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MONSEÑOR MANUEL RIVERA MUÑOZ

Se cumple un siglo sin el único Obispo queretano

Actualizada 02/11/2014 a las 09:56    
Se sabe que el Prelado descansa en la cripta de la Catedral de Querétaro por la crónica oral, ya que no hay placa que lo identifique.  LILIA ROSALES

Se sabe que el Prelado descansa en la cripta de la Catedral de Querétaro por la crónica oral, ya que no hay placa que lo identifique. LILIA ROSALES

Monseñor Manuel Rivera Muñoz, que ha sido hasta ahora el primer y único Obispo nativo de esta ciudad, descansa todavía incorrupto en la cripta del Templo de la Catedral, 100 años después de su muerte. Está cerca de los restos de mártires del siglo II o III de nuestra era, y unos metros más acá de donde reposan desde hace poco más de dos siglos, nueve osamentas de Padres Oratorios.
El Prelado fue el cuarto Obispo de esta Diócesis, del 11 de mayo de 1908 al 2 de mayo de 1914, falleciendo este mismo año. Y al final de la década de 1960 y principios de 1970, cuando el entonces rector de la Catedral, Canónigo Jorge Ruiz Martínez, mandó reconstruir y modernizar la cripta, la albañilería lo encontró enterrado bajo el piso, entrando a la izquierda.
El actual rector de Catedral, Canónigo J. Guadalupe Martínez Osornio, cuenta los hechos: los albañiles estaban levantando el piso cuando encontraron el sepulcro; el Padre Jorge Ruiz les ordenó quitar la lápida y sacar el ataúd de madera; y cuando abrieron el féretro, Monseñor Rivera Muñoz estaba incorrupto, como si lo hubieran enterrado la víspera.
Por entonces, la costumbre era poner dentro del ataúd una cama de carbón vegetal “para proteger los cuerpos de la humedad y de cualquier bicho”, dice el rector. Así que cuando se sorprendieron de que el cuerpo estuviera igual que medio siglo antes, volvieron a cerrar la caja mortuoria, la hicieron bajar al sepulcro y echaron el piso encima. Por una razón desconocida, no colocaron ninguna placa. De modo que se sabe que él está todavía ahí, porque la crónica oral lo asegura.
Las criptas de nueve Padres Oratorios, los que en 1800 custodiaban el Templo de San Felipe Neri, construido en 1790, bendecido como tal en 1805 por el Cura Miguel Hidalgo y Costilla Gallaga, amigo de los padres filipenses, y erigido en la Iglesia Catedral en 1931.
Sin embargo, ya no está con ellos el Padre Nicolás Campa y Rodríguez, quien falleció en 1836, porque sus feligreses de San José Iturbide, Guanajuato, pidieron tenerlo con ellos para siempre, en agradecimiento a que él inició la construcción del actual templo parroquial en esa demarcación.
Así, Monseñor Manuel Rivera Muñoz descansa todavía cerca de otros queretanos tan recordados por los nacidos en esta ciudad, como Pedro el “Mago” Septién Orozco, quien falleció en diciembre del año anterior.

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