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CIENCIA FORENSE

Responsabilidad penal del psicópata

Para que a un individuo pueda aplicársele una pena, su accionar deber ser el resultado de una decisión psicológicamente
libre, en estado “normal” de salud mental

EUGENIO GARCÍA ROMERO Actualizada 22/02/2015 a las 09:21    
.  ESPECIAL

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La Organización Mundial de la Salud (OMS) ofreció una estadística importante en 2001. En un informe manifiesta que el 2 por ciento de la población mundial es psicópata. Considerando que la población global es de más de 6 mil millones de personas, en el mundo habrá más de 120 millones de personas que son psicópatas o sufren trastornos disociales de personalidad. Aunque no todos cometen actos delictivos.

La cuestión jurídica y la psicopatía

Para el conocimiento del estudio de las psicopatías y de su problemática jurídica es conveniente analizarla desde tres enfoques: 1) su evolución histórica; 2) la psicopatía como trastorno disocial de la personalidad, y 3) la culpabilidad y la inimputabilidad o no del delincuente psicópata. El análisis de estas tres perspectivas será, en adelante, una somera visión desde el punto de vista jurídico de esta patología. Dado que la psicopatía es un trastorno mental que afecta únicamente a la personalidad y a la voluntad y que no perturba a la inteligencia, gran cantidad de psicópatas poseen índices de coeficiente intelectual superiores a los normales, a diferencia de los estados de enajenación mental que afectan a ambas.
Evolución histórica de las psicopatías
De acuerdo con las Conclusiones del IV Encuentro Internacional sobre Biología y Sociología de la Violencia: Psicópatas y Asesinos en Serie, realizado en el Centro Reina Sofía, Valencia, por medio de esta evolución histórica se pueden detectar cuatro cuestiones fundamentales para valorar si el tratamiento punitivo que reciben estos individuos con esta patología es el adecuado. Una primera cuestión que se detecta es que no ha existido un criterio uniforme por parte de los investigadores a lo largo de la historia para establecer qué son las psicopatías; desde las primeras sociedades se conoce a las personalidades psicopáticas bajo otras denominaciones. Así tenemos que, en el año 200 AC, Teofrasto, discípulo de Aristóteles, habla del “hombre sin escrúpulos”, que se asimilaría al actual psicópata. En este caso, este sujeto llamaba la atención pues realizada actos extraños y de extrema violencia, que eran propios de los enfermos mentales; sin embargo no lo era pues los realizaba con pleno conocimiento y con su inteligencia en pleno funcionamiento. Se lo consideraba “enajenado mental” con una etiología basada en causas “sobrenaturales” o “demoníacas”.

Clasificación de la OMS

La Décima Clasificación Internacional de Enfermedades de la Organización Mundial de la Salud (CIE-10, 1992) define al trastorno disocial de la personalidad según los siguientes criterios: 1) cruel despreocupación por los sentimientos de los demás y falta de capacidad de empatía; 2) actitud marcada y persistente de irresponsabilidad y despreocupación por las normas, reglas y obligaciones sociales; 3) incapacidad para mantener relaciones personales duraderas; 4) muy baja tolerancia a la frustración o bajo umbral para descargas de agresividad, dando lugar, incluso, a un comportamiento violento; 5) incapacidad para sentir culpa y para aprender de la experiencia, en particular del castigo (el destacado me pertenece); 6) marcada predisposición a culpar a los demás o a ofrecer racionalizaciones verosímiles del comportamiento conflictivo, y 7) irritabilidad persistente.
La Asociación Psiquiátrica Americana
El Cuarto Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales de la Asociación Psiquiátrica Americana (DSM-IV) utiliza los siguientes criterios para el trastorno antisocial de la personalidad: 1.- Un patrón general de desprecio y violación de los derechos de los demás que se presenta desde la edad de 15 años, como lo indican 3 o más de los siguientes ítems: a) fracaso para adaptarse a las normas sociales en lo que respecta al comportamiento legal, como lo indica el perpetrar repetidamente actos que son motivo de detención; b) deshonestidad: mentiras reiteradas, utilizar un alias, estafar a otros para obtener un beneficio personal o por placer; c) impulsividad o incapacidad para planificar el futuro; d) irritabilidad y agresividad (peleas físicas repetidas o agresiones); e) despreocupación imprudente por su seguridad o la de los demás; f) irresponsabilidad persistente, indicada por la incapacidad de mantener un trabajo con constancia o de hacerse cargo de obligaciones económicas; y g) falta de remordimiento, como lo indica la indiferencia o la justificación del haber dañado, maltratado o robado a otros. 2.- El sujeto tiene al menos 18 años. 3.-Existen pruebas de un trastorno de conducta que comienza antes de los 15 años. 4.-El comportamiento antisocial no aparece exclusivamente en el transcurso de una esquizofrenia o un episodio maníaco.
Perspectiva de la psicopatía como trastorno antisocial de la personalidad
En la actualidad, la psicopatía es denominada como Trastorno Antisocial de la Personalidad, el cual tiene, a su vez, diversas variantes y clasificaciones. Así, tradicionalmente, hay psicópatas primarios, secundarios y subculturales o disociales. Theodore Millo, en su libro “Trastornos de la Personalidad. Más allá del DSM IV”, recoge como subtipos del Trastorno Antisocial de la Personalidad o psicopatías al individuo antisocial: a) normal; b) codicioso; c) que defiende su reputación; d) arriesgado; e) nómada, y f) malevolente. Sin embargo, no se realizará un análisis de las clasificaciones ni de los caracteres de los trastornos de personalidad o psicopatías.
Condicionamiento biológico
Algunos investigadores, desde la Biología, la Psicología, la Psiquiatría y la Sociología, ofrecen explicaciones para demostrar que la psicopatía, como patología en sí, es la “responsable” de los hechos delictivos que cometen las personas que la padecen; no obstante, estas explicaciones no son concluyentes. Al respecto, Adrian Raine, en su trabajo, “Psicopatía, violencia y neuroimagen”, señala que en sus investigaciones realizadas con psicópatas ha encontrado anomalías a nivel cerebral, que considera que son las responsables de los hechos delictivos que cometen estos individuos. Apunta que estas anomalías ponen de manifiesto que existe un condicionamiento biológico en el comportamiento delictivo de los psicópatas. A la misma conclusión han arribado investigadores como E. Gorenstein en su artículo titulado, “Frontal Lobe in Psychopaths”, publicado en el Journal of Abnormal Psychology, admite que “aún falta mucho para saber cómo tratar la psicopatía”.

Psicopatía y hecho delictivo

Robert Hare, en su artículo “Performance of Psychopaths on Cognitive Tasks Related to Frontal Lobe Function”, publicado en el Journal of Abnormal, señala que en sus estudios no ha encontrado relación alguna entre la disfunción o anomalía cerebral y el comportamiento delictivo de los psicópatas. Al igual que lo que ocurre con las bases biológicas, sucede con los restantes fundamentos, pues habrá un sector de la investigación que afirma que, efectivamente, existe una relación entre la psicopatía y el hecho delictivo, y otro que lo niega, lo cual lleva a la conclusión de que, en este punto, no hay nada definitivo ni incontrovertible. Sin embargo, este debate es muy importante, pues si se demuestra que la patología psicopática provoca que el sujeto cometa delitos, a este no se lo podría señalar como penalmente responsable, pues esto sería, a todas luces, incompatible con la apreciación de la teoría de la imputabilidad del Derecho Penal.

Perspectiva de la responsabilidad y la inimputabilidad

Luis Jiménez de Asúa, en su libro “Tratado de Derecho Penal”, señala que: El tratamiento de la responsabilidad penal o culpabilidad del delincuente psicópata ha sido -y aún lo es- diferente, pasando por diferentes etapas y momentos históricos. La primera se podría establecer desde las primeras sociedades hasta el siglo XIX. En este período, en el que estuvieron vigentes las teorías de la responsabilidad por el resultado; la psicológica de la culpabilidad, y la del libre albedrío; la psicopatía o trastorno antisocial de la personalidad fue irrelevante para determinar la responsabilidad penal de un sujeto, pues para esta teoría se es responsable por el hecho cometido, simplemente por producirse el resultado.
La imputabilidad en la teoría del delito
Es indubitable que no todas las personas poseen la misma posibilidad de percibir o comprender el carácter de la acción que realizan, ni de dirigirla conforme a dicha comprensión. El Derecho Penal presupone la libertad de quien delinque, lo cual permite afirmar que para que a un individuo pueda aplicársele una pena, su accionar debió ser el resultado de una decisión psicológicamente libre, o sea realizada con un estado “normal” de salud mental.
Las distintas fórmulas de inimputabilidad: Los Códigos Penales dedican uno o más artículos al complejo tema de la inimputabilidad; comúnmente, lo hacen a través de “fórmulas”, cuyo alcance e interpretación determinará que ciertas personas, con alguna alteración psíquica y que cometan un ilícito penal, puedan ser consideradas no susceptibles de reproche jurídico. Dichas “fórmulas” no han permanecido inmutables durante el curso de la historia; es más, varían sustancialmente en una misma época de una latitud a otra. Observando los diferentes modelos vigentes en la actualidad, se puede distinguir tres tipos básicos de fórmulas legales de inimputabilidad: a) las biológicas o psiquiátricas puras, las cuales disponen que los alienados o afectados con alguna enfermedad mental -cualquiera que esta fuese- son inimputables, conforme un criterio puramente biológico-médico y sin considerar las consecuencias psicológicas de dichas patologías sobre el hecho imputado; b) las psicológicas puras, que disponen la exclusión de la imputabilidad sobre la base de la perturbación psíquica producida por el trastorno mental, y c) las fórmulas mixtas, que prevén las causas psicopatológicas y las consecuencias psicológicas que aquellas debieron provocar, las cuales serán valoradas por el juez en cada caso particular en el momento de la sentencia.

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