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DIÓCESIS

Reflexionen esta Cuaresma: Obispo

Exhorta Monseñor Faustino Armendáriz Jiménez a la feligresía
a enfrentar en nuestro interior las cosas que nos alejan de Dios

Actualizada 22/02/2015 a las 09:25    
Monseñor Armendáriz Jiménez recordó en su Homilía el pasaje bíblico donde Jesús va al desierto por 40 días y 40 noches y confronta las tentaciones.  CÉSAR COLUNGA

Monseñor Armendáriz Jiménez recordó en su Homilía el pasaje bíblico donde Jesús va al desierto por 40 días y 40 noches y confronta las tentaciones. CÉSAR COLUNGA

En su Homilía del primer domingo de Cuaresma, Monseñor Faustino Armendáriz Jiménez llamó a la feligresía a imitar el pasaje evangélico de cuando Jesús entró al desierto y estuvo ahí durante 40 días y 40 noches para reflexionar.
Ir al desierto en nuestros días, dijo el Prelado, es aceptar a enfrentarnos con nuestro interior para que surjan las cosas que están aletargadas y entonces nos demos cuenta de qué es lo que no nos deja ser hijos de Dios.
Al celebrar la Santa Misa en el templo de Catedral, el Obispo invitó a cada uno de los cristianos “a que asuma su realidad entrando al desierto, libre de seguridades humanas y nos abandonemos en las manos de Nuestro Señor Jesús”.
De este modo, el pastor de la grey católica se refirió al evangelio de San Marcos, según el cual, arrestado Juan el Bautista, Jesús fue a Galilea a predicar que el reino de Dios ya estaba cerca, y a invitar a la gente a convertirse; estando ahí se internó en el desierto en el que durante 40 días con sus noches convivió con animales y reflexionó.
En el desierto, según el evangelista, Jesús fue tentado por el demonio. Así que en nuestros días, dijo el Obispo de la Diócesis de Querétaro, ir al desierto es aceptar cara a cara la realidad “de uno mismo, sin seguridades para defendernos”, y es encontrar las fieras interiores que tenemos domesticadas, amansadas o casi en libertad.
Afirmó que necesitamos el desierto para que surjan las cosas que están aletargadas pero no domesticadas; “necesitamos hacer un ejercicio de renuncia para frenar todo aquello que nos enciende y nos cambia el rostro, desviándonos del camino de la verdad”.
Aseguró que este evangelio nos invita a dar un paso: “Descubrir lo que no nos dejar ser hijos de Dios, ya que hay ocasiones en que las tentaciones son tan sutiles que no las vemos, e inventamos excusas que parecen razones perfectas. Esto impide que veamos claro en que tenemos que cambiar”.
El Obispo de la Diócesis de Querétaro dijo que debemos admitir la invitación a asumir nuestra realidad individual entrando al desierto, “libre de seguridades humanas para abandonarnos en las manos de Nuestro Señor Jesús”.

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