuronas divinas?
En 2006 se publicó un trabajo en el que investigadores canadienses analizaron el cerebro de 15 Monjas carmelitas durante una vivencia de “unión con Dios” dentro de un equipo de resonancia magnética funcional. Los episodios “místicos” estaban intercalados por episodios “control”, minutos de reposo con los ojos cerrados, o momentos en los que tenían que evocar el sentimiento de compenetración con una persona muy querida. Las Monjas describieron sus experiencias de “unión con Dios” como atemporales, de plenitud y gozo incomparables, y una sensación de descontextualización con lo que les rodeaba. Durante estos episodios “místicos” se activaron en sus cerebros las áreas del cerebro conocidas como cortezas orbitofrontal, parietal y cingulada anterior, y los núcleos caudados del estriado.
Neurociencia espiritual
Victoria Puig, quien es neurocientífica e investigadora del Picower Institute, cita que en los últimos años ha habido un considerable aumento en el número de investigadores que estudian cómo el cerebro vive la religiosidad y la espiritualidad. Probablemente esto se debe a las mejoras en las técnicas de imagen del cerebro. Algunos de estos investigadores proclaman que forman parte del campo de la “Neurociencia Espiritual”, que pretende comprender la religiosidad, la espiritualidad y el misticismo desde un punto de vista neurobiológico. Los neurocientíficos ‘espirituales’ asumen que este tipo de experiencias están mediadas por el cerebro, pero dejan muy claro que no pretenden en ningún momento menospreciar el valor y el significado de las experiencias o las creencias religiosas. Es más, algunos de ellos no creen que el desvelar el sustrato neural de la espiritualidad desmienta o confirme la existencia de Dios.
Neuroteología
Cada creyente vive su experiencia religiosa a su manera, y ese misterio personalísimo de relación con la divinidad permanece, las más de las veces, incomunicable para terceros, sobre todo si no comparten su fe.
Como tantas actividades humanas, esa emoción acontece en el cerebro, y cada vez más, aunque tímidamente, los científicos investigan qué ocurre ahí dentro en momentos de honda espiritualidad. Nace así una nueva disciplina, que los estadounidenses han bautizado como Neuroteología, un vocablo que despierta escasas simpatías en Europa.
Dioses, creencias y neuronas
Procedente de las voces griegas theos (Dios) y logos (estudio), la teología es la disciplina consagrada al estudio de Dios y de sus atributos y perfecciones el biólogo español Ramón Nogués, quien es un defensor de este tipo de investigaciones y autor del libro “Dioses, creencias y neuronas”, no ve atinada la denominación de Neuroteología, ya que equivaldría a investigar si el cerebro capta a Dios, cuando Dios no es captable, alerta Nogués. En cambio, la ciencia neurológica sí es competente para el estudio de la religión, que es una actividad humana, pues su objetivo es ver qué ocurre en el cerebro en las actividades humanas”.
Cerebro y oración
El doctor Andrew Newberg, de la Universidad de Pennsylvania, en su libro “Principles of neurotheology”, comenta que existe una intricada red de estructuras cerebrales que participan cuando las personas rezan, como lo es el lóbulo temporal que nos ayuda a focalizar la mente en la oración; el sistema límbico o cerebro emocional, que permite experimentar emociones poderosas; y los lóbulos parietales, involucrados en nuestro sentido de nosotros, y en su orientación en el espacio y el tiempo. Al respecto, Newberg aclara que: “Dependiendo de la experiencia concreta, esas áreas pueden encenderse o apagarse. Así, los lóbulos parietales pueden apagarse cuando una persona experimenta una pérdida del sentido de sí misma, o experimenta un sentido de unicidad con Dios”.
El mapa espiritual del cerebro
El Institute of Noetic Science ha llevado a cabo un mapa en el que se reflejan las partes del cerebro que hasta ahora han sido vinculadas a la espiritualidad. Para ello, diferentes organismos y universidades están empleando las tecnologías más avanzadas para analizar el cerebro de gente que afirma haberse acercado a la espiritualidad, encontrando que cuando se reza o medita, se incrementa la actividad neuronal en la parte frontal del cerebro. Lo que confirmó Andrew Newberg, registrando que cuando se desarrolla la concentración propia de la meditación o de la oración, la actividad neuronal se intensifica en la parte frontal del cerebro, al tiempo que decrece la actividad en la región de los lóbulos parietales. Esta reducción de actividad neuronal es lo que origina percepciones espaciales anormales, así como la pérdida del sentido habitual de uno mismo que se tiene en estado de vigilia. Ambas condiciones del cerebro propiciarían la llamada “experiencia mística”, que es la que permite a un sujeto trascender su identidad individual e identificarse con la totalidad que se supone sustenta al universo físico conocido, explican los
investigadores.
Relación cerebro-religión
Otro aspecto de la espiritualidad humana, cuya relación con el cerebro se está investigando actualmente, es el del efecto de los pensamientos espirituales y de las oraciones sobre la capacidad del ser humano para recuperarse de las enfermedades. Newberg se pregunta en su artículo cómo avanzará la Neurotecnología en los próximos 5, 10 o 50 años. El científico reconoce que esta disciplina se encuentra aún en los primeros estados de desarrollo, y que una verdadera combinación de neurociencia y fenómeno religioso y espiritual sólo ha sido posible gracias a las innovadoras técnicas de registro de imágenes cerebrales, surgidas en los últimos tiempos.
Relación entre conciencia y materia
Por otra parte, Newberg cree que en los próximos años la Neuroteología permitirá comprender mejor cuándo las creencias religiosas y espirituales se vuelven negativas, propiciando el odio y la violencia, o comportamientos tan radicales como el terrorismo. En un futuro lejano, afirma el neurocientífico, la Neuroteología nos ofrecerá algunas posibilidades fascinantes, dado que prácticas como la meditación pueden propiciar estados alterados de conciencia, por lo que la Neuroteología podría ayudar a comprender la naturaleza de la conciencia y su relación con el mundo material.
Quizá nos ayude a entender mejor cómo la conciencia nos afecta a nosotros mismos y al mundo que nos rodea. También podría ayudarnos a materializar completamente nuestro potencial religioso o espiritual, con el fin de aumentar la capacidad compasiva del ser humano.

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